La tiradora de El Olivo conquista su primera medalla continental, un bronce en florete
30 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El bronce europeo conquistado por María Mariño hace unos días no solo es un hito en su carrera, ya que nunca antes había subido al podio en una competición de esta envergadura, sino también para el florete español, que tampoco había llegado previamente a cotas tan altas. La tiradora pontevedresa del club vigués El Olivo, afincada en Italia desde hace cinco años, ha visto los frutos del sacrificio y de irse lejos para dar un paso más en su carrera y no se conforma.
Mariño ve este éxito como «una recompensa bonita al trabajo» y se muestra muy contenta. Asegura que sabía que tenía sus opciones y, en esta ocasión, pudo exprimirlas para lograr la medalla. «El Campeonato de Europa es una competición muy complicada, más corta, pero muy intensa. Digamos que no hay ningún asalto cómodo y sabía que necesitaba un día de rendir bien de principio a fin. Al final, salió bien», celebra. Y eso que admite que le «costó romper el hielo» hasta el punto de que en la fase de poules, que se le presentaba dura por las rivales que le correspondieron cosechó tres victorias y otra tantas derrotas. «Son asaltos cortitos, sin apenas margen de erorr. Pero sabía que es un trámite, que lo importante es pasar la fase», recuerda.
A partir de ahí, estuvo más cómoda, sacando adelante asaltos ya más largos hasta certificar la primera plaza. «Fue un momento de muchas emociones, mucha satisfacción y un poco de locura todo», dice sobre sus sensaciones al saber que había roto esa barrera en su carrera. «La suerte es un factor que a veces está contigo y otras, no. Cambia mucho de bando y es innegable que a veces tiene un papel, pero creo que hay que mirarla poco», dice preguntada por si había sido eso lo que le había faltado en ocasiones anteriores. Lo atribuye sobe todo a su «crecimiento de los últimos años».
Y ahí tiene un papel clave su decisión de haberse ido a Italia -se mudó en el 2021- para trabajar con Luca Simoncelli. «Estoy trabajando bien, entrenando donde hay más nivel y eso se nota. Cambié de maestro y estoy con uno de los mejores del mundo en este momento», lo que también implica un grupo de entrenamientos de un nivel muy alto. «Aunque nuestro deporte es individual, te apoyas en los compañeros con los que trabajas diariamente, que te ayudan a crecer. Aquí, entre ellos, hay campeones del mundo y de Europa», enfatiza.
Aunque ahora está lejos de su progenitor y primer maestro, Manuel Mariño, no se le olvida que «es el que te pone en guardia y sentó las bases» de la deportista que es hoy en día. «Por supuesto, es parte fundamental de mi trayectoria y, además, es mi padre», de modo que el vínculo sigue siendo muy fuerte aunque haya tomado otro camino deportivo. «No pudieron venir a la competición, pero sí que la estuvieron siguiendo», cuenta haciéndolo extensivo al resto de su familia y a la gente del que sigue siendo su club, El Olivo.
Mariño no sabe si esto será un punto de inflexión, pero se centra en lo que sí es ya seguro: «Un éxito importante para mí y para el florete femenino español. Espero que no sea la última», desea cuando está a las puertas del Campeonato del Mundo programado para finales de julio. «Esta medalla es de las que disfrutas poco tiempo, porque ya estás entrenando para preparar bien el siguiente objetivo. A corto plazo, pienso en eso, en cerrar la temporada lo mejor posible y el año que viene, empezar otra vez con buen pie para ver si hay opciones de clasificación para los Juegos», plantea en referencia a Los Ángeles 2028.
Pero la deportista gallega no es partidaria de pensar demasiado a largo plazo. «Aunque ahora empieza a estar relativamente cerca y en abril empezamos ese camino, prefiero ir paso a paso», afirma. Admite que los Juegos, de los que se quedó cerca varias veces en los correspondientes preolímpicos, son un «objetivo bonito» que le gustaría conseguir, pero no siente que tenga una espina clavado por no haber llegado hasta ahora a esas instancias. «Tenemos buenas opciones también como equipo y creo que sería una experiencia todavía mejor, pero no me gusta obsesionarme con ello. Nuestro deporte tiene un sistema de clasificación con el que muchísimos grandes tiradores se han quedado fuera, así que no creo que sea lo único en lo que debes pensar. A veces se empañan un poco otras competiciones y vivencias y es importante darle valor a todo», opina.
Son palabras de una psicóloga que compagina esa profesión con el deporte de élite. Pero aunque esa faceta le sirve en cierta medida para tener ese enfoque, ella trabaja con un profesional aparte. «Al final, aprendes muchas cosas —por su formación y su trabajo—, pero esto es como los médicos, que no te puedes autodiagnosticar», dice divertida. Mientras compagina ambos roles, por ahora no le falta motivación para seguir en activo, y más, tras esta medalla. «Lo malo es que esto engancha», ahonda. Pero consiga o no más éxitos como este, lo que más valora es «los que están siempre cuando las cosas van bien, cuando van mal… La gente a la que quieres de verdad». Para ellos va este bronce histórico.