Un elefante de 2.000 kilos en Arcade

El escultor Bernardo Seoane remata un coloso en hierro y acero reciclado

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Así se hace una escultura gigante de trozos de chatarra Bernardo Seoane ha construido un elefante de 2.000 kilos en su casa de Soutomaior

soutomaior / la voz

«Cando comecei a crear parecía que as pezas xa coñecían o seu lugar e ían unha tras outra ao seu sitio, era como maxia», sostiene el escultor Bernardo Seoane al pie de su última obra. Tras él, se levanta un soberbio elefante de dos metros de altura, cuatro de largo y más de 2.000 kilos de peso al que Seoane le ha dado vida devolviéndosela a miles de piezas desechadas como chatarra. Un vídeo producido por su hijo en el que se recoje todo el proceso creativo desde junio, en tal solo unos minutos, hace aún más grande a este coloso de Arcade. «A maxia está en convertir algo que non ten utilidade en arte», defiende Seoane júnior.

El resultado parece realmente fruto de la alquimia habiendo conseguido el artista, mecánico de mantenimiento jubilado, una transmutación maravillosa e increíble a sus 73 años. Su elefante tiene, eso sí, la piel más dura incluso que la de los mamíferos terrestres más grandes de la Tierra, ya que está fundida en hierro y aluminio. Imposible determinar el número de piezas que se han reconvertido en paquidermo. «Hai de todo. Cadeas industriais que fan a función de trompa, bisagras, ferraduras de cabalos, rótulas, rodamientos, coroas de transmisión, sachos, apeiros de labranza e outras moitas que nin se sabía xa que foran na súa vida anterior», explica Bernardo Seoane.

Parece que el animal tuviera vida propia y se fuera a echar a andar tras su creador por la finca de Arcade en la que comparte espacio con las cerca de 300 obras que han salido de las manos de Seoane desde que, en la década de los 70, se inició en la escultura. Su elefante, además, tiene movimiento, aunque el creador evita el término mecano «porque o que fago non é un ensamblado seguindo un plano».

«Empecei cunhas locomotoras que fixen tamén reciclando, pero entón con pezas de bronce e que tamén formaron parte da miña primeira exposición, na antiga estación de tren de Vigo», recuerda. Nunca quiso vender su obra, aunque ha donado alguna pieza para Cáritas o a ayuntamientos, pero es un anfitrión perfecto para cuantos pasan por su casa museo, a pie de Camino.

Se identifica plenamente con su obra, que llama «las máquinas de lo absurdo», que es un continuo. Tiene casi una treintena de esculturas bajo el nombre de esta serie en la que da rienda suelta al humor con el que, dice, hay que enfrentarse al día a día. «Son absurdas porque eu xogo moito coa pillería. Son recreacións da vida real cunha perspectiva irónica e sarcástica porque creo que nesta vida falta moito humor e sobra violencia, que é o máis absurdo que hai», defiende y practica con el ejemplo.

Algunas de estas obras son terapéuticas, especialmente en tiempos de covid. Nunca pensó Seoane lo útil que podría resultar ahora, por ejemplo, El Consolador, nombre con el que bautizó hace quince años a su máquina que da abrazos.

El catálogo es variado, con propuestas para casi cualquier situación. Su colección es todo un parque de aventuras. Dispone de varias máquinas para autoflagelarse. Una para pegarse uno a sí mismo, otra para darse las zurras, una tercera para recibir un pisotón y otra que da palos en la espalda. Otras llegan a ofrecer torturas a quienes lo deseen y también dispone de alguna de seudoporno. Todo bajo la máxima de fomentar la diversión relativizando cualquier pesar. «A vida é absurda e creo que hai que rir. As miñas máquinas rin porque o absurdo e o humor son as dúas caras dunha mesma moeda», dice el discípulo y fan del profesor Franz de Copenhague, el célebre inventor de artefactos deTBO.

Medalla de oro para un sillón de Amalia Puga tejido con las rederas de A Guarda

La Asociación de Diseño Industrial (ADI) ha concedido su medalla de oro a la diseñadora Amalia Puga Cividanes por su iniciativa de reciclar redes de pesca, con la asociación de profesionales de A Guarda, para la fabricación de muebles de diseño. Se trata del proyecto Entre Redes y se le concede la medalla de oro, según el jurado, «porque mezcla la vertiente social y medioambiental, con un alto componente emocional que reactiva una artesanía tradicional y sirve para dar una segunda vida a una material sin uso». El producto resultante es Bolina, un sillón diseñado con materiales reciclados de los restos de cuerdas e hilos de las redes de pescar y tejido por mujeres de A Guarda. Los premios aglutinan los principales reconocimientos en el ámbito del diseño de producto en España: para profesionales y empresas, para estudiantes de diseño de producto y para proyectos que fomenten y pongan en valor la cultura del diseño. En su vigésimo octava edición, de entre los 12 proyectos seleccionado, el jurado concedió la medalla ADI al proyecto de esta joven. Según la Federación de Asociaciones de Artesanos de Oficio de Cataluña, Amalia Puga, graduada en la Escuela Universitaria de Diseño e Ingeniería de Barcelona (Elisava) como diseñadora, ha tenido la oportunidad de crecer rodeada de diferentes culturas y experiencias.

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