Las rederas de A Guarda lanzan un SOS

Solo hay seis profesionales, sobrecargadas de trabajo, y urgen savia nueva


a guarda / la voz

«Tenemos tantos encargos que no damos hecho. La nuestra es una profesión con mucho futuro, de la que se puede vivir y más que nunca necesitamos personal». La presidenta de la asociación de rederas Atalaia de A Guarda, Carmen Barbosa, lanza el SOS. Porque además de ser las artífices de que este arte con el que se identifica a la villa siga vivo, son también sus valedoras.

Barbosa, de 59 años, aprendió la profesión en casa, desde niña, y como casi todas sus compañeras de la mano de su madre. Ella forma parte del grupo de mujeres que dieron un paso al frente para defender la profesionalidad y saber hacer de un oficio que exportan a varios países y un trabajo de generaciones de guardesas.

La industria más importante de la villa vuelve a ser, incluso en tiempos de covid, el salvonducto «para quienes de verdad quieran trabajar y especialmente para quienes les guste esta profesión y la hayan conocido ya en casa». Es el perfil que necesitan, apunta la veterana redera, para asegurar la continuidad de la profesión. Solo quedan en activo seis rederas y, aunque una de ellas tiene 38 años, las demás están entre los 58 y los 64, por lo que aspiran a poder jubilarse pronto.

«No queremos dejar el trabajo hasta asegurar el relevo generacional», apunta Carmen Barbosa. Hay tanto trabajo, confirman, que «hasta necesitamos que las que estén ilegales sigan haciendo las de trasmallo y Miño», pero también es necesario, insisten, acabar con la precariedad laboral «y para ello deben unirse ellas también por unas condiciones de trabajo dignas». Estas pioneras que abrieron el camino constituyéndose como asociación explican que la principal lucha está en conseguir la equiparación con los otros sectores del mar. «La mayor lucha es conseguir que a las rederas también se les aplique el coeficiente reductor del mar y que además se reconozcan como enfermedades profesionales las patologías derivadas de la dureza de este trabajo, como los problemas de espalda, de vista, muñeca u hombro», indica la presidenta de la entidad.

Ellas están teniendo que renunciar a encargo porque no los pueden asumir todos. «Desde que se acabó con la mayoría de los trabajos ilegales, estamos sobrecargadas», indica. Destaca la paradoja de esta situación ya que «nosotras hemos peleado por acabar con las que estaban ilegales para evitar la precariedad y ahora las necesitamos porque no damos abasto».

Urgen que la Xunta haga más cursos y favorezca el acceso a los mismos de quienes tienen la tradición familiar y la vocación. Ellas hacen las grandes redes para barcos que faenan en Irlanda y Gran Sol. Son redes de unos 50 kilos de peso que han de empaquetar entre varias.

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