El policía que abre los ojos a 10.000 alumnos de Vigo: «El acoso escolar es delito, no un juego ni una broma; ayudar a alguien no es ser un chivato»

e. v. pita VIGO / LA VOZ

VIGO

OSCAR VÁZQUEZ

Antonio Perera y Pelayo Blanco visitan hasta cinco colegios o institutos a la semana y, en sus charlas, los estudiantes identifican al acosador pasivo o invisible: «Quienes miran para otro lado lo que están viendo».

21 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Murmullos en el salón de actos del instituto IES do Castro, en Vigo, cuando sale a relucir el reciente caso de Sandra, la «chica de Sevilla» que murió tras sufrir ciberacoso. Muchos la conocían por las noticias. «En las redes, el acoso es mucho mayor porque no ves la reacción ni la cara de la víctima, los compañeros son más crueles y no saben parar, son más dañinos por esa falsa sensación de anonimato, crean perfiles falsos pero la policía puede saber quién lo ha creado, que nadie se lleve a engaño, va a haber consecuencias», advierte el inspector y delegado de Participación Ciudadana, Antonio Perera, de la comisaría de Vigo.

La conferencia transcurre en un salón de actos con alumnos de segundo de la ESO del IES do Castro. Perera escribe en la pizarra las palabras: «Empatía, respeto». Junto al oficial Pelayo Blanco, se patean casi a diario los pasillos de los colegios e institutos de Vigo y Redondela para intentar quebrar la ley del silencio que impera en las aulas. Ya han dado charlas a 10.000 alumnos.

Perera muestra a los estudiantes un vídeo sobre un jugador famoso de baloncesto que sufrió acoso de pequeño. «Era un tío enorme que se comportaba como un niño, soy una víctima por estatura», relata el deportista. «Una vez, se les fue de las manos y entre varios me cogieron en el baño y me humillaron de la forma más salvaje, te sientes como una basura, me fui a unos acantilados. Otro día me dieron una paliza y me desperté tras dos días de coma. Eché de menos las voces que me defendiesen, solo me ayudaron unos chavales de COU, hay que romper la ley del silencio», relata el testimonio en vídeo.

Perera le pregunta a un alumno sentado en la segunda fila que enumere quiénes están implicados en un acoso. El acosador, la víctima, «los que le ayudan» y, añade un compañero de gafas de pasta, «los que no hacen nada viéndolo todo». El agente remata la faena: «No nos podemos quedar callados, el que se calla también tiene responsabilidad». Es el llamado acosador pasivo.

El trabajo de Perera y Blanco es ayudar a los escolares a que comprendan que el acoso escolar o bullying «es un delito, no un juego ni una broma». Dan argumentos para remover la conciencia de los testigos que callan y miran para otro lado cuando ven actuar a los abusicas: «Ayudar a alguien no es ser un chivato, quitaos eso de la cabeza». Proponen pedir ayuda a través de la app Alertcops. Y definen la falta de empatía: «No ponerse en el lugar del otro». «Habrá consecuencias, que nadie se lleve a engaño, expediente, expulsión o Fiscalía de Menores», les avisa.

Los policías explican a estos adolescentes el ciberacoso, donde la tortura a la víctima se prolonga a la hora de la merienda o en las vacaciones. Los wasaps son crueles y las palizas grabadas en vídeo se viralizan y generan comentarios burlones. «La estrategia es hacer capturas de pantalla porque todo queda por escrito y sirve de prueba para aportar en un juicio», aconseja. Y explica el sexting (enviar fotos y vídeos íntimos de una expareja por venganza y el grooming (un adulto finge ser un niño en Internet).