El secretario general de la Unidade Galega de Transportistas: «El autoodio a la profesión ha dejado a Galicia sin infinidad de camioneros»

Carlos Punzón
Carlos Punzón VIGO / LA VOZ

VIGO

Alberto Vila, esta semana en O Porriño, donde Vieiros tiene una de sus sedes
Alberto Vila, esta semana en O Porriño, donde Vieiros tiene una de sus sedes XOÁN CARLOS GIL

Alberto Vila asegura que la logística es la pieza clave que vertebra el noroeste. Mantiene que no hay alternativa al diésel en el sector: «El camión eléctrico es inviable»

28 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Alberto Vila (Beade, Vigo, 1977) habla de Galicia como si se tratase de un cuerpo: las carreteras son su esqueleto y los camiones y furgonetas, la sangre que hace que todos los órganos funcionen. Está convencido de que el transporte sigue generando un empleo imprescindible para la comunidad, y por eso se ha empeñado en lograr un sector más cohesionado y profesional en beneficio de todos. Vieiros, Unidade Galega de Transportistas, de la que es secretario general, es la plataforma que impulsa desde hace dos años para dignificar la actividad de los profesionales de la carretera, tras haber dado dimensión durante dos décadas desde Ourense a la Asociación Empresarial de Transporte de Mercancías por Carretera.

Aunque arrancó su periplo profesional como ingeniero industrial, el mundo de la formación le conectó con el camión. «Es un hecho sociológico que tengo constatado: hay más gente que se dedica al transporte en las zonas de menor actividad industrial que donde la hay, porque si quieres seguir viviendo en ese tipo de lugares, ¿a qué te dedicas?: a transportar», mantiene Vila para reivindicar la actividad que para él tiene una importancia mayor que la meramente logística.

La estructura media del sector en Galicia es de poco más de cuatro vehículos por empresa, una atomización que el secretario general de Vieiros considera que requiere de una unidad mayor que la existente. Por eso impulsa su plataforma, para representar a los transportistas que quedan en el espacio que considera desatendido entre las grandes corporaciones —en las que advierte que cada vez tienen más peso los fondos de inversión—, y los sindicatos. «En esa franja hay todo un magma de actividad económica de pequeñas empresas, cooperativas y autónomos que no tienen la representación que precisan», asegura.

Describe las relaciones entre las distintas clases del transporte como la del pequeño que es contratado por el grande y este por una firma mucho más grande. «El transporte en sí son 6.000 empresas y 24.000 vehículos en Galicia, representa en el PIB tanto como la factoría de Stellantis de Vigo, y si le sumas toda la industria auxiliar, aún más peso, pero la importancia del transporte se la da su condición vertebradora», insiste Alberto Vila.

El perfil clásico del camionero de décadas anteriores era el de un joven que aprovechaba la mili para conseguir gratis todos los carnés de conducir posibles, y que después le sacaba partido a los ahorros familiares para comprarse un camión y tener una ocupación al poco de licenciarse. «Esa dinámica se cortó, entre otras cosas porque un gran número de camioneros se han hartado de decirles a sus hijos que no se metiesen en el camión por su dureza, porque les obliga a estar lejos de casa, por un autoodio a la profesión impropio de una actividad puramente vocacional que ha dejado a Galicia sin infinidad de camioneros», lamenta. «No hay conductores y si quieres traerlos de fuera, como para cualquier oficio, se convierte en una encrucijada de ocho meses porque los servicios de extranjería provinciales son un desastre», se queja.

En su experiencia, la mano de obra foránea en el camión se desenvuelve con más solvencia si ya se dedica al sector profesionalmente en sus países de origen, lo que es realmente minoritario, constata. «Y luego queda adaptarlos aquí, a los camiones de ahora, pues en Latinoamérica, por ejemplo, manejan vehículos americanos de hace treinta y cuarenta años, y llegan a las autovías que tenemos y alucinan».

Vila, nacido en el barrio vigués de Beade, a los siete años
Vila, nacido en el barrio vigués de Beade, a los siete años Álbum familiar

Vieiros está empeñada también en volver a atraer a la juventud gallega al mundo del transporte, con unos filtros formativos que asegura son fáciles de superar. «En toda España hay 800.000 parados con los permisos habilitantes para ser camioneros, pero al mismo tiempo las empresas no tienen profesionales suficientes», apunta la paradoja. Los salarios, la conciliación, el tiempo libre y la dureza del trabajo pesan más que nunca.

No ve Alberto Vila competencia de otros medios de transporte, ni del barco ni del tren. «La tendencia ahora es cada vez hacia camiones más grandes para atender las tendencias tan diversas del consumo actual y la entrega inmediata. No hay nada más competitivo que el camión», garantiza. Y sobre la evolución de los combustibles en el transporte es igual de categórico: «No hay alternativa al diésel. A día de hoy la alternativa al diésel para el camión pesado es el diésel. El camión eléctrico es inviable». Por eso, señala que plataformas profesionales como la suya presionan al Gobierno para la concesión de ayudas al achatarramiento de la flota más antigua. «Esa renovación traería la mayor reducción de emisiones que es posible hoy», dice, mientras echa cálculos de lo que cuesta un camión: «100.000 euros para las cabezas tractoras más asequibles; 150.000 en la gama media, y sube a 300.000 para un portacoches. El covid disparó también aquí los precios».