«Tengo 102 años y, de momento, no necesito gafas ni para hacer los crucigramas en francés»

María Iglesias, de As Neves, dedica todo su tiempo libre a los pasatiempos y también le gusta jugar a la escoba

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«Tengo 102 años y, de momento, no necesito gafas ni para hacer los crucigramas en francés» María Iglesias, de As Neves, dedica todo su tiempo libre a los pasatiempos y también le gusta jugar a la escoba

a cañiza / la voz

«Tengo 102 años y, de momento, aún no necesito gafas para ni para hacer los crucigramas en francés». María Iglesias calla bocas antes de tener que abrir la suya. Imposible apartar la vista de esta veterana de As Neves haciendo sopas de letras y crucigramas hasta que ella decide levantar los ojos del papel. Su mirada azul es aún más inmensa a juego con la sonrisa con la que habla sobre los humano y lo divino con quien la acompaña en la residencia Santa Teresa de A Cañiza.

«Siempre me dijeron que tengo ojos de gato», contesta con templanza a cuantos se sorprenden por su lozana expresión. Más bien parece compartir con los felinos ese talento para sobrevivir a situaciones de riesgo en la que se respalda la creencia de que tienen siete vidas. Porque la de María, nacida el 12 de enero de 1918 en la parroquia nevense de Setados, ha pasado dos guerras mundiales, una república, una dictadura y una guerra civil. «Esta fue la peor, lo más duro que nos tocó vivir. Fue horrible, pasamos mucha hambre y de todo allí en Salvaterra», recuerda.

El azul solo se enturbia cuando confiesa su mayor aflicción. «Perdí a una hija de tres años y, hace diez, a otra de 77», relata quebrándosele por primera vez el discurso.

Su vida transcurrió entre Salvaterra, Cataluña y Francia, adonde emigró con su marido José, del que enviudó hace veinte años. Además, ha sobrevivido a sus seis hermanos menores. Sus otros dos hijos, nietos y bisnietos residen en Francia, aunque siempre que pueden la acompañan. «Me adoran y cuidan, pero yo elegí estar aquí desde junio. Prefiero que sigan con sus vidas y yo con mi independencia. Tengo hasta tataranietos, creo», calcula orgullosa.

«Mi mayor diversión son los juegos de palabras. No le presto atención a la televisión y nunca fui muy amiga de leer, pero mi divertimento favorito son las letras y jugar a las cartas, preferentemente a la escoba», reconoce mientras continúa resolviendo una sopa de letras. Sus únicos libros son de pasatiempos. «Siempre llevo alguno en el bolso porque en cuanto tengo un ratito ya me pongo a ello. Mis nietas me envían muchos porque tienen que ser en francés y no perdono una o dos horas mínimo al día de crucigramas», afirma sobre una rutina de la que dan fe en la residencia. «Todo el mundo se pasma cuando vienen de visita a la residencia y me ven haciendo crucigramas», explica haciéndose la sorprendida.

En Francia sufrió una peligrosa meningitis, pero nada más grave en su historial «Salud no hay mucha porque tengo un poquito de cada cosa y artrosis. Gracias a Dios, por ahora aún no tengo ningún problema de vista y veo sin gafas», insiste agradecida porque «mientras no venga la negra, puedo comer de todo y hacer crucigramas».

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