La crisis demográfica de las vacas

El número de explotaciones ganaderas en el sur de la provincia se desploma por el éxodo rural, la escasa rentabilidad de la carne, la ausencia de pastos y la reducción de las ayudas


vigo / la voz

Sin humanos no hay vacas. El número de reses y explotaciones en el rural del área de Vigo cae de forma imparable y proporcional a la despoblación de las aldeas. En la última década el número de explotaciones ganaderas y de reses en el sur de la provincia se redujo en más de un millar. Los principales afectados, los ganaderos, apuntan tres causas: la reducción de las ayudas europeas, la dificultad para acceder a los pastos y, sobre todo, la falta de relevo generacional. La Consellería de Medio Rural confirma la tendencia, aunque en los últimos años está detectando esperanzadores brotes verdes en forma de explotaciones más grandes, más profesionalizadas y con ganaderos jóvenes mejor preparados al frente.

«Como non veña xente, isto non se recupera», asume el ganadero José Dasilva, que asiste apenado, a sus 70 años y como concejal de esa área en Fornelos de Montes, a la inexorable despoblación de su aldea.

Municipios de marcada tradición ganadera como Fornelos de Montes, Covelo, Ponteareas, Mos, A Cañiza, Salvaterra o el propio Vigo han perdido en los últimos años casi la mitad de sus granjas de producción de carne de vacuno. «A mí me quedan los días contados», admite Juan Costa, dueño de una pequeña explotación en Moaña, harto de las trabas legales y sociales que encuentra para hacer prosperar su negocio. Este vecino de Meira se lanzó a la ganadería en busca de una forma para ganarse la vida después de sufrir un accidente. Adquirió un lote de trece vacas. Una década después solo le quedan cuatro. Su objetivo era la producción de queso para venderlo en los alrededores, pero la inversión exigida para cumplir los requisitos sanitarios y el alto precio pedido por algunos propietarios de parcelas para ceder tierras sin ninguna actividad para el pasto de sus reses acabaron frustrando sus deseos.

La propiedad de la tierra es uno de los graves problemas que están conduciendo a la despoblación del rural. «O apego que se ten á terra é o que impide poñela a disposición de quen a necesita», expone el ingeniero técnico de la delegación del sindicato Unións Agrarias en Ponteareas, Samuel Lago. La escasa movilidad de la tierra y el minifundismo contribuyen a incrementar esta problemática. No solo afecta a los ganaderos, también influye en los incendios forestales. «Onde hai gandería non hai tantos lumes», reflexionan desde el sindicato.

Pero no es la única explicación que encuentran a la incesante disminución del número de vacas. La baja rentabilidad económica del sector es la responsable del nulo relevo generacional que aboca a la mayor parte de las explotaciones a su cierre cuando el pastor se jubila. «O leite e a carne estanse pagando case aos mesmos prezos que hai 25 anos», sostiene Lago, que lamenta que el sector agrícola y ganadero «siga sendo o eslavón máis débil da cadea do comercio».

La ganadería como hobby

«Eu o fago porque é a miña afección pero dá máis gastos que ganancias», confiesa Sergio Rodríguez, dueño de una pequeña granja en la parroquia moañesa de Meira en la que tiene vacas, cabras, ovejas y caballos. Su deseo es dedicarse a la ganadería pero es consciente de que «é moi difícil porque necesitaría moita terra e en Moaña é complicado atopala», argumenta. Descarta mudarse a zonas ganaderas despobladas para hacer realidad su sueño. «Non me mudaría, teño a miña vida e o meu traballo aquí», concluye.

A pesar de lo desolador del panorama, todavía hay lugar para la esperanza. Desde Medio Rural hablan de un cambio en el modelo tradicional de la ganadería en Galicia. La falta de relevo generacional conduce a una reestructuración de las explotaciones. Las tradicionales granjas familiares dan paso a instalaciones más grandes y más profesionales gestionadas por jóvenes empresarios que unen esfuerzos para ser más competitivos. Uno de estos casos está en Tomiño, donde el número de vacas no deja de crecer desde el año 2012. En los últimos años, según datos del Instituto Galego de Estatística, se pasó de 59 cabezas a 142. Un oasis en medio de un desierto al que los técnicos de la consellería no encuentran una explicación concreta pero destacan que son ganaderos jóvenes los que están impulsando el sector en esta zona del Baixo Miño.

«Este trabajo es de lunes a lunes, tiene que gustarte»

M. Otero

Manuel Gregorio tiene 36 años y lleva diez al frente de una explotación ganadera, que es su pasión

 

Lo habitual es que los ganaderos más veteranos se jubilen y cierren su explotación porque sus hijos tienen otro trabajo o no quieren seguir con ella porque no es rentable. Manuel Gregorio es la excepción. Este vecino de Laxe, en Fornelos de Montes, no solo cogió las riendas de la granja de su padre, sino que incluso la amplió con la adquisición de una segunda finca. «Ahora tengo 140 vacas en dos explotaciones y también dos carnicerías, en las que vendemos lo nuestro. Junto con las ayudas de la Xunta se puede subsistir», explica. Su aspiración no es hacerse millonario con este negocio, sino vivir de lo que más le gusta: los animales y el campo.

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«Casas pechadas»

El descenso de población se traduce en la caída del número de vacas. Y la baja rentabilidad de las granjas es una de las causas del abandono del campo. Un círculo vicioso cuyas consecuencias pueden comprobarse con un paseo por cualquier aldea de municipios como Covelo, A Cañiza o Fornelos de Montes. «Os que vivimos aquí imos para vellos, cada vez hai menos veciños e máis casas pechadas», describe el concejal de Fornelos José Dasilva, en referencia a Laxe, su parroquia.

Su definición podría aplicarse a la mayor parte de las aldeas del interior de la provincia. El concejal es un claro ejemplo del proceso de despoblación que afecta a buena parte de la Galicia rural. «Hai uns anos na parroquia había máis de mil vacas, agora hai só 300 e imos a menos. Eu tiña 90, pero foron morrendo por un inverno malo, logo unha peste e só me quedan dez», explica.

Una solución que lanzan desde uno de los ayuntamientos que mayor número de reses perdió en la última década se centra en poner en marcha un proyecto de alquiler de casas bonificado en las aldeas con mayor índice de despoblación y dar ayudas a aquellas personas que decidan dedicarse a la ganadería para incentivar un regreso al campo, que lejos de ser una realidad, se parece cada día más a una utopía.

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