«Hay vecinos con problemas de salud mental que nunca llegan al ambulatorio»
VIGO
O Condado y A Paradanta se exponen a perder la red de apoyo de Avelaíña
28 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.«Hay vecinos con problemas de salud mental que nunca llegan al ambulatorio». Eva Caparroz, directora técnica del programa Achego, lo ve cada día en O Condado, A Paradanta y Salceda de Caselas. «No porque no quieran, sino porque no tienen transporte, porque viven solas o porque su propio problema de salud mental les impide salir de casa. Cuando eso ocurre, la ayuda tiene que llegar hasta ellas».
Esa realidad llevó a Avelaíña a crear Achego, un programa de atención psicosocial comunitaria que lleva psicólogos, trabajadores sociales y educadores hasta personas con problemas de salud mental con dificultades para acceder a la atención. Hoy acompaña a más de 200 usuarios de una decena de municipios, pero la asociación advierte de que tendrá que cerrarlo a final de año si no consigue una financiación estable.
Hace una década, las trabajadoras sociales de O Condado, A Paradanta y Salceda de Caselas, explican, les pidieron ayuda tras detectar que numerosos vecinos con problemas de salud mental quedaban fuera del sistema de atención. Avelaíña analizó la situación y de ese diagnóstico nació Achego. «La situación era selvática», resume el gerente, Rafael Álvarez. La radiografía realizada en 2016 concluyó que dos de cada tres personas con problemas de salud mental no estaban correctamente diagnosticadas o tratadas. La dispersión geográfica, la falta de transporte y la distancia hasta la entonces unidad de salud mental de Lavadores dificultaban el acceso a la atención especializada. Aunque posteriormente el servicio se trasladó a Ponteareas, Álvarez sostiene que esas barreras siguen retrasando la atención. «La atención temprana en salud mental es fundamental». Achego complementa la atención sanitaria y el trabajo de la unidad de salud mental del Sergas desde la proximidad. Psicólogos, trabajadores sociales y educadores sociales visitan domicilios cuando es necesario, realizan un seguimiento continuado y ayudan a conectar a los usuarios con los recursos sociales, sanitarios y comunitarios.
El programa no está dirigido a personas con enfermedad mental grave, que cuentan con recursos específicos, sino a vecinos que atraviesan trastornos leves o moderados, como ansiedad, depresión o procesos de duelo, y que pueden cronificarse si no reciben apoyo a tiempo. «El valor que aportamos son modelos comunitarios de atención en salud mental. La sanidad pública ni los aporta ni los va a aportar nunca. Lo que pierde el rural es esa atención cercana. Se quedan otra vez solas y no existe una alternativa», afirma Eva Caparroz.
La directora técnica insiste en que el principal valor del programa es llegar donde otros recursos no llegan. «Podrían poner 25 psicólogos más, pero tampoco llegarían porque nosotros nos acercamos a las casas y a los domicilios». Y resume la filosofía de Achego con una frase: «Acercamos los recursos a las personas y creamos redes de apoyo». Desde su puesta en marcha, Achego ha atendido a 1.864 personas y actualmente acompaña a más de 200 usuarios de O Condado, A Paradanta y Salceda de Caselas. Según Avelaíña, la demanda sigue creciendo y el programa funciona ya con lista de espera.
Su continuidad depende ahora de una financiación que la asociación considera insuficiente e inestable. Achego se sostiene con aportaciones de los ayuntamientos, ayudas públicas y recursos propios, pero la pérdida de una de las subvenciones que obtenía en concurrencia competitiva obligó a Avelaíña a mantener el servicio con fondos propios para no dejar sin atención a sus usuarios. Ese esfuerzo, unido al incremento de costes, llevó a la entidad a cerrar 2025 con un déficit de 144.000 euros, el primero en sus 28 años de trayectoria.
Avelaíña insiste en que no reclama una ayuda puntual, sino una financiación estable que permita consolidar un recurso que considera imprescindible para la comarca. Confía en que las administraciones encuentren una solución que garantice la continuidad de un programa que nació para responder a una necesidad detectada por los propios servicios sociales y que, casi diez años después, sigue acompañando a quienes más dificultades tienen para acceder a la atención. «Si Achego desaparece, más de 200 personas volverán a quedarse solas. Van a volver a la soledad y van a quedar solas y aisladas», concluye Eva Caparroz.