Los aceiteros gallegos prevén multiplicar su producción en un plazo de cinco años

Medio centenar de socios forman parte de una organización que suma ya 85.000 olivos plantados en toda la comunidad


ourense / la voz

El cultivo de aceituna puede ser un negocio rentable en Galicia. En los últimos años se ha multiplicado el número de hectáreas con olivos en la comunidad y son muchos los pequeños propietarios de fincas que han decidido sustituir el castaño o el eucalipto por el olivo, un cultivo casi desaparecido durante el siglo XX y que ahora se vuelve a recuperar gracias a la alta demanda de aceite que existe en el mercado. «Es una alternativa que está funcionando muy bien a nivel de rendimiento», explica José Galán, presidente de la Asociación de Productores de Aceite e Aceituna de Galicia, que aglutina a 52 socios que suman, entre todos, 85.000 olivos plantados en las cuatro provincias, si bien la mayoría se encuentran en Ourense, donde la climatología parece favorecer especialmente esta producción. Todos son particulares que han plantado olivos en fincas que antes destinaban a otros usos o que han comprado terrenos para esta finalidad. «Hay plantaciones de todos los tamaños, algunas tienen 300 olivos y otras llegan a 14.000», explica Galán.

De esos árboles, la mayoría de menos de tres años, salieron en el 2015 cerca de 40.000 kilos de aceituna que, al precio de 0,60 euros por kilo, generaron unos beneficios que rondaron los 30.000 euros. Eso sí, los productores prevén multiplicar a medio plazo tanto la cantidad recolectada como los beneficios, ya que a los ocho años cada olivo puede producir quince kilos de aceituna. De cumplirse esta previsión, la producción superaría el millón de kilos.

Con todo, la prioridad con la que trabajan desde la asociación es la de conseguir una denominación de origen para el aceite que se cultiva en la comunidad. «Hemos solicitado que se apruebe la denominación Aceite de Galicia, pero todavía no se ha resuelto el expediente», explica José Galán, que advierte de que con esta iniciativa pretenden diferenciar el producto autóctono.

Actualmente algunos de los productores dedican sus aceitunas a elaborar el aceite que luego consumen en sus hogares durante todo el año, mientras que otros que, por lo general, tienen más cantidad, lo venden a empresas.

Quiroga, Monterrei, Arbo, A Estrada, Ordes o A Manchica son algunas localidades gallegas en las que vuelven a verse fincas repletas de olivos, auspiciadas por la presencia en la comunidad de empresas que se dedican a realizar este tipo de plantaciones y a suministrar lo necesario para el cuidado de los árboles.

«Hay futuro para el aceite gallego», sostiene Galán. Para hablar de ello la asociación celebrará una asamblea el próximo sábado en la localidad ourensana de Maside.

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