De tal palo, tal astilla: «En Da man, una persona es el 100 % de las personas»

Bibiana Villaverde
bibiana villaverde VIGO / LA VOZ

VIGO

Lara Santiago Martínez, a la izquierda, presidenta de Da Man, su madre y fundadora de la oenegé, Pilar Martínez, con una paciente en Senegal
Lara Santiago Martínez, a la izquierda, presidenta de Da Man, su madre y fundadora de la oenegé, Pilar Martínez, con una paciente en Senegal

Con el apoyo de su madre y fundadora de la oenegé, la enfermera redondelana Lara Santiago Martínez lidera proyectos para llevar educación y sanidad a Senegal. «Me educaron en la justicia social», señala

05 ene 2026 . Actualizado a las 11:32 h.

Mientras todo el mundo pide salud para el nuevo año, Lara Santiago Martínez (Redondela, 1984) trabaja para conseguirla. Salud para los pacientes de la uci del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, a los que atiende como enfermera, pero también reparte vida a miles de kilómetros de Galicia, en la región de Darou Mousti, en Senegal. Esta redondelana lleva más de una década viajando a África con su madre, Pilar Martínez, fundadora de la oenegé Da Man. Volverá a hacerlo a finales de este mes, cuando se desplazará con varios voluntarios a Mbadiene para reformar un centro de salud y pasar consulta a cientos de personas de la población local. Lo hará ya como presidenta del colectivo, cogiendo el relevo de su madre.

Da Man financia en estos momentos cuatro tratamientos de cáncer de mama a pacientes en Senegal. Ha asumido el coste de operaciones cardíacas que han permitido salvar la vida de niños que, sin esta oenegé, no tendrían posibilidades de supervivencia. Acaban de afrontar el tratamiento de una chica con una anemia crónica que en Europa estaría ingresada en la uci y que en África se había acostumbrado a vivir con 4 gramos de hemoglobina por decilitro, cuando lo normal está entre 12 y 15. «Vamos a financiarle el hierro de por vida. Trabajamos con seres humanos. En Da Man, una persona es el 100 % de las personas», reivindica.

El viaje a Mbadiene a finales de enero permitirá mejorar las instalaciones del consultorio local y expandir sus proyectos de oftalmología y odontología. La sanidad que Da Man presta todo el año con personal local en tres centros de salud de Senegal va acompañada de educación. En el 2011, la determinación de Pilar Martínez consiguió fundar una escuela donde cada día estudian 126 niños que reciben también alimentación. Para conseguir extrapolar la nutrición a las familias de regiones condenadas a la pobreza, se ha puesto en marcha una huerta en la escuela. «Para que los niños lo transmitan en sus domicilios. Son comunidades dedicadas a la ganadería. Ahora cultivan tomates y los pueden vender en el mercado», explica Lara. Algunos de esos alumnos están en la universidad, becados por la organización.

Da Man trabaja también para poner en marcha huertas en todos los poblados. Se han construido pozos y se han instalado placas solares en escuelas y centros de salud. De una forma progresiva y natural, Lara Santiago Martínez ha ido asumiendo tareas en el colectivo que ahora dirige. Primero viajaba como sanitaria, luego empezó a ocuparse del trabajo con los voluntarios y ahora, de la gestión como presidenta. «Mi madre y yo hablamos todos los días ocho veces, consensuamos todo. Yo no decido nada sola». El diagnóstico de un cáncer agresivo que recibió la fundadora hace unos años nunca la ha apartado de Da Man ni de la labor que inició en los campos de refugiados del Sáhara antes que en Senegal. 

La humanidad como legado

Pilar Martínez es la pediatra capaz de operar en consultorios sin apenas medios, de devolver la vista a pacientes con cataratas, pero también de asistir en partos a oscuras a 40 grados. Es la gestora que se apostó a la puerta de un Ministerio para poder salvar vidas con una determinación y valores que ha inculcado a su hija. «Yo no soy tan fuerte como ella, esto se ha construido con su perseverancia y personalidad, yo soy más blanda, pero me enseña a tener fortaleza y a tomar decisiones», apunta Lara Santiago, que dedica varias horas al día a la gestión del trabajo en Senegal y la coordinación de voluntarios.

Ya son más de treinta personas que colaboran con asiduidad con el colectivo. «Somos una oenegé pequeña pero con una gran capacidad de trabajo. Organizamos muchos eventos para recaudar y estamos sumando socios. Somos un equipazo, da gusto trabajar así», presume. Y confiesa que es un trabajo que supone entrega diaria. «Tienes que integrarlo en tu vida. Con voluntarios tan maravillosos como los que tenemos puedes delegar, pero también requiere de horas de trabajo, de comunicarte diaria con Senegal y de resistencia emocional».

Esta resistencia se vuelve más necesaria en tiempos en los que los mensajes de odio suenan cada vez más alto. Lara Santiago y su hermana crecieron escuchando en casa la importancia de ponerse en el lugar del otro. «Mis padres me educaron en la justicia social, siempre se ha hablado de eso en casa y no tenemos otra forma de ver la vida», asegura. De las muchas lecciones recibidas, la de trabajar por sus ideales, sigue muy vigente. «La gente no es ni medio consciente de la suerte que tenemos aquí por poder acceder a algo básico como una analítica. A mí me hace mucho daño escuchar a quien hace juicios de valor desde el sofá, sin tener idea del sufrimiento diario del que abandona su hogar o de quien no puede dar de comer a su hijo. Es imposible explicarlo». Ha elegido trabajar para cambiarlo. De tal palo, tal astilla.

Su canción favorita

«Después», de Los Delincuentes. «La escuchaba ya cuando estaba en la universidad. Me la pongo muchas veces para ir a trabajar. Es una canción alegre que ayuda a coger impulso. Habla de que cada uno tiene que vivir su vida como quiere y de que, a pesar de los baches, hay que seguir con ganas y energía».