Segundo día del juicio por el crimen de Salceda: el cerco genético acorrala al acusado
VIGO
Florian Rama perdió sangre a pocos metros del lugar donde acuchillaron a la víctima; el ADN extraído fue determinante para argumentar su extradición tras huir al Reino Unido
25 mar 2026 . Actualizado a las 01:42 h.La sección cuarta de la Audiencia de Pontevedra acogió una intensa segunda sesión del juicio por el crimen de Salceda, ocurrido en junio de 2019, donde perdió la vida Soufian Mraha a manos, presuntamente, del albanés Florian Rama. Ya la sesión vespertina resultó demoledora para él. El responsable del grupo de homicidios de la Guardia Civil de la Comandancia de Pontevedra ofreció un relato incuestionable y preparado, evidenciando un gran dominio de la investigación y asestando el golpe de gracia de la jornada con argumentos estrictamente científicos: el ADN de Florian Rama lo sitúa a escasos metros del lugar donde la víctima perdió la vida en Salceda de Caselas.
El investigador expuso que pocas horas después de cometer presuntamente el asesinato, Florian se esfumó de la villa gallega para acabar refugiándose en el Reino Unido. Durante dos años, la impunidad pareció estar de su lado ante la falta de respuesta de las autoridades británicas a las requisitorias internacionales emitidas por España. Sin embargo, fue su propia naturaleza violenta, y no la agilidad de los cauces diplomáticos, lo que propició su caída.
Una reyerta de Florian Rama en suelo británico y un posterior delito de desacato provocaron que su nombre ingresara en las bases de datos policiales, haciendo saltar inmediatamente la orden de búsqueda y captura dictada desde España por el crimen de Salceda. A partir de aquel hecho fatal para el acusado, la maquinaria judicial resultó implacable. Las autoridades del Reino Unido le extrajeron muestras de ADN que, al ser remitidas y cotejadas en España con los vestigios recopilados en la escena del crimen y sus proximidades, arrojaron una coincidencia. Rama fue extraditado de inmediato e ingresado en el penal coruñés de Teixeiro.
El siguiente paso de la investigación implicó desplazarse a la cárcel para tomarle otra muestra biológica. El resultado no hizo más que ratificar lo inevitable. La sangre hallada en las proximidades de la escena del crimen era de Florian Rama, derramada como fruto de una herida que él mismo sufrió durante el presunto ataque a su víctima. Con esta prueba incriminatoria sobre la mesa, el cerco sobre el acusado parece definitivamente cerrado. Y es que la sangre no miente; y el cerco genético, además de otras pruebas de gran valor incriminatorio, acorralan al albanés.
Pero Rama, en su declaración, la última de la vista (solo faltan los alegatos finales de las partes antes de la deliberación del jurado popular), no se mostró especialmente preocupado. Su declaración se desarrolló con traductor, y su relato implica ideas muy concretas: la principal premisa implica negar todos los cargos. Asegura que no recuerda dónde estuvo el día que se cometió el crimen en Salceda en el 2019. Añadió que no puede decir si estuvo allí o no, aunque sí reconoció que de vez en cuando salía de noche por la zona.
La versión aportada sobre la sangre conlleva reconocer que hacía trabajos esporádicos por Salceda y que, a lo mejor, algún día se cortó en el contexto de una jornada laboral y cayó sangre al suelo que, en un cúmulo de infortunios, acabaron cerca de la escena del crimen que se juzga. Sobre su presunta presencia en la noche de autos, recogida en cámaras de videovigilancia de la zona, sí es rotundo al asegurar que no puede ser él porque nunca corrió ni huyó de nada en Salceda Y que nunca, en los tres años que estuvo en España, tuvo ningún conflicto con nadie; aunque sí le dio tiempo para ser detenido en dos ocasiones por tráfico de drogas y organización criminal en el contexto de operaciones relevantes de narcotráfico en Galicia.
Resto de la jornada
La vista de este martes arrancó con la declaración de dos agentes presentes en las primeras horas de la investigación, el protagonismo recayó sobre un bloque de seis peritos que desgranaron, con la frialdad que impone la ciencia, las pruebas forenses y toxicológicas del caso. Y es que la medicina legal arrojó una de las conclusiones más incisivas y determinantes del procedimiento: la autopsia no halló ninguna herida de defensa en el cadáver de la víctima, lo que evidenciaría que Soufian fue atacado por sorpresa y careció de cualquier margen para protegerse.
El minucioso relato forense confirmó la brutalidad del ataque al detallar tres cuchilladas; dos de ellas asestadas a traición en la espalda, a la altura del hombro, y una tercera y definitiva que le alcanzó el corazón, causándole la muerte. La exposición en sala de estos escabrosos pormenores, respaldada con material gráfico, se desarrolló en presencia de gran parte de la familia del joven asesinado. En un sobrecogedor ejercicio de entereza y dignidad, los familiares se mantuvieron firmes y respetuosos, con la cabeza alta, mientras escuchaban cómo le arrebataron la vida a Soufian aquella noche.
El cerco probatorio se estrechó también a través del rastro biológico. El análisis de las muestras de sangre recogidas tanto en la propia escena del crimen como en las rutas de huida transitadas por la víctima y su verdugo arrojó luz sobre la oscuridad de los hechos. Una de estas muestras reveló una coincidencia cromosómica directa con el acusado, Florian Rama, situándolo de manera inexorable en las proximidades del lugar del asesinato.
Duda razonable
Confrontada a la contundencia de un ataque sin posibilidad de resistencia, la defensa optó por una estrategia de desgaste. Ante la absoluta falta de marcas físicas en el cuerpo de la víctima que sugirieran un forcejeo, el letrado del acusado intentó sembrar la duda planteando si un simple empujón, acción que no dejaría hematomas ni heridas, podría implicar que Soufian sí llegó a defenderse en algún momento.
La intensa sesión matinal contó además con la comparecencia del reputado antropólogo forense Fernando Serrulla, antes de dar paso a una sesión de tarde en la que testificarán en bloque hasta 15 agentes de la Guardia Civil implicados en la investigación. Se desconoce todavía si el único acusado, quien solicitó estratégicamente testificar en último lugar, romperá su silencio en la tarde de hoy o si la sala deberá esperar a la jornada de mañana. Sea cuando sea, su testimonio marcará el preludio a las conclusiones definitivas de las partes, paso previo para que el jurado popular se aísle a deliberar y dicte su veredicto final.