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28 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El 19 de junio, en el Palace Hotel de Madrid, Bodegas Marqués de Vizhoja recogió el Premio Nacional a la Bodega del Año en la XVI Gala de los Premios El Suplemento. Viajaron desde Arbo, desde el histórico Pazo La Moreira, para recoger un galardón que reconoce más de cinco décadas haciendo vinos con personalidad propia, la del Valle del Condado do Tea.

Del barrio marinero al Pazo La Moreira

La historia empieza, como tantas buenas historias gallegas, con un hombre y una obsesión. En 1968, Don Mariano Peláez puso en marcha su proyecto en Bouzas, el viejo barrio marinero de Vigo. Pero Peláez tenía la vista puesta en el interior, en esa Galicia de granito y río donde el albariño crece aferrado a los emparrados con una tenacidad que parece propia de la tierra. En 1976, la bodega encontró su casa definitiva: el Pazo La Moreira, en Arbo, una fortaleza de piedra siglos junto al río Miño, en el corazón del Valle del Condado do Tea.

Desde allí, Peláez no solo hizo vino, fue uno de los grandes artífices de la Denominación de Origen Rías Baixas y de la reivindicación del albariño como emblema vinícola de Galicia. Legado doble y perdurable. Hoy, sus viñedos siguen nutriendo los vinos que llevan el nombre de la casa.

El Premio Nacional a la Bodega del Año 2026 pone nombre y apellido a lo que muchos paladares ya sabían

Vinos de referencia

El producto insignia de la bodega tiene algo de provocación elegante, el vino Marqués de Vizhoja, un vino de calidad que no necesita de más aval que sí mismo. Es la carta de presentación de la bodega en las mesas más exigentes del mundo, y funciona. Junto a él conviven el Señor da Folla Verde y el Torre da Moreira, dos blancos atlánticos, en la gama con denominación de origen, además de sus espumosos Brut Nature, elaborados con variedades autóctonas gallegas que tienen en las burbujas un aliado inesperado.

La propuesta se completa con la línea de licores d'Vizhoja y las Gotas del Marqués, esas monodosis que han encontrado el modo de colarse en los bolsillos y los bolsos con la misma elegancia con la que un buen chupito de hierbas cierra una comida de domingo.

El café y la vid: una alianza inesperada

Uno de los capítulos más sorprendentes de la historia reciente de Marqués de Vizhoja tiene que ver con el café. No con el maridaje, aunque también, sino con la investigación. La bodega ha desarrollado un proyecto propio de I+D+i para combatir enfermedades de la vid utilizando posos de café como base, convirtiendo un residuo cotidiano en herramienta de futuro. No es casualidad que, además del reconocimiento recién recibido, la bodega atesore también el Premio Acevin a la Mejor Sala de Enoturismo, aquí la innovación no es un adorno, es una forma de estar en el mundo.

Más que vino: una bodega con causa

En el Valle del Condado do Tea, el nombre de Marqués de Vizhoja aparece también cuando se habla de solidaridad. La bodega respalda al Club Cornelios-Marqués de Vizhoja, que organiza el Raid del Condado junto a la Asociación de Fibrosis Quística de Galicia, convirtiendo ese paisaje privilegiado en escenario de una prueba con corazón. La Andaina do Condado, con más de 600 participantes, y la ACtiVemos, una caminata inclusiva para personas con diversidad funcional, completan un compromiso social que no es gesto puntual, sino constante.

En el terreno cultural, la bodega apoya el Festival de la Luz de Boimorto, impulsado por Luz Casal con fines benéficos y convertido ya en cita consolidada del calendario gallego.

El 26 de junio, un cuaderno especial de El País dará cobertura nacional al galardón y al resto de los premiados en la gala. Será el momento en que muchos lectores descubran lo que en Galicia ya se sabía, que en Arbo, a orillas del río Miño, hay una bodega que lleva más de cinco décadas demostrando que tradición y ambición no solo no están reñidas, sino que, bien combinadas, producen algo muy parecido a la excelencia.

Y, de paso, producen vinos que merece la pena descorchar.