Doble vocación a través del bádminton

M. V. F. VIGO

VIGO

Jorge García, en el pabellón de la Etea, antes de un entrenamiento del Bádminton Cíes.
Jorge García, en el pabellón de la Etea, antes de un entrenamiento del Bádminton Cíes. XOÁN CARLOS GIL

Jorge García descubrió practicando su deporte que quería ser entrenador y maestro; hoy ejerce ambas

15 jun 2026 . Actualizado a las 05:30 h.

Una actividad extraescolar en el colegio fue el primer contacto con el bádminton de Jorge García (Vigo, 1995), que veinte años después de aquellos inicios, cuando tenía once, ejerce de entrenador y árbitro, aparte de no haber dejado nunca de jugar. Los comienzos fueron en el IES de Teis y esta disciplina le enganchó desde el primer momento. «No tardé mucho en pasar de la actividad extraescolar a club, y con 16 años, ya empecé a entrenar a los pequeños», resume.

Cuenta que una de las cosas que le llamó la atención en de partida fue «que no había diferencia entre chicos y chicas». «Y a día de hoy, la modalidad de dobles mixtos sigue siendo la que más me gusta, porque jugamos juntos sin ningún tipo de desigualdad, algo que sí pasa en otros deportes», plantea. Y señala que poder compartirlo con compañeras de clase y amigas fue algo que le llamó la atención.

El cambio del instituto al club le llevó al Rachaplumas, donde estuvo tres años antes de pasar al Bádminton Cíes, su actual entidad y donde ha superado ya los tres lustros. Allí ejerce de jugador y de entrenador, una vocación que apareció pronto. «Lo vieron más mis profesores de la actividad extraescolar, que eran los de Educación Física, que yo. Percibieron que había vocación de enseñar y no se equivocaron, porque a día de hoy también soy maestro de Educación Especial», detalla. Le influyó también, admite, que a partir de los 16, si no eres federado, no puedes jugar al acabar la etapa escolar. «Me lo propusieron (ejercer de técnico) como una forma de seguir ligado a este mundo y acepté. Hasta el día de hoy y espero que bastantes años más», dice a modo de declaración de intenciones.

En esos primeros años como técnico, entrenaba a niños de diez o doce que eran compañeros de instituto. «Los conocías y, en ese aspecto, podía darte un poco de vértigo. Yo, en ese momento, aún no era consciente de mi vocación de enseñar, pero ahora lo pienso y veo que llevo más de la mitad de mi vida haciéndolo con otras personas. Tiene algo que te sale de forma natural y por eso nunca lo vi con vértigo», asegura.

García explica que lo más complicado de ser entrenador de este deporte es que «el bádminton es fácil de aprender, pero muy difícil de perfeccionar». Lo argumenta explicando que ese crecimiento va en función de detalles y «enseñarlos se complica bastante, especialmente, a los niños». Él trabaja y ha trabajado con deportistas de edades muy variadas. «En club tenemos desde los ocho años a gente de 40, 50 o 60 que quiere venir a probar. No hay límites ni hacia arriba ni hacia abajo», destaca. Y él tampoco tiene preferencia en trabajar con unos y otros. «Me da un poco lo mismo. Puedo tener un poco de preferencia por los niños porque es mi vocación, per en realidad me da un poco igual», asevera.

Y mientras entrena, sigue jugando, aunque admite que se complica atender a las dos cosas y que prioriza la primera faceta. «Estamos jugando la Liga Galaico-Asturiana y yo ejerzo de entrenador y jugador a la vez», apunta. Con la complejidad que eso conlleva. «Tus horas de entrenamiento son las mismas que las de tus compañeros de equipo a los que entrenas, así que te dejas un poco de lado por el bien del club y del equipo», razona. Y así como cuenta con seguir entrenado muchos años, cuando se habla de jugar, no lo tiene tan claro. «No sabes hasta qué punto puedes llegar. Ahora está el mundo sénior, que desde los 30 ya juegas en esa categoría, pero a medida que pasan los años, hay cambios en tu vida y puede ser que lo dejes», dice sin concretar sus planes, pero sin ocultar que ha «dejado muchas cosas de lado» por su deporte.

Hasta el momento, «por suerte o por desgracia», no ha tenido ningún parón en su vínculo con el bádminton. «Alguna vez me he planteado dejarlo, porque es más de media vida y sí que lo piensas, pero aquí sigo», ahonda. Y no solo eso, sino que a los 19 años le sumó la faceta de árbitro, que también desempeña en la actualidad. «Empiezas porque te sacas un dinero a esas edades y a día de hoy, soy árbitro internacional y juez árbitro nacional. Es otra experiencia, otro punto de vista del bádminton», valora. Además, se retroalimenta con el rol de técnico. «Trato de enseñarles a los chavales esta parte, que se olvida mucho y sin árbitros, no hay competición», reivindica.

En el bádminton, dice, los colegiados también están menospreciados, «pero lo que diga el árbitro se respeta e incluso la propia normativa defiende al árbitro», con sanciones importantes ante cualquier ofensa hacia ellos. «Ahí estamos mejor que otros deportes», considera. Para ejercer, se mueve mucho a nivel nacional para poder compaginar con su trabajo y el resto de obligaciones en el club. «Intento arbitrar dos o tres veces al mes para tener mi espacio», indica.

Trabaja por las mañanas en el colegio Calasancias de nueve a dos y entrena casi todas las tardes, entre miembros del club y escuelas. «No es fácil, pero sacas tiempo y, a veces, tiras de otra gente del club o jugadores que tienen el título de entrenador», revela. En el Bádminton Cíes, además, son una familia: «Entre todos, intentamos sacar todo adelante».