«Tras os montes», la mirada íntima de Javier Teniente sobre el rural sin filtros

b.r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO

El libro de Javier Teniente  Tras os montes , editado por Solar, es un retrato del rural sin maquillaje
El libro de Javier Teniente Tras os montes , editado por Solar, es un retrato del rural sin maquillaje

El álbum fotográfico publicado por la editorial viguesa Solar de Edicións es un acercamiento al rural contemporáneo sin romantizar la vida en la aldea

21 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El álbum Tras os montes, publicado por la editorial viguesa Solar de Edicións, es un proyecto del fotógrafo Javier Teniente (Vigo, 1968) construido a fuego lento. La editorial, también con sede en Vigo, se ha consolidado como una pequeña casa que apuesta por libros muy cuidados, personales y con identidad propia. Y este encaja plenamente en esa línea.

Teniente, que ha desarrollado buena parte de su trayectoria en escenarios de conflicto y crisis humanitaria, pone esta vez el foco en un entorno nada exótico.

El origen del libro no fue premeditado. «No tenía nada pensado, fue una historia que fue ocurriendo», explica. El punto de partida fue el regreso, en 2017, a una aldea que había conocido años atrás, en el 2005, entre Zamora y la región portuguesa de Trás-os-Montes que finalmente dio nombre al libro por extensión del concepto. En su primera visita había encontrado una comunidad viva con horno común, ganado en los pastos, huertos cultivados, una forma de vida que al volver había desaparecido.

Coincidía además con el momento en que en España comenzaba a hablarse de la despoblación. Sin embargo, Teniente matiza que no es un libro sobre eso. «Fue el punto de partida, pero a mí lo que me interesaba eran los pobladores», explica.

A partir de ahí el proyecto fue desplazándose hacia otros puntos de la geografía española (desde Fornelos a A Gudiña, León, Os Ancares, Soria o La Rioja) en busca de personas que permanecen, como los últimos habitantes de aldeas remotas, personas muy mayores que viven solas, los últimos mineros o jóvenes que todavía mantienen vínculos con el rural.

Acostumbrado a trabajar en lugares donde «ocurren cosas», aquí se enfrentó a un desafío distinto: «Cuando te vas a una aldea no ocurre nada. Es muy difícil hacer fotos», reconoce. El retrato se convirtió entonces en una especie de solución narrativa. «Fue casi un recurso de supervivencia», admite. Pero no se trata de retratos improvisados. «Este trabajo implica estar toda la tarde charlando, sentarte en la cocina, hablar… y después hacer la foto”. Un proceso lento, paciente, que implicaba a veces recorrer cientos de kilómetros para conseguir una sola imagen.

También aparecen interiores de casas abandonadas, aunque sin recrearse en la ruina. «No quería abusar de la desolación», cuenta. Teniente tampoco idealiza el regreso al campo. Él mismo vivió varios años en una aldea y conoce de primera mano las dificultades. El resultado es una serie documental con un fuerte componente personal. Un acercamiento al rural contemporáneo sin nostalgia ni romantizar la vida en la aldea.