No más bandera azul


De verdad que qué manía les ha entrado a los ayuntamientos con las banderas azules, cuando todo el mundo sabe que son unas distinciones inventadas por una organización cuyo trabajo por el medio ambiente es escaso y su acción estrella consiste en colocar una pegatina que certifica que tu arenal es excelente porque ellos lo dicen y porque vende. ¿Pero qué vende? Porque si lo analizamos, las playas más fuleras, las más masificadas y las más ruidosas son esas en las que ondea ese ridículo emblema de trapo. Y si no, no hay más que revisar qué ha pasado con tres playas del área de O Morrazo que tras recibir sus respectivas banderitas azules, las han perdido. ¿Y por qué? ¿Porque de repente son un horror, así, de un mes para otro? Pues no. La razón es puramente escatológica y definitivamente ridícula. Se han quedado sin ellas porque el Ayuntamiento de Cangas no aportó dinero para instalar váteres portátiles. Resulta que los susodichos artefactos cuestan nada menos que 7.500 euros cada uno y la concejala del ramo ha dicho que no, que prefieren invertir el dinero en otras cosas. Así, Arneles, Areacova y Francón se libran de chiripa de un premio que es un regalo envenenado. Porque cuando una playa es buena, por favor, no la toquen. La bandera azul supone llenar su espacio de un montón de cachivaches. Que si baño, que si ducha, que si biblioteca móvil, que si megáfonos atronadores y una ristra de señales de prohibición. Dejen a la gente en paz y en silencio ante el mar, que la naturaleza ya da a los bañistas lo que necesitan. El resto son accesorios banales. Los libros se los traen de casa, las cacas o las hacen antes o se esperan a después. La ducha, la de uno mismo y los pises, pues lo de toda la vida. O al baño del bar más próximo, o al disimulo del chapuzón, que no somos tontos. Eso sí, luego pongamos el grito en el cielo acusando a los perros de enguarrarlo todo. Si pudieran hablar...

begona.sotelino@lavoz.es

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Los váteres portátiles de playa cuestan 7.500 euros cada uno

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