Mi primera cosecha contra el abandono

El joven de Baiona Jorge Marcote Gil produce su vino en fincas que le ceden sus dueños a cambio de cuidarlas


vigo / la voz

El crowdfunding no sirve solo para poder hacer grabaciones de discos, documentales y películas o ediciones de libros. En el mundillo del micromecenazgo colaborativo hay proyectos tan diversos como el del baionés Jorge Marcote, que lo que pretende es sacar adelante desde O Rosal su primera cosecha de vino de autor. «Un amigo mío lo hizo el año pasado y me pareció una buena idea. Es un reto muy pequeño, pero necesario para una economía familiar donde no sobra. Y por otra parte, es una forma interesante de darse a conocer», opina.

El profesional, que forma parte del gremio, aunque como trabajador de una bodega, no como productor, indica que ha invertido todo su tiempo libre de un año a cuidar las viñas y otro año a la elaboración. «Al ser un proyecto tan pequeño y específico, mi intención es llegar directamente al consumidor final a un precio muy competitivo y ahorrarme los distribuidores», indica. «No me sirven los atajos que implican bajar la calidad para que salga más barato. El mismo proceder que yo reclamo para los de mi sector es lo que yo intento hacer», asegura. El abandono de los viñedos por parte de muchos paisanos que ya no ven rentabilidad en esta tarea es otra de las razones que animó a Marcote a agachar el lomo.

El joven, que lleva dos años como técnico de viñedos y ha ocupado puestos como encargado de bodega y ayudante de enólogo, cuenta que fueron dos los motivos que le animaron a lanzarse como productor. Uno, el afán profesional. «Si el día de mañana puedo vivir de esto sería fantástico. Llevo diez años en el sector. He trabajado en empresas de distinta envergadura y me apetecía presentar mi propuesta. Yo las respeto a todas y creo que hay hueco para la mía», argumenta. El otro tiene que ver con la pena que me da ver cómo se está perdiendo la cultura del vino». Recuerda que antes había bodegas que se nutrían de las cosechas de los pequeños viticultores que trabajaban a tiempo parcial. «Eso está desapareciendo. Les pagan por debajo del coste de producción y a las firmas les compensa más tener grandes plantaciones». Las tierras de O Rosal donde Jorge cultiva las vides para hacer su vino no son de su propiedad. Se las ceden sus dueños a cambio de cuidarlas.

Su vino, Gea, que lleva el nombre de la diosa de la tierra, es un blanco en el que resaltan sus dos variedades principales de uva (albariño y loureira). «Aunque la bodega esté en el centro de O Rosal no está inscrito en la D.O. Rías Baixas por un tema administrativo, estamos dentro de la subzona pero la producción es muy pequeña», explica.

Marcote pasó al mundo vinícola desde la hostelería. «Tenía un restaurante en Baiona que monté con 20 años y a los 24 lo dejé. Me fui a estudiar enología y viticultura en la escuela A Granxa, en Ponteareas. Soy granxeiro, que es como nos conocen en el mundo del vino a los que estudiamos en ese centro donde además de formarnos, nos conciencian sobre cómo hay que hacer las cosas. Luego hice las prácticas en la Ribeira Sacra y me enganché al campo», cuenta.

La campaña de mecenazgo que tiene en Verkami bajo el nombre de Gea. Vino de autor, va más allá del toma y daca con los internautas que apoyen su idea a cambio de las recompensas acordadas. Marcote ha valorado en 1.679 euros sus necesidades económicas. El proyecto para sacar al mercado cerca de mil botellas ya se ha iniciado en su fase de elaboración del vino. Las aportaciones irán enteramente dedicadas a la fase de embotellado, publicidad y distribución. Le quedan 17 días para lograr su objetivo.

Si todo sale bien, seguirá avanzando en sus objetivos y haciéndose cargo de más tierras. Cuando empezó tenía su cargo una finca de 2.000 metros y este año ya tiene siete mil, juntando otras. «Entre ellas, un terreno de 3.000 metros de una señora que oyó hablar de mí y lo que hacía. Ninguna viña es mía pero no pago por ellas. Les doy un porcentaje de lo que produzco en dinero. Se trata de que todos ganemos un poco», argumenta. El intercambio de favores es un método que le funciona en más fases del proceso. Por el uso de la bodega en la que hace su vino tampoco paga. «Me dejan usarla y a cambio yo les asesoro técnicamente». Para la etiqueta también ha contado con ayuda. «La diseñó una amiga, Annick Novoa, que trabaja para Disney», revela.

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