La lamprea pierde su agosto de primavera

La prórroga del confinamiento dinamita cualquier intento de reabrir comedores, encender fogones y reactivar su pesca; las fiestas gastronómicas de Arbo y As Neves se supendieron


VIGO / LA VOZ

Dice el refranero que, la lamprea, «en marzo el amo, y en abril el criado». La realidad es otra, con temporadas que empiezan en enero y finalizan en mayo. La del 2020 será recordada por la marcha atrás impuesta el 14 de marzo. El confinamiento obligó a cerrar restaurantes y apagar fogones. También a suspender su pesca ancestral en el río Miño. Lo nunca visto en el sector. La nueva prórroga del confinamiento, hasta el día 26, descarta la vuelta a la actividad normalizada ya hasta el 2021. También se lleva por delante las principales fiestas de exaltación gastronómica del área, en As Neves y Arbo, previstas para la última semana del mes.

Los restaurantes Casa Calviño y O Frenazo, en As Neves, son los que mejor pueden ilustrar la situación. Sus cocinas llevan décadas guisándolas. Laureano Calviño intenta dimensionar la situación aportando cifras: «Vendemos cada año entre 1.000 y 1.500 lampreas. Cuando se decretó el confinamiento y tuvimos que cerrar el restaurante, el 14 de marzo, llevábamos unas 700. Así que imagine la desfeita». Juan sabe mejor que nadie que su trabajo del año se concentra en los cinco primeros meses del año: «Teniendo los picos entre febrero y marzo, el resto del año ni tengo abierto el restaurante. Aquí no hay nada, ni movimiento. Eche cuentas».

Juan, de O Frenazo, sí mantiene su actividad con repartos a domicilio. «Hoy mismo (por ayer) entregué dos en Vigo. Resulta evidente que no es lo mismo, son pedidos contados en comparación con tener el comedor abierto. Pero no podemos hacer nada más. Las cifras anuales de ventas de este restaurante, casualmente, son similares a las de Calviño en cada ejercicio. Entre 1.000 y 1.500 ejemplares cada temporada. «Ahora llevaremos 700, las pérdidas son evidentes». La otra zona con pedigrí de lamprea es Arbo. Aquí pone voz a la hecatombe la dueña del restaurante A Rúa, Clara Rivero: «En marzo tenía ya vendidas 200 lampreas, sin contar lo que entrara a mayores y todo abril. El día que cerramos tenía 40 lampreas en el pozo. Hubo que ahumarlas, y aún así perdí dinero. Esa mercancía costó unos 800 euros, a 30, más IVA, la pieza».

Las fiestas gastronómicas de la zona se han visto igualmente anuladas. A las ya mencionadas de As Neves y Arbo se suman las del vino de Monçao y Ribadavia, previstas entre finales de abril y principios de mayo. Ya en el caudal del Miño no se registra actividad. La pesca de lampreas fue suspendida tras el estado de alarma. Pero no todo son nubarrones en el horizonte. Explica Laureano Calviño que paralizar las capturas resultará positivo para la especie, aunque esos resultados tarden cinco años en dar sus frutos en forma de más y mejores ejemplares. «Al no pescar en la desembocadura, la especie remonta para desovar. Pero esos resultados no se verán hasta que pasen cinco años, que es el tiempo que tarda en regresar al río en el que nació».

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