Samil se agitó con las competiciones de BMX y «skate» mientras el Casco Vello acogía la bajada de «riders»
09 ago 2026 . Actualizado a las 01:40 h.Miles de personas disfrutaron en Vigo una de las jornadas grandes del festival del Marisquiño. Las pistas de BMX y skate instaladas junto a la playa de Samil acogieron las competiciones de los deportistas haciendo las delicias de los aficionados al deporte urbano ya las acrobacias con bicicletas y patinetes mientras el Casco Vello se convertía en escenario del vertiginoso Descenso MTB Downtown.
El park de BMX en la playa viguesa fue uno de los puntos con más ambiente, especialmente por las actuaciones de los participantes jóvenes. Entre ellos destacó Luca Ruíz, de tan solo cinco años, el competidor más pequeño de todo el Marisquiño que se ganó los aplausos del público.
Los graderíos estaban a rebosar e incluso en el paseo del arenal se congregaba el público, dificultando el avance de los viandantes. Muchos bañistas aprovecharon que el día estaba algo nublado para echarle un ojo a las competiciones. «Se está mucho mejor viendo a los niños saltando», bromeaba un habitual de Samil.
El festival tuvo tuvo uno de sus momentos estelares en el centro de Vigo con el descenso urbano, con un recorrido de 1.135 metros atravesando el Casco Vello, desde el monte de O Castro hasta la zona portuaria de A Laxe. Las zonas de saltos congregaron a numerosos espectadores que buscaban cualquier lugar elevado para conseguir una mejor vista. Antes de cada participante, los trabajadores despejaban el recorrido y, tras el silbato, las bicicletas aparecían a gran velocidad entre los aplausos.
El espectáculo atrajo a aficionados y también a personas que no tenían previsto asistir al festival. Un grupo de amigos que pasa el fin de semana en Vigo descubrió la prueba por sorpresa. «La verdad es que es bastante espectacular la velocidad a la que van. No contábamos con esto y al final echaremos aquí toda la tarde», afirmaba uno.
Ante la Colegiata, la competición compartía protagonismo con un carruaje tirado por dos caballos blancos y varios gaiteros. Pero cada nuevo silbato devolvía rápidamente la atención al descenso: los riders atravesaban las calles entre ovaciones y desaparecían de forma veloz, consiguiendo dejar unos segundos de espectáculo antes de que llegase el siguiente corredor.