Tras cinco siglos, el rito aspira a reconocimiento internacional
07 abr 2026 . Actualizado a las 19:45 h.El río Miño volvió a ser escenario de encuentro entre ambas orillas con la celebración del Lanzo da Cruz, una tradición que reúne cada Lunes de Pascua a vecinos de Galicia y Portugal en torno a un rito que combina religiosidad, pesca y convivencia. La jornada se desarrolló con el esquema habitual, con la comitiva descendiendo hacia el río y las embarcaciones situándose en el cauce para protagonizar el momento central, seguido por decenas de personas desde ambas riberas. La cita tuvo este año un significado especial al tratarse de la primera edición tras su reconocimiento como patrimonio cultural inmaterial en Portugal, un paso que refuerza el valor de esta práctica histórica y su continuidad. El Lanzo da Cruz no es una romería más. Se trata del único lance de estas características que se mantiene vivo en el Miño, una tradición que en el pasado era habitual a lo largo de su ribera y que hoy solo pervive en este punto.
La historiadora Natalia Jorge Pereira subraya esa singularidad y su valor simbólico. «Os lances eran unha tradición común en toda a ribeira do Miño. Só se conserva aquí. É un exemplo único de como o río une as dúas beiras. Hai simboloxía, fe e historia. O abrazo dos curas no medio do río representa esa unión transfronteiriza», explica. El encuentro en mitad del cauce, con las embarcaciones aproximándose desde cada orilla, es uno de los momentos más representativos de la jornada y visualiza la conexión entre ambas comunidades.
El lance tiene además un origen vinculado a la actividad pesquera del Miño. Según la tradición, la ceremonia servía para bendecir redes, embarcaciones y a las gentes del río, con la intención de proteger la campaña y favorecer las capturas. Ese vínculo con el mundo fluvial sigue presente en la actualidad, manteniendo una práctica heredada que se transmite de generación en generación. La organización corre a cargo de la Asociación Cultural Lanzo da Cruz, que mantiene viva la celebración y adapta su desarrollo a los nuevos tiempos, garantizando la seguridad y la continuidad del ritual. El programa arrancó en jornadas previas con música tradicional y actividades populares y culminó ayer, Lunes de Pascua, con el descenso hacia el río y el desarrollo del acto principal.
En torno a las siete de la tarde se produjo el momento del lance, cuando las embarcaciones se situaron en el cauce y se escenificó el rito central. La tradición señala, además, que la captura de lampreas en la red durante el lance se interpreta como un buen augurio para la temporada, manteniendo así el vínculo con la cultura pesquera del Miño. Tras el acto principal, la celebración continuó con música y convivencia entre los asistentes, en una jornada que volvió a poner de relieve el carácter transfronterizo de la tradición.
El Lanzo da Cruz del Miño no solo mantiene una práctica histórica, sino que simboliza también la relación entre dos territorios unidos por el mismo río y por una identidad compartida. El mantenimiento del lance y su transmisión generacional han permitido conservar un ritual que forma parte del patrimonio cultural del Miño y que, con su reconocimiento oficial, refuerza su proyección. El único lance de cruz que permanece vivo en la actualidad.