Los bombos seguirán sonando en A Guarda, pero no desde el Trega

La suspensión de las Festas do Monte 2020 traslada la celebración a las casas


a guarda / la voz

Bombos, cajas, gaitas y panderetas suenan el segundo domingo de cada agosto en las faldas del Monte Trega desde hace 107 años. Siempre acompañados de mucho vino y buena compañía, los guardeses, junto a otras personas que se trasladan desde distintas partes, desfilan en las tradicionales bandas marineras el sábado y suben el domingo al monte para comer con familiares y amigos y disfrutar de la fiesta. A Guarda se programa en función de sus Festas do Monte. Una semana en la que no faltan verbenas, juegos de ferias y otras múltiples actividades. Este año los ciudadanos del municipio saben que la salud es lo primero, por eso aceptan la cancelación de la celebración con motivo de la crisis sanitaria del covid-19, aunque la romería la llevan por dentro.

Para Miguel Ángel Sobrino, todo un referente en la Banda Roxa, las Festas do Monte significan identidad. «Tienes que estar, porque refuerzan el arraigo, tu sentido de permanencia», afirma. Él las vive desde que nació, como casi todo guardés. Estas fiestas tienen su origen en 1913, cuando la sociedad Pro-Monte creó la celebración. Miguel cuenta que ha visto evolucionar la fiesta desde que nacieron las bandas: «A finales de los años 60, la gente empezaba a ir al mar y a tener dinero para comprarse un bombo, ahí nace la fiesta que hoy conocemos». Lo que no ha cambiado desde su inicio, es que el vino sigue siendo el elemento fundamental, señala.

En la banda de Miguel lo tienen claro. «El vino lo hacemos nosotros, tratamos de que sea bueno», dice. Tras la cancelación de las fiestas lo primero que pensó fue a quién podía pedirle una mascarilla de la banda. «Me pondré el traje y en mi casa no parará de sonar el bombo», asegura. Además, preparará empanada y se reunirá con amigos.

También para Ana Reyes las Festas do Monte tienen un significado especial, pero por una historia personal. Su marido le pidió matrimonio el domingo del monte de hace 3 años. Cuenta que todos en su banda, Os Perdidos, lo sabían, menos ella. Para el próximo año tendrán un nuevo miembro en la familia.

Rosana Adrover es una guardesa que siempre sigue las tradiciones que marcan las Festas do Monte: asistir a las verbenas, ver el desfile del sábado y comer en Trega con su familia el domingo. «Nací en un mes de febrero y en agosto mis padres ya me llevaron al monte», afirma. «Las vacaciones las programamos según las fiestas», cuenta. Advierte que aunque no se celebren este año, ha aumentado la afluencia de personas en la calle.

A pesar de que la fiesta tradicional no puede llevarse a cabo, lo que sí hay son pasacalles a media mañana desde que empezó la semana, en los que participan diversos grupos de música tradicional del municipio. También, a lo largo de estos 7 días, en el hall de la Casa dos Alonsos de A Guarda se proyectan diversos vídeos y fotografías de las Festas do Monte. Y ayer tuvo lugar un magazine especial.

Los balcones de la plaza del Reloj lucen desde que comenzó la semana las banderas de las bandas que desfilan cada año. Este año, las Festas do Monte tienen un sabor diferente, más íntimo. Pero no dejan de celebrarse, porque todo aquel que las ha vivido queda marcado y busca la manera de volver, o en el caso de este año, vivirlas con el traje de la banda puesto y tocando el bombo desde casa, rodeado de las personas más importantes.

 

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