La cantante, empresaria y actriz se perdió el estreno de la nueva entrega «Torrente», donde tiene un papel
05 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hay contratiempos en el guion de la vida que el azar pueden inclinar hacia el desastre o hacia la suerte. El que le ocurrió a Silvia Superstar en sus vacaciones a Tailandia fue de los que pueden convertir una pesadillas en un paraíso. A la cantante, actriz y empresaria viguesa se le torcieron los planes al pillarle el inicio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Salió de Madrid el 30 de enero rumbo a Tailandia con la idea de desconectar durante 20 días. Acabó regresando casi dos meses después, el 26 de marzo, tras una cadena de casualidades, errores y un inesperado giro geopolítico que la dejó, literalmente, «atrapada en el paraíso», define.
«Este ha sido el viaje de las señales», resume entre risas la líder de Killer Barbies. Y no le falta razón. Primero, perdió un vuelo por confundirse con el horario. Después, compró otro… pero para el mes equivocado: en lugar de febrero, lo sacó para el 25 de marzo. Cuando llegó al aeropuerto y le dijeron que su billete era para un mes después, no le quedó otra que volver a empezar. El tercero, ya en regla, se canceló por la guerra cuando hacía escala en Abu Dabi. Para entonces, los precios se habían disparado y volver antes era misión imposible. El error anterior, ese billete comprado sin querer para el 25 de marzo, se convirtió en su salvavidas. «Intenté volver antes, pero no había opciones, así que decidí usar ese vuelo que ya tenía», explica. Y lo que iba a ser un contratiempo acabó regalándole semanas extra en el sudeste asiático a la espera. Así que hizo lo que tocaba, quedarse y disfrutar. Primero en Bangkok, después en la isla casi desierta de Koh Kut, donde vivió «a lo Robinson Crusoe», sola, sin más compañía que animales que iba encontrando por el camino y alguna videollamada ocasional. «Necesitaba estar conmigo», explica. El viaje, en realidad, era algo más que unas vacaciones: un punto y aparte tras cerrar etapa vital, vender su último bar en Madrid y recomponerse tras años duros desde la pandemia. «Era para limpiar, para pensar, para recuperar energía», cuenta. Y lo consiguió. Tanto, que cuando llegó el momento de volver, lo hizo «con lágrimas en los ojos», reconoce.
El cierre del viaje fue bien distinto: Koh Phangan, una isla de ambiente bohemio, llena de artistas, nómadas digitales y fiestas bajo la luna llena. Allí, Silvia cambió el retiro por la vida social y encontró el broche perfecto. «Conocí gente muy especial», recuerda.
Mientras tanto, durante su estancia en Tailandia se estrenó la nueva entrega de Torrente, en la que participa con un pequeño papel junto a Santiago Segura. No pudo acudir al estreno. Es una de las pocas cosas que lamenta en este feliz paréntesis forzoso. Tampoco echó de menos el frío ni los precios. «En el aeropuerto pedí un sándwich y casi me da algo. Con eso allí comía varios días», bromea. Recién aterrizada en Madrid tras un largo trayecto vía China, Silvia hablaba con esa mezcla de agotamiento y euforia de quien ha vivido algo irrepetible. Ya en Vigo, donde pasa unos días en familia, vuelve «cargada de energía y con nuevos proyectos en marcha que no puedo desvelar aún». Regresa con la sensación de haber hecho justo el viaje que necesitaba. «Yo acostumbraba a hacer un viaje largo al año —La India, Bali... Asia me encanta— y hacía mucho tiempo que había perdido esa costumbre», recuerda.