La playa de A Guarda desaparece sin remedio

La erosión come 7 metros de litoral en 4 meses y el agua está a solo 1 metro de llenar la balsa y amenazar casas

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A GUARDA / LA VOZ

No hay quien frene la insólita erosión que se está tragando la parte española del litoral en la desembocadura del Miño. Las barreras naturales no han servido porque el agua se ha comido taludes de varios metros de altura y el Ministerio de Medio Ambiente no ha querido. Eso es lo que consideran los vecinos de A Guarda, que llevan años advirtiendo a todas las administraciones supramunicipales de que se está anegando tanto la playa de A Lamiña como toda la zona dunar.

Las críticas se centra en el Servizo Provincial de Costas. La jefa, Cristina Paz-Curbera, visitó la zona en febrero con el alcalde, Antonio Lomba. Ella aseguró entonces que había que actuar de forma urgente y se comprometió a solicitar un estudio», informó el regidor. «Tenéis que dirigiros mejor al Ministerio de Medio Ambiente», dijo la titular del servicio hace tan solo unos días a la edila de Turismo, Montserrat Magallanes, tras la Comisión Permanente Internacional del Río Miño. Entre el primer compromiso de Paz-Curbera y su desmarque ahora a Madrid, han pasado cuatro meses o, si se mide sobre el terreno, la costa gallega ha perdido en algunos puntos de A Guarda, siete metros más. «Ha sido un tiempo perdido. Estamos ante uno de los mayores desastres ecológicos y medioambientales de la provincia y Costas de Pontevedra se ha desentendido. Para eso están, y sino que quiten este servicio», manifestó visiblemente molesta la concejala y diputada provincial. «Tenemos una pérdida de terreno abismal ante la pasividad de Costas. Cambia toda la fisonomía del litoral de Galicia, pero este servicio deja la zona desamparada», insiste.

Los tiempos apremian. El agua ha arrasado ya gran parte de este espacio doblemente protegido por las figuras de Red Natura y zona de especial protección de aves (ZEPA), del tramo entre O Codesal y la playa de Lamiña-O Forte, llevándose también por delante más de mil metros cuadrados del complejo dunar. Ahora está ya solo a un metro de llegar al punto del no retorno, que es la Cova do Forte, una gigantesca balsa. «Si entra ya amenazaría directamente el pinar de O Feno y varias casas», avanzan. La concejala advierte por enésima vez: «Una vez que el agua del río y del mar entre en la balsa, ya no podríamos hacer nada, el desastre es terrorífico».

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