El hermoso paisaje del desastre natural de las Cíes

Antón Lois EDUCADOR AMBIENTAL

VIGO

El Parque Nacional prepara un ambicioso plan de restauración ecológica en la zona terrestre del archipiélago

20 abr 2026 . Actualizado a las 08:51 h.

Alguna vez hemos comentado que las islas Cíes son como un fondo de pantalla de Windows: un paisaje espectacular, un decorado fascinante para fotografiar… sin mucho más. Para matizar esta provocadora afirmación conste que nos referimos a la parte terrestre del archipiélago, apenas 433 hectáreas, no a sus 2.658 hectáreas de zona marítima teóricamente protegida. La justificación de esta reflexión tiene que ver con la gran paradoja de Cíes: consideramos un paraíso natural lo que, en realidad, es un espacio ecológicamente destrozado por la acción humana con la ironía añadida de haberle otorgado el máximo rango de protección ? Parque Nacional ? que se puede conceder a un espacio natural.

Durante siglos, cuando el agua dulce no era un factor tan limitante, la agricultura y ganadería fueron alterando gradualmente el ecosistema de la cara este de las islas. Paralelamente la fauna introducida, como conejos (no olvidemos que Cíes fue un coto de caza para la burguesía viguesa) y cabras devastaron su vegetación autóctona y en época contemporánea los gatos y visones americanos fueron un duro golpe para la fauna autóctona de reptiles y aves.

El golpe final llegó con la masiva repoblación de mediados del siglo pasado. Desde el punto de vista forestal aquella plantación de varias especies diferentes de eucaliptos resultó una proeza, pues existían dudas sobre su capacidad de adaptarse a unas condiciones tan extremas, y vaya si lo consiguieron. Lamentablemente, este éxito trajo consigo una concatenación de desastres ecológicos. La escasa cubierta forestal autóctona prácticamente desapareció y desaparecieron también prácticamente todos los manantiales que permitían la supervivencia de los anfibios en la isla, de los que apenas sobrevivió, milagrosamente, un reducto de salamandra en San Martiño. Incluso un lugar tan emblemático como la Lagoa dos Nenos, entre Monteagudo y Faro, no deja de ser una laguna artificial formada por el dique construido para crear una cetárea como vivero de langostas.

En general, podríamos decir que con la excepción de la vegetación dunar, fundamentalmente en el entorno de Muxieiro (Monteagudo) y algún reducto de flora de los acantilados, todo lo que vemos en la superficie de Cíes es el producto de un desastre ecológico que forma un hermoso paisaje natural, he aquí la paradoja. Pero en ningún sitio está escrito que, además de conservar nuestro patrimonio natural, no se puede recuperar lo perdido, y por eso, otra vez, como en su día hicimos con la Camariña, tenemos que volver a felicitar a los responsables del Parque Nacional por el anuncio de la siguiente fase del ambicioso plan de restauración ecológica en las islas consistente en ampliar el esfuerzo para la retirada de las especies vegetales invasoras, fundamentalmente eucaliptos y acacias, y la repoblación con especies autóctonas.

Este proceso de retirada, que ya resulta muy evidente con los eucaliptos en Monteagudo y Faro, se va a intensificar en San Martiño (paradójicamente han dejado para el final el que debería ser el lugar por donde empezar, pues allí sobrevive la última población de anfibios y apenas empezar ya se recuperan los manantiales) y con las acacias, y le seguirán otras especies como la margarita africana tan frecuente en los senderos de las islas.

Para salvar la Lagoa dos Nenos, del que esta semana conocíamos el plan de actuación del Ministerio de Transición Ecológica para intentar su recuperación (y de paso también la playa de Rodas) mucho nos tememos que, emergencia climática mediante, ya no llegaremos a tiempo.

En cualquier caso que quede constancia de la felicitación a los responsables de nuestro único Parque Nacional cuando hacen lo que, con la ley de parques nacionales en la mano, es su objetivo prioritario.