En 1609 fueron encarcelados dos comerciantes por realizar tratos con extranjeros
11 ago 2026 . Actualizado a las 01:31 h.El 3 de abril de 1609, la Real Audiencia de Galicia dictaba un auto de prisión contra los comerciantes vigueses Juan y Gregorio Núñez por infringir la prohibición del comercio marítimo con el extranjero a través del puerto de Vigo. Durante varios siglos, la ría estuvo vedada para el comercio exterior, tanto europeo como americano, debido a su pertenencia al señorío del arzobispado de Santiago.
El rey Juan II señaló en 1452 a los puertos de A Coruña y Baiona como únicos en Galicia autorizados para ese comercio. De esa manera, los derechos del diezmo del mar y los juros correspondientes iban a las arcas reales, mientras que si autorizase ese comercio en Vigo o Pontevedra tendría derecho a cobrarlos el arzobispo de Santiago.
Durante un siglo, los comerciantes ingleses, bretones y holandeses escogieron Vigo para hacer sus transacciones, principalmente centradas en la venta de textiles y bacalao, y la compra de vino del Ribeiro. Las buenas condiciones geográficas de la ría y la ausencia de oficiales de Contaduría dejaba mayores ganancias a los mercaderes. Esa competencia natural provocó las quejas de A Coruña y Baiona. El 26 de marzo de 1569, Felipe II autorizaba una real cédula en la que se insistía en las localidades autorizadas para el comercio. «De algunos años a esta parte los mercaderes que traían las dichas mercancías, especialmente los ingleses, se iban con ellas al puerto de la villa de Vigo; el tiempo que allí estaban los dejaban vivir con una licencia y libertad en sus costumbres y tratos y los hacían sueltas, bajas y quitas y otros tratamientos, condiciones y partidas de manera que del todo habían dejado de ir a los dichos puertos de la Coruña y Bayona, y asentando su comercio y trato en la dicha villa de Vigo», describía Felipe II.
«Habemos acordado de mandar, que ahora y de aquí adelante la carga y descarga de cualesquier mercancías que vinieren de Francia, Flandes e Inglaterra, e cualesquier partes fuera de nuestros reynos, no se hagan ni puedan hacer en la dicha villa de Vigo ni puerto della, ni se puedan en ella comercial las tales mercancías ni descargar allí para las sacar de la dicha ciudad de la Coruña y villa de Bayona y que a aquellas hayan de venir y vengan las tales mercancías...», decretaba el rey. Asimismo, el soberano advertía: «ni dejen comerciar ni tratar en la dicha villa de Vigo so pena de perdimiento de todos sus bienes y destierro perpetuo del reyno». Concluía el soberano recomendando a los justicias y regidores coruñeses y baioneses que «hagan buena acogida y tratamiento a las personas que trajeren y vinieren con las dichas mercancías y les hagan dar los mantenimientos y casas necesarias a justos y moderados precios y provean como las tales mercancías que allí se descargasen estén a buena guarda y recaudo, y en las dichas puertas haya todo seguridad».
Los comerciantes debieron seguir acudiendo a Vigo y Pontevedra porque en octubre de 1588 Felipe II volvió a emitir otra real cédula insistiendo en el mismo mensaje. A Coruña y Baiona iniciaron un pleito contra Vigo y Pontevedra, que el Consejo de Hacienda falló a su favor.
Tráfico con América
Vigo tampoco tenía permitido acoger el tráfico marítimo americano, que se restringía por la ley a Sevilla, primero, y Cádiz, posteriormente. El resto de España tenía vedado el comercio con ultramar. La lucha de Vigo por hacerse un sitio en el mapa marítimo internacional comienza a dar sus frutos en 1717, cuando una real cédula de Felipe V la habilitaba para recibir tráfico de alto bordo. Esta puerta abre un período de crecimiento comercial, especialmente con Gran Bretaña. Solo entre 1734 y 1736, Vigo registra el mayor tráfico comercial de Galicia con Inglaterra. En 1742 se produce un nuevo retroceso. Otra orden real margina a Vigo del tráfico internacional de mercancías.
El veto duró hasta 1749, abriendo un período de bonanza en el que los barcos ingleses, que negociaban en Portugal, hacían escalas sistemáticas en Vigo en su viaje de retorno. Pero, el tráfico con América seguía vedado. En 1761, se le autorizaba al puerto vigués a transbordar mercancías procedentes de buques franceses con destino a los mercados americanos.
En 1773 se abre para Vigo el comercio marítimo con las Antillas, y en 1783 se le permite despachar, con destino a Montevideo y Buenos Aires, dos barcos anuales. Finalmente, en el año 1794, el rey Carlos IV decide habilitar Vigo para traficar libremente con toda América.