Leyendas y mitos a través de las esculturas de la ría de Vigo

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO

El arte público ofrece monumentos al imaginario colectivo en distintos municipios

06 jun 2026 . Actualizado a las 11:09 h.

La escultura pública suele estar ligada a personas reales o colectivos con cierta relevancia en distintos ámbitos de una sociedad. Sin embargo, también existe otro tipo de obra artística cuyo significado supera la realidad para adentrarse en el imaginario colectivo de una población a modo de mito o de figura fantástica. Incluso puede asumir la función de materializar un concepto o una alegoría.

En Vigo, el paradigma de esta forma de afrontar el arte es El Sireno, de Francisco Leiro. El artista de Cambados nunca aceptó ese nombre como fiel reflejo de su creación. Él lo denominó Home peixe, pero la leyenda popular atribuye el bautizo al concejal Francisco Santomé, quien, harto de explicar lo que quería representar Leiro, lo resumió como «unha especie de sireno».

En septiembre de 2002, la obra de Francisco Leiro también llegó al campus universitario vigués. El propio autor fue el encargado de descubrir Tempo, una alegoría del tiempo esculpida en granito negro atravesado por una veta de cuarzo. Muestra una figura humana inclinada hacia atrás, aunque con la cabeza ligeramente avanzada y soportada por una mano en el mentón con gesto pensativo. Está situada frente a la Facultad de Filología.

El entorno de Samil también acoge un mito griego. El tudense Juan Oliveira se atrevió con el Rapto de Europa, en el que Zeus, transformado en toro, seduce y secuestra a la doncella Europa. Fue colocada en 1991 en la rotonda de unión entre las avenidas de Samil y Europa. Oliveira añadió a la escena la bandera de la Unión Europea.

En el 2006 fue instalada en el paseo de Alfonso XII una escultura de bronce aupada en una columna cilíndrica. Fue realizada por Xaime Quessada. Estaba conformada por un personaje femenino montado sobre un dragón. Se explicó entonces que la obra era un homenaje a los trovadores de la ría. Ambos personajes superan el ámbito real para introducirse en un espacio plenamente literario.

El mundo legendario relacionado con el mar lleva irremediablemente a la figura de la sirena, aquellas doncellas marinas siempre dispuestas a subyugar a los navegantes. Sergio Portela firmó un ejemplar para el Museo do Mar de Galicia. Manuel Coia fue más lejos al llevar su composición al mar, frente al paseo marítimo de Cangas. Su sirenita emerge de la proa de una embarcación hundida. Mientras el barco fue realizado en granito, la imagen del ser legendario fue elaborada en bronce.

El mito del hombre-pez fue tratado por Francisco Asorey en su espléndida columna de soporte de la placa de la calle de Eduardo Cabello, en Bouzas. Es una columna de cuatro metros de altura en la que sobresale un relieve de un hombre-tritón que sostiene un ancla.

Regresando a la obra de Sergio Portela, el escultor acudió a la alegoría para plantear O susurro, una obra ubicada en la entrada del Verbum. Un hombre, que abraza amorosamente a una mujer, le habla al oído. Son la confianza y la intimidad hechas escultura.

La alegoría más clásica del conjunto estatuario público vigués se encuentra en los jardines de As Avenidas. Es el monumento a José Elduayen, realizado por Agustín Querol i Subirats sobre un pedestal creado por Jenaro de la Fuente Domínguez. La alegoría está en las figuras femeninas situadas en las esquinas de la base del conjunto, porque representan los ministerios que dirigió el político decimonónico. Más asombroso es conocer que en lo alto del edificio Albo, situado en la esquina de Gran Vía con Urzaiz, hay una copia de una obra que se puede ver en el Louvre. Se trata de la Victoria de Samotracia, cuyo original fue realizado a comienzos del siglo II a. C. En la mitología griega, se corresponde esa figura con la victoria. La copia que corona este edificio vigués fue realizada por Jesús Picón.

En 1928 se inauguraba la plaza de Portugal, presidida por una gran fuente. En ella, en forma de relieve, se sitúan dos tritones entrelazados esculpidos por Camilo Fernández Correa, O Roxo.

El autor de la reforma del entorno del paseo marítimo de Moaña, el arquitecto Juan Rivas, explicaba en el año 2010 que la escultura denominada O fisgón, plasmada por Manuel Varela, es «el dios del mar de Moaña personificado en un marinero». Así que podría entrar perfectamente en el ámbito de la escultura mitológica. Este mismo artista fue el responsable de realizar la pieza denominada Ondina, que se puede ver en la rotonda del puerto de Cangas. Aúna el elemento mitológico, plasmado en la representación de una diosa marina, y el alegórico, porque el escultor le añadió una crítica a la contaminación de los mares.

El gran escultor ourensano Acisclo Manzano firmó en Redondela a comienzos del siglo XXI su visión de las Penlas, las niñas que bailan a caballo de las burras durante la Festa da Coca. Las figuras, que llevan alas en sus espaldas, simbolizan el bien y la pureza frente a la maldad del dragón.

Desde hace unos años es muy frecuente en Vigo el encargo de piezas escultóricas dedicadas a diferentes colectivos. Ahí están la que homenajea a los donantes de órganos y sangre, realizada por Adrián Otero y situada en las Avenidas; la memoria de los marineros desaparecidos en el mar, de Cándido Pazos; o distintas obras realizadas por alumnos de la Escola de Canteiros, como la que recuerda a los familiares y enfermos de alzhéimer o a los afectados por el párkinson. Incluso podríamos volver a admirar la espléndida plasmación del gigantesco impulso experimentado por Vigo de Camilo Nogueira Martínez, un conjunto alegórico que se encuentra en el interior de la fortaleza de O Castro.