Érguete cumple 25 años de lucha contra la droga


Contra la droga

1 Muchos las recuerdan reprochándoles a gritos a los narcotraficantes, en su propia cara, que estaban destrozando las jóvenes generaciones de Galicia; o aporreando las puertas del Pazo Baión en 1994, símbolo de la ostentación del clan arousano Oubiña. Pero en la memoria colectiva sigue clavada también la imagen de un logro: la recuperación de ese mismo edificio por parte de la sociedad gallega. La asociación Érguete, que lidera Carmen Avendaño, cumplió ayer 25 años de lucha contra la droga. Y de lucha contra los narcotraficantes, con nombres y apellidos. 25 años de valentía y arrojo.

Con sede en la calle Martínez Garrido, los miembros de Érguete invitaron a los políticos para hacer repaso de su historia. «Yo estoy muy tranquila porque las bases están puestas. Pero hoy hemos visto que detrás de esta historia hay mucho sufrimiento. Los políticos no conocen esta realidad», comentaba Avendaño después del homenaje que se dio Érguete.

La asociación y la fundación tienen hoy medio centenar de trabajadores. Emplean, además, a catorce personas en una empresa de rehabilitación. Atienden a familias afectadas por las drogas y tienen una escuela de padres. Llevan 25 años. ¿Les quedan otros tantos? Por lo menos.

Un cura que se va

2 Al párroco de Baiona le ha tocado y la hora de retirarse. Sesenta y un años después de haber sido ordenado sacerdote, le ha llegado el momento de descansar. Don Moisés Vilas le ha pedido ya al obispo que le pase a la condición de jubilado.

A sus 86 años de edad, ya no está para seguir subiéndose al púlpito y llevar a los feligreses de Baiona el mensaje del Evangelio. Su plaza la tomará próximamente otro religioso, más joven, con nuevos bríos para agitar la vida espiritual. Cuarenta y seis años después de decir misa a diario en la antigua Colegiata de Baiona y en el convento de las Dominicas, tras bautizar, dar la primera comunión, casar y sepultar a varias generaciones de vecinos, por fin ha dicho basta.

Estos días predica sus últimas misas, hasta que el Obispado decida cómo va a llenar el hueco que deja el veterano sacerdote. «Son muchos años ya», reconocía Don Moisés, sin querer mediar más palabra. El párroco dejará huérfanos a tantos y tantos vecinos de la villa que lo han visto siempre como un padre. Los homenajes se sucederán en las próximas semanas, aunque él es siempre reacio a ese tipo de actos mundanos. Pero es lógico que el pueblo así se lo quiera agradecer, ya que en Baiona ha dejado una huella imborrable. Así se lo reconoció la corporación el año pasado al nombrarle hijo predilecto del municipio. El alcalde, Jesús Vázquez Almuíña le entregó en aquella ocasión el diploma que acredita tal distinción y un álbum de fotografías con alguno de los momentos más importantes de su vida sacerdotal. El último capítulo está a punto de cerrarlo después de toda una vida dedicada a ayudar al que más lo necesita.

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