El artista de raíces viguesas presenta en Espacio SVT la exposición «Epílogo», con más de 50 obras que funcionan como un laboratorio contra el envejecimiento
09 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Después de casi tres décadas sin presentar una muestra pictórica, Simón Pacheco vuelve al lugar donde dejó los pinceles. El artista, nacido en Santiago pero profundamente vinculado a Vigo —la ciudad de su familia y donde ha preparado esta exposición— inaugura hoy en SVT Espacio de Arte, la exposición Epílogo (exploraciones pictóricas en la condición ondulatoria del tiempo), una propuesta que supone tanto un regreso a la pintura como una mirada hacia el futuro.
Desde finales del 2006, Pacheco reside en Berlín, aunque desde el 2019 disfruta de una vida nómada que lo ha llevado a recorrer más de sesenta países. Viajar, explica, forma parte de su propia investigación artística. «Cuando uno viaja, el tiempo se vive de otra manera. Mi único plan es no tener planes», resume. Esa percepción subjetiva del avance del reloj ha atravesado toda su trayectoria y vuelve a convertirse ahora en el eje de una exposición en la que la pintura recupera el protagonismo.
El artista dejó de trabajar con esta técnica en 1999 para centrarse en la fotografía y el vídeo, disciplinas con las que desarrolló buena parte de su carrera y gracias a las que su obra entró en colecciones como las del CGAC o Afundación. Ahora retoma exactamente el punto donde lo había dejado. De ahí el título de la muestra: un epílogo que prolonga el recorrido iniciado hace casi tres décadas.
La exposición arranca precisamente con los dos pequeños cuadros enfrentados que pintó en 1999, las últimas obras de aquella etapa, convertidas ahora en el punto de partida de un recorrido integrado por más de medio centenar de piezas que desarrollan ese mismo universo.
Refleja al espectador
La pieza central de la muestra comisariada por Ángel Cerviño es un autorretrato realizado a partir de una fotografía de juventud, «pero envejecido deliberadamente mediante una apariencia antigua y craquelada», explica. La obra, un guiño humilde a Caravaggio, dialoga con un singular artefacto visual de acero pulido, fabricado por la empresa viguesa Zerotec, que refleja al espectador en el presente mientras el retrato parece hundirse en el pasado. Alrededor, se despliegan más de medio centenar de pinturas en las que el gesto repetido funciona como una especie de «sismógrafo» del tiempo.
Para Pacheco, el arte funciona como un laboratorio desde el que intentar comprender y desafiar el paso del tiempo. «Todos buscamos una manera de escapar del envejecimiento y de la muerte», reflexiona. «Unos recurren a cremas, otros al bisturí; yo utilizo la creatividad para investigar cómo percibimos el tiempo y buscar otras maneras de entender la realidad», aclara.
Lejos de limitarse al lienzo tradicional, el artista ha trabajado sobre soportes tecnológicos como aluminio, metacrilato o materiales acrílicos recuperados gracias a otras empresas viguesas. Parte de esas superficies proceden de restos cedidos por Breoglass y Plastmeca, que Pacheco, muy agradecido por su generosidad, reutilizó como base para sus investigaciones pictóricas.
Pero el verdadero motor de este regreso tiene un nombre propio: Iris, su hija de once años, la niña de sus ojos. La exposición está dedicada a ella y ha participado activamente en el montaje. Para Pacheco, convertirse en padre cambió incluso su manera de entender la creación artística. Confiesa que dejó de sentir la necesidad de buscar la trascendencia únicamente a través de su obra plástica y su ego, y encontró en su hija una forma distinta de proyectarse hacia el futuro. «Quería que entendiera quién soy como artista y crear con ella un recuerdo que le acompañe toda la vida», explica. Esa idea de futuro atraviesa toda la exposición, donde el tiempo deja de ser una línea para convertirse en un espacio de posibilidades, de idas y venidas entre pasado, presente y lo que vendrá después.
Pero el autor de Epílogo manifiesta que esta exposición también tiene un contenido emocional conectado con los que ya no están: «Quiero dedicársela a los amigos del arte que se merecen muchos epílogos necesarios: Alberto González-Alegre, Darío Villalba, María Falagan, Berta Cáccamo... Y a todos aquellos que siguen teniendo su epílogo en nuestra memoria subjetiva», dice.
Los espectadores tienen posibilidad de acceder a su fórmula de juventud eterna: «Ofrezco epílogos a partir de retratos por encargo con la misma pose, iluminación y artefacto visual de acero a partir de una fotografía de la persona cuando era más joven», advierte. La exposición Epílogo podrá visitarse hasta el 18 de septiembre en Espacio SVT (Gran Vía, 129).