El hotel más dulce de Baiona habla inglés

La pareja Annabelle Penedo y Robert Webster, de origen británico, regenta el alojamiento con pastelería creativa más premiado de la zona


vigo / la voz

No es fácil estar en la lista de los premios Travellers’ Choice, ya que se determinan en base a los millones de comentarios y opiniones recopilados cada año de los viajeros de TripAdvisor en todo el mundo. Pero se consigue. En Baiona hay uno que lo ha logrado por tercera vez. El Hotel Arce se situó entre los 25 mejores de España en la categoría de establecimientos económicos en el 2012, en el 2014 y vuelve a aparecer, en el puesto 17, en la lista publicada en enero del 2018.

Es un logro importante, pero no el único porque las personas detrás del pequeño Hotel Arce tienen una gran historia. Anabelle Penedo es una de las protagonistas junto a su marido, Robert Webster. Ambos nacieron en Inglaterra, en Oxford y en Cheltenham (Gloucestershire), a dos horas al oeste de Londres. Pero ella es hija de gallegos emigrados a mediados de los 60. Su madre, Aida Villa, es de Baiona y su padre, Manuel Penedo, de Tomiño.

«Tras varios intentos a lo largo de mi niñez de intentar regresar, al final pudieron hacerlo en 1993. Cuando ellos lo hicieron siempre tuve muy claro que les seguiría en algún momento para estar cerca, y eso implicaría cambiar de país», cuenta. Annabelle tenía 23 años y su vida encarrilada. Había acabado su carrera, tenía un buen trabajo y estaba con Robert. «La idea era venir ya con las niñas ya mayores (tienen una hija de 23 años estudiando psicología en la Universidad de Gloucestershire y otra en secundaria, con ellos). Pero cuando nació la menor, prematura con 25 semanas y muchos problemas, pensaron en adelantar esa cercanía familiar que todos necesitaban. Cuando hicieron la maleta definitiva, Carla tenía 9 años y Emily algo más de un año. Era abril del 2004.

Ninguno de los dos trabajaba en hostelería. Él era jefe de mecánicos y ella, empleada en un banco, aunque estaba muy familiarizada con el sector ya que sus padres, como muchos emigrantes, se dedicaron a ello en su éxodo. Primero abrieron un restaurante y luego le añadieron un hotel. Así que se curtió detrás de la barra, haciendo paellas, sirviendo mesas o lo que hiciera falta. Tras barajar Sanxenxo y O Grove, sobre un terreno de propiedad familiar construyeron finalmente el Hotel Arce desde los cimientos, con un proyecto pensando para poner en pie un lugar acogedor con cafetería, pastelería y peluquería. «Queríamos un espacio que no desentonara y no fuera ni muy antiguo ni muy moderno», explica ella. En el 2005 estaba hecho. Él quería llamarle Las Cuatro Estaciones, pero no era capaz de pronunciarlo con soltura en castellano y jugando con las iniciales de todos salió Arce: Annabelle, Robert, Carla y Emily. Plantaron cuatro árboles de esta especie en el solar y se quedaron con el nombre sin importarles su parecido en inglés con la palabra culo (arse), que les hace tanta gracia a ellos como a los clientes angloparlantes.

El trato con el huésped, aseguran, es el fuerte de ambos. Y no hace falta que lo juren porque se desvive11n, como cuando dos parejas que se iban a quedar 9 días durmieron mal la primera noche porque encontraban la cama dura y no dudaron en comprarles sobrecolchones. Su éxito es grande pero como el hotel es pequeño (11 habitaciones y capacidad total para 17 personas), han fidelizado a una clientela que vuelve cada año y no hay oportunidad de captar nueva en verano.

«La limpieza y comodidad es lo mínimo. Pero el servicio, para nosotros, es mucho más que eso», explican. Además, Annabelle es una gran repostera que no se conforma con hacer postres y dulces para casa en su bakery. Cuando en España descubríamos los cupcakes, ella estaba de vuelta en el mundo de los pastelillos esponjosos. Aprendió las bases en el colegio y hace 5 años inició una formación profesional con expertas inglesas y americanas. En un pequeño espacio a la vista para la elaboración casera de repostería creativa hace, para tomar allí o por encargo para llevar, cupcakes, bizcochos, shortbread, scones, tartas y cookies. Y tienen a la venta los ingredientes y utensilios que emplea.

Sus padres cumplieron el sueño de volver pero siguen trabajando. «Aguantaron seis meses. Se aburrían», afirma. Desde el otro lado de la calle Julián Valverde, en Sabarís, les hacen la sana competencia en el Hotel Avenida.

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