La comunidad de montes de Coruxo, en Vigo, usa acacias como nodrizas de especies atlánticas
01 jul 2026 . Actualizado a las 23:13 h.A las 09.30 horas de la mañana del domingo, con la niebla todavía sobre la ría, un grupo de voluntarios y comuneros de Coruxo subió al monte cargado de herramientas para librar una batalla contra la acacia negra, una especie invasora que llegó a Vigo en los años 60 dentro de los planes de reforestación de la dictadura. Este árbol es una auténtica plaga en todos los montes que rodean la ciudad y en los de su área metropolitana. Los comuneros caminaron hasta la finca de Leixeade-O Pontón, una parcela que los incendios del 2017 calcinaron por completo. Allí hay un grupo de acacias secas y sin corteza. Las matan así, a mano, pero no las arrancan ni las eliminan de la parcela. Es un trabajo difícil, ya que consiste en retirarles la corteza desde la altura del pecho hasta la base.
Estas acacias actúan como nodrizas de otras especies autóctonas que crecen a su sombra, ya que el sol del verano las puede matar. Así se desarrollan y, cuando ya son más fuertes, se pueden eliminar las acacias. «Estamos a aplicar esta técnica experimental e a verdade é que estamos moi contentos cos seus resultados», indicaba el vicepresidente de la Comunidad de Montes de Coruxo, Afonso Rodríguez. Otro de los aspectos que hacen especial este método es que los árboles que se mantienen en pie también ayudan a proteger y a aportar riqueza al suelo.
Los resultados, casi nueve años después de aquellos incendios, son destacables a simple vista. Hoy, lo que era ceniza y esqueletos de acacias y eucaliptos calcinados es un pequeño bosque autóctono que cada vez es más grande. El objetivo es que en unos años pueda crecer por su cuenta, ya que un bosque atlántico se autogestiona y funciona como barrera contra especies invasoras e incendios.
Otra cosa especial del pequeño bosque que crece en Coruxo es que está creado a partir de voluntarios. Trabajan todos los meses, exceptuando el verano, en jornadas de desacaciado. Cada uno lleva lo que puede, pero para luchar contra la especie invasora se necesitan «machadas, serras de man ou podóns», recuerdan en la comunidad de montes. Las jornadas de voluntariado, si todo va bien, volverán en septiembre.