7 de cada 10 incendios en el área de Vigo son intencionados

Javier Romero Doniz
J. ROMERO VIGO / LA VOZ

VIGO

Incendio este año en el monte Galleiro.
Incendio este año en el monte Galleiro. M.Moralejo

En agosto del 2025, se elevó a ocho frente de cada decena en el sur de la provincia, y el perfil de los autores responde casi siempre al mismo: vecinos de aldeas con problemas de integración y violentos

10 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En los montes del sur de la provincia de Pontevedra, el fuego rara vez es un castigo ciego de la naturaleza. En el complejo tablero de la llamada lucha contra el fuego, las cifras arrojan una realidad cruda: la intencionalidad no es una sospecha, es una estadística estructural. Según los datos de la Unidad de Investigación de Incendios Forestales (UIFO) de la Xunta de Galicia, la media de incendios provocados en el faldón de la comunidad se sitúa sistemáticamente por encima del 70 %. En determinados puntos críticos y durante los meses de condiciones meteorológicas extremas, esta tasa de criminalidad escala hasta el 80%. No se trata de accidentes; responde a una actividad deliberada y recurrente.

Al frente de estas pesquisas se encuentra la UIFO, cuya naturaleza es puramente técnica y operativa y depende de la Consellería do Medio Rural. La voz que sustenta este análisis pertenece a Aurelio Mosteiro, integrante de la unidad. Los miembros de la UIFO no son precisamente investigadores de escritorio; han pasado gran parte de su carrera en la primera línea de extinción. Esta experiencia previa otorga un conocimiento quirúrgico del comportamiento del fuego, una habilidad esencial para la «lectura» del monte. Su misión es clara: localizar el punto de inicio. Sin ese epicentro, el atestado judicial carece de cimientos, pues es en ese foco original donde se determina si el origen reside en el dolo, la negligencia o el infortunio.

sobre el terreno

¿Cómo investiga la UIFO?

La investigación de un incendio forestal es una carrera de fondo contra la pérdida de pruebas. La UIFO trabaja frecuentemente en binomios de seguridad con el Seprona de la Guardia Civil y la Policía Autonómica. En el distrito forestal que abarca municipios como Ponteareas, Mondariz, Arbo o A Cañiza, esta colaboración es permanente debido a la alta conflictividad incendiaria. La complejidad de imputar un delito de incendio forestal reside en la dificultad de obtener pruebas directas. «Es muy complejo», admite Mosteiro, que reconoce que «rara vez se sorprende al autor con el mechero en la mano». Por ello, la unidad construye atestados sólidos basados en una suma de pruebas indiciarias. El proceso es un puzle forense que incluye: «Análisis del punto de inicio, búsqueda de vestigios de acelerantes, artefactos o mechas». Supone encajar la triangulación de testimonios y tecnología: «Se concatenan declaraciones de testigos con el registro de cámaras de videovigilancia en vías de acceso y zonas perimetrales. Si un vehículo de características específicas sale del monte minutos antes del aviso, rastreamos su trayectoria hasta identificar al conductor», detalla Mosteiro.

En zonas de alta recurrencia, la UIFO intenta ir un paso por delante mediante operativos de vigilancia autorizados judicialmente. El uso de tecnología restrictiva, como cámaras ocultas en el monte, requiere una coordinación estrecha con jueces y fiscales expertos en medio ambiente, a quienes se debe demostrar previamente la «actividad incendiaria habitual» para justificar la limitación de derechos individuales en favor de la protección del patrimonio natural. PERFIL INCENDIARIO

Salud mental

Frente a la creencia popular del pirómano como un enfermo incontrolable, la UIFO dibuja un perfil mucho más mundano y, en consecuencia, más difícil de detectar. Y es que los casos de piromanía clínica son residuales en la provincia. El perfil predominante en el sur de Pontevedra responde a personas con desarraigo social, problemas de integración y, muy frecuentemente, cuadros de alcoholismo o resentimiento por conflictos vecinales.

El «silencio de la aldea» sigue siendo uno de los mayores obstáculos para la justicia. «En núcleos poblacionales reducidos, el miedo al vecino violento o con antecedentes delictivos impera sobre el deber de denunciar y la labor indagatoria exige leer entre líneas», explica Mosteiro, ya que los vecinos a menudo callan lo que todos saben por temor a represalias. Además, la experiencia de las investigaciones descarta la existencia de tramas organizadas o grandes estructuras criminales. La realidad es más fragmentada y cruda: «Se trata de lobos solitarios o pequeños grupos de dos o tres personas. Existe, no obstante, un peligroso efecto contagio», añade este agente medioambiental. Su relato va más allá: cuando el norte de Portugal arde, la visibilidad del fuego actúa como un catalizador para los incendiarios locales, quienes aprovechan que los medios de extinción están desbordados o desplazados para actuar bajo el radar, buscando la impunidad que ofrece el caos.

CAUSAS VARIADAS

La primera chispa. La tipología de los incendios empieza en la voluntad de hacer daño y termina la imprudencia temeraria o involuntaria. En los incendios intencionados, los métodos han evolucionado. «Si bien el mechero o la cerilla siguen presentes, la presión policial iniciada sobre todo con el actual siglo, a partir del 2000, obligó a los autores a ser más cautos y emplear en ocasiones pastillas de encendido o artefactos con mecha que les permiten alejarse del lugar antes de que las llamas sean visibles para no ser relacionado con la primera chista o llama», detalla Mosteiro.

Los incendios por accidente o negligencia suelen tener un componente mecánico o eléctrico. Una chispa producida por una desbrozadora que impacta contra una piedra, o un cable de alta tensión que cede ante la caída de un árbol, pueden ser el origen de un gran desastre. El análisis técnico resulta fundamental para entender las circunstancias que motivan ciertas columnas de fuego El factor determinante es la regla del 30: temperaturas superiores a 30 grados, vientos de más de más 30 kilómetros por hora y, sobre todo, una humedad relativa por debajo del 30 %.

Bajo estas condiciones de «estrés hídrico», el combustible forestal —hojarasca y la vegetación muerta— pierde su humedad y se vuelve extremadamente volátil, concreta Mosteiro, que añade y recuerda que «una simple partícula incandescente de un tubo de escape o una colilla mal apagada», que en un día húmedo no tendría consecuencias, pero se convierte en estos días críticos en un arma de destrucción masiva. Por ello, desde la UIFO se insiste en una pedagogía de la prevención: en días de riesgo extremo, cualquier actividad en el monte, por rutinaria que sea, puede terminar en un atestado judicial.