Begoña Rodríguez Castro convirtió sus viajes de compras a Londres en una de las señas de identidad de Kilómetro Zero, una pequeña tienda que ha sobrevivido a la transformación comercial de su entorno
04 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Begoña Rodríguez Castro tenía 24 años cuando abrió Kilómetro Zero. Sus dos hijos eran tan pequeños que, recuerda, «cabían en una cesta». Ahora tiene 62, tres nietos y cerca de 38 años de tienda a sus espaldas. En ese tiempo ha vendido zapatos, ha viajado a Londres con las maletas vacías y ha regresado con ellas llenas de mercancía, ha cambiado su forma de comprar y ha incorporado la paquetería a un negocio que tuvo que ir ajustándose a los cambios del comercio y de la propia ciudad. «Toda la vida aquí», resume. Kilómetro Zero ocupa un pequeño local de unos 35 metros cuadrados en la calle Elduayen, distribuido en varios niveles. Begoña recuerda que le gustó desde el primer momento. Quería montar un negocio en el centro y aquella zona tenía entonces algo fundamental: mucho movimiento.
Los autobuses pasaban por delante y dejaban a diario un flujo de posibles clientes. Al desaparecer ese tráfico con la peatonalización de Porta do Sol, también se perdió una parte de quienes bajaban por la zona y recorrían los comercios. Sigue habiendo gente, explica Begoña, pero ya no es la misma. Tampoco es el mismo el paisaje comercial que encontró cuando llegó. Recuerda a la joyería Pato, a Jaime el joyero, a la frutería de Lucita y a otros establecimientos de la zona. «Cuando yo abrí había muchas tiendas que ya no están», dice. No pretende hacer una relación completa de todos los negocios que desaparecieron en estas décadas. Ella regenta el último de los de titularidad municipal. No fue fácil. Para ello tuvo que dar la batalla por sus derechos. En su local permanece, además, una pequeña huella del pasado comercial, aunque no se vea. Antes de Kilómetro Zero estuvo allí la zapatería Rochil. Begoña recuerda el antiguo suelo, con el nombre del negocio integrado en el pavimento y rodeado por un motivo decorativo. Todo sigue, al parecer, debajo del suelo actual.
La historia de Kilómetro Zero comenzó, de hecho, con los zapatos. Pero no porque fueran el producto que hubiera elegido para iniciar su negocio. El local había tenido anteriormente esa actividad y, al acceder a él, la normativa establecía que durante el primer año debía mantener el mismo tipo de comercio. Así que comenzó vendiendo el género que había dejado el anterior titular y comprando algo más para completar la oferta. «Empecé con los zapatos obligada», recuerda. Cuando pudo cambiar de actividad, empezó a buscar algo diferente. Probó en las ferias de Madrid, pero allí encontraba productos que podían terminar en cualquier tienda. La diferencia llegó gracias a una amiga que vivía en Londres. Y allí comenzó una etapa que marcaría durante años el carácter de su local. «Me iba a Londres con las maletas vacías y volvía con ellas llenas», cuenta. Era otra época. No había internet y, para encontrar determinadas cosas, había que desplazarse hasta donde estaban. Y en Londres estaban las tendencias siempre por delante. Begoña compraba en establecimientos mayoristas. Volvía con sombreros, medias de rayas y de colores, bolsos y kilos de fantástica bisutería. «De aquella lo que yo traía era la caña», asegura.
La mercancía llamaba la atención y la tienda funcionó especialmente bien durante aquellos años. Begoña recuerda el local «a tope» y unas cifras de ventas que todavía hoy le sorprenden. «Llegué a facturar un millón de pesetas al mes», cuenta, «en una tiendita de 30 metros cuadrados», recalca. Y aprovechaba el tirón sin descanso: «Salía de Vigo un jueves por la noche, compraba el viernes y el sábado, regresaba el domingo y el lunes tenía ya la mercancía colocada en la tienda. Vacaciones, prácticamente ninguna. Cerrar y decir me voy 15 días... no sé lo que es eso», afirma. Con el paso de los años, las condiciones para seguir trayendo mercancía fueron cambiando. Londres dejó de ser una opción y Begoña tuvo que modificar de nuevo su forma de abastecer la tienda. Ahora compra en Madrid y trabaja con pronto moda. En lugar de comprometerse con una colección de una marca con meses de antelación, puede acudir a los almacenes y elegir la mercancía que le interesa en cada momento. La mayor parte de Kilómetro Zero está dedicada a la moda femenina. Ropa casual, bonita y cómoda, muchos complementos y algunas prendas con un aire hippy chic forman una selección que va renovando periódicamente. Hace unos siete años llegó otro cambio al decidir incorporar la gestión de paquetería. La decisión tenía que ver con una realidad que veía cada día: la expansión de las compras por internet. Y se ha convertido en otra parte de su actividad que complementa el modelo clásico. Mientras, ve acercarse el momento de la jubilación.
Desde 1989
Dónde está: Elduayen, 5. Vigo