Equipos de ayuda entre alumnos, la revolución del IES de Chapela contra el «bullying»

Luis Carlos Llera Llorente
luis carlos llera VIGO / LA VOZ

VIGO

XOAN CARLOS GIL

El psicólogo experto José María Avilés ha patentado un método para reducir el acoso en un momento en que los protocolos antisuicidio aumentan

02 mar 2026 . Actualizado a las 22:44 h.

Evitar el acoso escolar antes de que se produzca y no lamentarse por sus nefastas consecuencias cuando sea demasiado tarde. Ese es el objetivo que tiene el instituto de Chapela, donde ha crecido la apertura de protocolos antisuicidio. El centro, donde estudian un millar de chicos, es uno de los pioneros en el entorno de Vigo en mejorar la convivencia entre los alumnos. Va a poner en marcha un sistema para evitar la estigmatización de los adolescentes y sus nefastas consecuencias.

Para ello, ha recurrido a un experto internacional. «El bullying es un problema social. Mi método para prevenirlo está patentado en la Oficina Española de Patentes y Marcas. Y funciona», cuenta José María Avilés (Madrid, 1959), un psicólogo docente de la Universitat Oberta de Catanlunya que también ha impartido clases en la Universidad de Valladolid y en Brasil, Perú y por toda España. El investigador fue el primero en publicar una tesis doctoral sobre el acoso escolar.

Avilés dio un curso de formación a los alumnos y profesores del IES de Chapela, a petición del centro, que trata de desarrollar los equipos de ayuda.

Están formados por cuatro alumnos de cada clase, dos chicos y dos chicas, que deben detectar las crisis de sus compañeros y ayudarles para evitar que vayan a más. «Los equipos de apoyo resuelven los problemas antes de que sucedan y evitan que se haga una pelota más grande», explica el formador.

Graciela Collado, coordinadora de segundo de la ESO en el instituto, señala que «cada vez hay más acoso en edades más tempranas. No sabemos gestionar los conflictos. Tenemos un aumento de protocolos antisuicidios». La idea del centro educativo es que estos cursos se repitan cada año para formar a los jóvenes en la resolución de conflictos en su fase inicial. Lo certifica Marc Pedroso, un alumno de segundo de la ESO, que ha sido seleccionado para ayudar a sus compañeros: «Nos presentamos siete de segundo y han escogido a cuatro. Este curso es muy interesante», dice.

A la formaición asisten 29 personas. Noa Simón, una de las 29 las alumnas escogidas de entre primero y tercero de la ESO, opina que es «una buena decisión del centro que la gente se pueda ayudar entre sí».

Los alumnos que constituyen los equipos de apoyo son voluntarios y luego refrendados por los profesores, según informa la jefa de estudios del instituto, Fátima Ferreiro. Esta docente está preocupada «pola falta de persoal e recursos» para hacer frente a los nuevos retos a los que se enfrenta la educación como las consecuencias de las redes y la inteligencia artificial.

«¿Cuánto dinero tengo?»

En la sesión, el profesor Avilés rompe los esquemas de los jóvenes: «¿Cuánto dinero tengo en el banco?», pregunta. Los alumnos van pasando de uno en uno sentándose enfrente y calculando la cuenta bancaria: «400.000 euros», dicen dos de ellos. Otros no se atreven a dar ninguna cifra. El psicólogo no revela sus ahorros. Ha querido que el cálculo se base en la observación de su aspecto y su vestimenta. Es una forma de enseñarles a mirar. Es el primer paso. Salir de uno mismo, de mirarse el ombligo para fijarse en los demás y ver si se encuentran tristes, deprimidos, alterados...

Luego viene el acercamiento al compañero o compañera. Estudiándolo en el equipo de apoyo de forma reflexiva, pensando y compartiendo y aproximándose de forma suave, «porque a mucha gente no le gusta hablar de sus problemas».

Después se lleva a cabo el abordaje de forma asertiva, confiada, de apoyo entre iguales. «Si no hay solución al problema dentro de la clase se puede buscar fuera y así ir ampliando el ámbito al que recurrir para los casos más complicados». El siguiente paso es obtener la información, se buscan las alternativas y se ejecuta la práctica. Si no sale a la primera se vuelve a intentar las veces que haga falta.

Avilés dice que «se han hecho estudios que demuestran que, en los sitios donde se han implantado grupos de apoyo, han disminuido los casos de acoso». De eso se trata: de que mejore la convivencia en una edad en la que la comunicación empieza a fallar. «El 12 % de los jóvenes entre 15 y 25 años se siente solo con una soledad no deseada», señala el experto, que asegura que estos jóvenes «no tienen amistades verdaderas» porque «las conexiones en las redes son ficticias, hay que volver a las conexiones emocionales de amistad auténtica». Advierte que «los adolescentes no pueden construirse un relato solos, necesitan intervención emocional porque a veces construyen relatos errados y eso puede llevar a tomar decisiones equivocadas».