Una viguesa de 70 años publica su primera obra junto a su nieta: «La poesía fue mi salvavidas»

omar goris VIGO / LA VOZ

VIGO

CELE RODRIGUEZ

«O pouco tempo que nos queda», que ilustró su nieta Claudia, aborda el dolor que sufrió por dos pérdidas familiares

12 jul 2026 . Actualizado a las 22:19 h.

Nila Álvarez Pousa nació en Vigo en 1956. La Farola de Urzaiz y la plaza de Portugal son su «aldea». El lugar donde creció y por eso mismo escogió este símbolo vigués como portada de su poemario O pouco tempo que nos queda. Desde su casa, habla sobre su libro, literatura y cultura. Acomodada en su salón, muestra material de su poemario acompañada por su ilustradora Claudia García Salgado, que también es su nieta. Las rimas de esta obra en gallego las ha llegado a recitar el año pasado en la Feria del Libro de Madrid.

O pouco tempo que nos queda, publicado en el 2025, recoge el dolor transformado en versos por la muerte de su madre y de su marido. Pérdidas que marcaron profundamente a Nila y sobre las que gira su publicación.

El poemario comienza con una página entera de color rojo cargada de significado para la autora. El primer poema, A liña vermella do horizonte, explica que es el punto en el que se acaba todo, y en el que también terminará su vida. Un color que no solo significa amor, sino que también es sinónimo de dolor.

Su madre, Nila Pousa, que la tuvo muy joven, sufría de epilepsia y la consideraba como una hermana pequeña. De ella cuenta que «era todo corazón» y que en sus páginas pretende dignificarla. Su pérdida en el confinamiento en el 2020 y el amor que sentía por ella la hicieron escribir, un camino que llevó hasta la publicación del libro el año pasado. Por ella redactó y editó este texto: «Sentía que se lo debía y decidí poner por escrito lo que ya era poema, lo que estaba dentro de mí».

La otra pérdida que la marcó fue la de su marido, Álvaro Mouriño, en el 2017 a causa de un cáncer. Le afectó en gran medida, y en pocas ocasiones, confiesa, pronuncia su nombre. En el libro o en su día a día se refiere a él como «A». En el proceso y desenlace de su enfermedad se aferró a la escritura para sobrellevar su fallecimiento.

Pese a tener dos poemarios y otro en camino, Nila Álvarez Pousa no se considera poeta. Tras muchos años con la pluma y el papel bajo el brazo para anotar los versos que brotaban de su mente, rechaza la etiqueta. Para ella la poesía es «o meu dicir». Para sentirse en esta categoría considera que hay que trascender y ella cuando acude u organiza recitales no va con etiquetas, solo deja salir todo lo que tiene dentro en rimas. «Eu recito polo amor», afirma, pero también lo hace por causas como la feminista o la palestina. Ella defiende que la cultura como un espacio para «gritar» por las injusticias del mundo que a ella le duelen.

Organiza certámenes

Tímida, confiesa que lleva años organizando recitales en Vigo. Como miembro de la asociación Agrupación Amigos del Marco, presidida por Chus Oliveira, a quien considera un referente y quien le abre las puertas para sus eventos. Organiza certámenes culturales con los pocos recursos que hay y con la colaboración de quienes buenamente puedan ayudar.

Ella misma ha llegado a pagar de su bolsillo a artistas para que acudan a los eventos, aunque reconoce que «doulles menos do que merecen». Admite que en Vigo se necesitan todas las escaleras que se están poniendo, pero reclama un poco más de atención para la cultura. «Que se apueste por esta ciudad», dice apelando a la par al Concello y a la Xunta. Porque la gente de la cultura viguesa «escribimos e falamos en galego» y «estamos loitando pola lingua», recalca.

Antes de marchar de su casa, Nila, en su afán por acercar la poesía y la cultura gallega y viguesa a la gente, dejó una pequeña recomendación de cuatro autoras de la comunidad autónoma para este verano. Ellas son Oriana Méndez, Silvia Pena, Olga Novo y Chus Pato, estas dos últimas Premio Nacional de Poesía de los años 2020 y 2024, respectivamente.

A ella la poesía la ayudó también cuando estuvo hospitalizada por cáncer de tiroides. Un proceso que le dejó una pequeña afección en la voz y que pudo llevar mejor al lado de otras autoras como Carmen Martín Gaite.

Nila recuerda que la cultura siempre ha sido un pilar fundamental en su familia. Ella, que creció en el Vigo de la movida, recuerda que su tío tocaba en varios grupos o cómo su padre le animaba y guardaba cada poema o relato que escribía. Un comportamiento que empleó también con sus tres hijas y todos sus nietos. Las chicas no se inclinaron por la poesía, pero Sonia es actriz, Almudena pinta y Alba cantó en diferentes grupos.

De sus ocho nietos y nietas, destaca a Claudia García Salgado, su ilustradora en O pouco tempo que nos queda. Como cualquier abuela, se deshace en halagos sobre ella y sus diseños, poesías e ilustraciones. Pero atendiendo a las siete piezas que diseñó en «poco más de cuatro días» y a la primera, se entiende la calidad de esta joven diseñadora.

A su nieta y sus luchas internas Nila le ha dedicado su próximo poemario, que publicará en unos meses, y que se titulará As 21 cereixas de C.