Dos jóvenes cruzan a nado la desembocadura del río Miño y la aventura acaba en multa
A GUARDA
«No pensamos que estuviese prohibido», explican los primos tras la intervención de la Policía Marítima portuguesa en Caminha, después de lanzarse en A Guarda
26 ago 2026 . Actualizado a las 01:27 h.Jaime y Pablo se lanzaron al Miño desde A Guarda este viernes a las 10.40 horas. Veinticinco minutos después estaban en Portugal, felices. Estos dos primos madrileños de 21 y 22 años acababan de repetir la travesía que hicieron por primera vez el verano pasado: atravesar a nado la desembocadura hasta Caminha. Agua y brazadas para pasar de un país a otro de una manera difícil de olvidar. «Se ha disfrutado mucho», resumían después, todavía sonrientes. La aventura, sin embargo, reservaba un giro inesperado al tocar tierra.
Una alerta por la presencia de dos nadadores en una zona de riesgo había movilizado a la Policía Marítima portuguesa, que acudió para comprobar si necesitaban ayuda. Los agentes se interesaron primero por su estado y, una vez constatado que se encontraban perfectamente, les explicaron algo que Jaime y Pablo desconocían: nadar por aquel canal está prohibido. Después tomaron sus datos para tramitar el procedimiento sancionador.
La noticia les sorprendió, pero no borró la satisfacción por el reto conseguido. «Sigue habiendo felicidad porque cuando lo hicimos no sabíamos que estaba mal y es un reto que hemos conseguido», explica Jaime. La intervención sí cambió su percepción de los riesgos que habían asumido. Ambos destacaron la profesionalidad con la que fueron atendidos y agradecieron la actuación de los agentes. «La intervención de la Policía Marítima nos hizo pensar en lo que realmente pudo haber sido o pasado», señalan. Ahora tienen claro que no volverán a intentarlo y desaconsejan que otros nadadores lo hagan.
La prohibición tiene detrás razones de seguridad. Según explicó la Capitanía del Puerto de Caminha, la normativa prohíbe expresamente la natación en el canal de navegación entre Caminha y A Guarda. La medida vela por la seguridad del tráfico marítimo, pero también por la de los propios nadadores en una zona sometida a fuertes corrientes tanto con la marea entrante como con la vaciante. La autoridad marítima quiere evitar además que travesías como la realizada este viernes puedan generalizarse.
El peligro no es una posibilidad remota. Hace apenas un mes, un joven de 23 años murió después de ser arrastrado por la corriente en la desembocadura, en la zona portuguesa entre Seixas y la isla de Cavalos. Había desaparecido el 19 de julio y su cuerpo fue localizado tres días después por una embarcación de la Comandancia Naval del Miño. En el entorno de la barra se han registrado además otros incidentes graves relacionados con las corrientes, una realidad que explica el mensaje de prevención que las autoridades marítimas quieren trasladar.
Jaime y Pablo no habían afrontado la travesía como dos nadadores inexpertos. Ambos son deportistas y cuentan con formación en socorrismo. Jaime tiene además formación avanzada de buceo con botella y Pablo una destacada trayectoria en atletismo, especialmente en salto de longitud, disciplina en la que llegó a superar los siete metros. Conocían la existencia de corrientes y creían que con preparación y precauciones podían afrontar el recorrido. Desconocían, sin embargo, la prohibición y el alcance de los riesgos que les explicó después la autoridad marítima.
Para la travesía llevaban bañadores, boyas de natación y una bolsa estanca con la documentación. Durante los aproximadamente 25 minutos que permanecieron en el agua no sufrieron ninguna incidencia. Al principio la temperatura les resultó incluso agradable, aunque en la parte central notaron el agua bastante más fría. Y ya aproximándose a Portugal sí percibieron cómo la corriente tendía a empujarlos hacia fuera.
Una primera tentativa con la corriente hacia Ínsua
El precedente del verano pasado les había enseñado precisamente hasta qué punto el agua podía alterar sus planes. El 25 de agosto del 2025 realizaron por primera vez la travesía, pero aquella jornada comenzó con un intento fallido. Nada más entrar comprobaron que la corriente los desplazaba hacia el Forte da Ínsua. Tuvieron que regresar a tierra, cambiar el punto de partida y volver a meterse en el agua. Desde aquella segunda salida necesitaron unos 25 minutos para alcanzar Portugal; contando la primera tentativa, Jaime recuerda que estuvieron unos 38 minutos en el agua.
La experiencia les enganchó. «Pasar de un país a otro nadando es una experiencia de película, para repetir», recordaba Jaime antes de volver a intentarlo este viernes. Incluso habían empezado a pensar en ir un paso más allá: reunir a más gente en Esteiro y convertir la travesía en una tradición anual. La historia que terminó llevándolos hasta el Miño había empezado apenas unos meses antes y de una manera mucho menos divertida. En febrero del 2025, Jaime sufrió una rotura del ligamento cruzado jugando al fútbol. Lo animaron a nadar durante la recuperación y posteriormente a probar las aguas abiertas. Jaime ya sabía nadar, pero hasta entonces la natación no formaba parte de su entrenamiento habitual. Le cogió gusto y encontró en su primo el compañero perfecto para convertirlo en aventura.
Pablo tampoco llegó al reto desde cero. Ha practicado distintos deportes y destacó especialmente en atletismo, donde superó los siete metros en salto de longitud. Los dos cuentan además con formación en socorrismo, una preparación que contribuyó a que considerasen que podían afrontar el recorrido tomando las debidas precauciones. Después de la explicación recibida este viernes, su conclusión es otra: estar preparado no elimina los riesgos específicos de una zona en la que la natación está prohibida.
Aventuras desde el salón de su abuela
La relación con Galicia viene de mucho antes. Los dos han pasado desde niños sus veranos en Esteiro siguiendo una tradición familiar iniciada por su abuelo, médico. Con los veranos heredaron también el hábito de buscar planes juntos.
Cuando se les pregunta cuál pudo ser su primera aventura compartida no recuerdan ninguna hazaña deportiva. «Liándola en el salón, rompiendo los sofás» de su abuela, responden entre risas. Más de veinte años después, aquella complicidad sigue intacta y el escenario se ha hecho bastante más grande. Hasta este viernes, el plan era volver al Miño el próximo verano e incluso sumar compañeros. La intervención de la Policía Marítima cambió esa parte de la historia. Conocida la prohibición y las razones de seguridad que existen detrás de ella, Jaime y Pablo aseguran que esta travesía no se repetirá y piden que nadie trate de imitarlos.
Eso no les hace renegar de lo vivido. La experiencia continúa siendo para ellos una aventura conseguida y la felicidad seguía ahí después de hablar con los agentes. Simplemente, la próxima tendrá que ser en otro sitio. «Seguiremos buscando aventuras».