Guía para descubrir Vigo con fantasía

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIIGO / LA VOZ

VIGO

XOÁN CARLOS GIL

Ramón D. Veiga publica una obra que invita a recorrer la ciudad como un cuento

01 may 2026 . Actualizado a las 18:13 h.

Hay ciudades que se recorren con mapas y otras que se descubren con la imaginación. En Vigo pequeno, Ramón D. Veiga propone precisamente eso: volver a mirar Vigo como si fuera la primera vez, con curiosidad y cierta dosis de fantasía.

El punto de partida no es solo literario, sino vital. «Eu non son de Vigo, son de Ferrolterra», cuenta el autor, que sin embargo lleva más de dos décadas viviendo en la ciudad. Tiempo suficiente para que el vínculo se transforme en algo más profundo: «levo aquí vivindo 26 anos, e tratáronme tan ben que pensei que tiña que falar da cidade dalgunha forma», explica.

Ese «falar da cidade» toma forma de paseo. No uno cualquiera, sino uno pensado para niños, pero también para adultos que han olvidado mirar. «Moitas veces, malia que andamos pola rúa, non nos fixamos en cousas que non sabemos o que son, ou nin sequera nos damos conta», reflexiona.

El libro traza un recorrido reconocible y, al mismo tiempo, inesperado. Se entra en Vigo por Rande, se avanza por García Barbón, se atraviesan espacios culturales como el Museo de Arte Contemporánea de Vigo (Marco) y se continúa hacia la Gran Vía, Praza América, Balaídos o Samil. Después, el camino regresa por el Berbés y el Museo do Mar, componiendo una especie de círculo urbano que llega y culmina en el ascensor Halo, por ser el último elemento destacable añadido al paisaje urbano vigués.

Algunos lugares incluso parecen esconderse a plena vista. Es el caso del Castelo de San Sebastián, que en el libro se transforma en una especie de presencia casi invisible: «é como un castelo fantasma, que só ves se queres velo».

Ese desplazamiento de lo real a lo sugerido atraviesa todo el proyecto. Las historias son breves, mezclan datos y ficción, y evitan el tono histórico o turístico para dejar espacio a la fantasía. «Poden coñecer a historia dos monumentos, pero creo que dá un punto máis expandible e creativo». Ahí entra en juego Oliva, la niña que guía el recorrido y que lleva el nombre de una amiga de Ramón. Ella introduce esa capa de reinterpretación constante: Balaídos puede convertirse en un mar de olas y las cubiertas del Concello, en pistas de skate.

Más que una guía, Vigo pequeno funciona como una invitación a recorrerla de otra manera. A leerla, pero también a caminarla. De hecho, esa dimensión práctica está muy presente en la intención del proyecto. Veiga imagina la guía como punto de partida para salidas en familia o incluso actividades escolares. Por ahora no hay presentaciones programadas ya que el libro acaba de salir, aunque sí la voluntad de llevarlo a centros educativos y generar ese vínculo directo con los lectores más jóvenes.

La mirada con la que construye este libro no es casual. La mayor parte de la obra de Veiga está dirigida al público infantil, aunque recuerda que también ha publicado algunos títulos para adultos. Sus inicios como escritor están ligados a un ámbito personal. Su primer libro nació en 2007: «Foi o libro da casa dos vampiros, dedicado á miña filla, sobre unha festa de Samaín na miña casa», relata. Aquel universo doméstico se convirtió en una línea creativa que ha mantenido a lo largo del tiempo. Pero Veiga llegó al mundo del libro desde otro lugar: «Empecei a traballar para editoriais de forma externa, dende a casa. Ata que me chamaron para entrar en Xerais», explica, recordando su trayectoria en el sector tras estudiar Filología Hispánica. Ese recorrido le llevó a convivir durante años con los libros de otros como coordinador de ediciones, hasta que llegó el momento de escribir para finalmente, ser editado por otros.

Ilustraciones

En ese contexto aparece también una decisión clave del proyecto: la elección de las ilustraciones. El libro cuenta con el trabajo de Rubén González, de Ultramarinos Estudio, un equipo al que el autor quería incorporar desde el inicio. Veiga explica que no fue una elección casual, sino un deseo personal. Quería contar con ellos porque conoce su obra desde hace tiempo y admira su estilo, que describe como muy reconocible y especialmente sugerente para este tipo de libro. La conexión con ese universo visual propio y reconocible no es secundaria, sino parte esencial del proyecto: el libro busca precisamente esa continuidad entre texto e imagen, entre lo que se cuenta y lo que se ve, reforzando la idea de un Vigo reinterpretado y adaptado por los autores a una mirada infantil, simplificando sus diseños.