El Gobierno del PP justificó en 1997 la venta alegando que la UE prohibía las ayudas estatales al naval
24 dic 2025 . Actualizado a las 01:51 h.El Gobierno de España presidido por José María Aznar autorizó el 26 de diciembre de 1997 la venta, por parte de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), de las acciones que Astilleros Españoles poseía en la empresa Hijos de J. Barreras.. El grupo formado por las empresas Odiel, Albacora y García Costas, que ya tenían el 30 %, se hizo así con el mayor astillero privado del país. El precio fijado fue de 750 millones de pesetas.
Fue el primer astillero que liquidó el Ejecutivo del PP en aquel largo proceso de privatizaciones que había iniciado. Aunque el cambio de propiedad no se hizo efectivo hasta avanzado 1998, culminaba así un período de dos décadas en las que Barreras estuvo bajo el control del Estado, primero a través del Instituto Nacional de Industria y, posteriormente, de la SEPI.
La Voz de Galicia del 27 de diciembre de 1997 recogía las impresiones del ministro de Industria. Josep Piqué explicaba que el Gobierno había buscado un grupo con solidez y que la oferta presentada había sido elegida para «garantizar el mantenimiento de la plantilla». Añadía el ministro que la empresa compradora se comprometía a realizar una ampliación de capital de 450 millones en un plazo máximo de tres meses. Caixavigo garantizaba la refinanciación a largo plazo de la deuda restante, que estaba situada en torno a los 2.000 millones de pesetas, según se recoge de las informaciones de la época.
Piqué explicaba que, a partir del año 1998, la Unión Europea prohibiría las ayudas adicionales a los astilleros, lo que impediría ampliar el capital en caso de permanecer en manos públicas, por lo que el Gobierno había buscado una alternativa para garantizar el futuro de Barreras y mantener tanto la actividad como el empleo.
El Grupo Barreras, nuevo propietario, estaba formado por las empresas Odiel, con un 50 %; Albacora y García Costas, con un 10 % cada una, y el que era equipo gestor, que poseía el 30 % restante.
Al comité de empresa no le gustó la operación y criticó la forma en la que se había producido. Decían sus representantes que «todo estaba planificado para facelo despois das eleccións autonómicas». El secretario general de Comisiones Obreras de Galicia, Xesús Díaz, —padre de la actual ministra de Trabajo, Yolanda Díaz— manifestaba que la venta de la empresa «non ten xustificación ningunha» y la anotaba «na lista das decisións de Manuel Fraga máis negativas para Galicia». Para el responsable de Comisiones Obreras, según recogía La Voz, la explicación de la privatización era «favorecer económicamente ós seus amigos».
Desde el momento en que trascendió la operación de privatización del astillero, los trabajadores protagonizaron distintas movilizaciones para expresar su oposición al cambio que experimentaría la empresa.
Aquella venta también tuvo sus consecuencias políticas. El grupo municipal socialista en el Concello de Vigo solicitó la dimisión del concejal del PP, Julio Pedrosa por ser también secretario de administración de Barreras. El edil se puso enfermo el día que se celebraba el pleno en el que la corporación se opuso a la privatización. El propio grupo municipal del PP rechazó el cambio.
Los orígenes del astillero Barreras se remontan a los primeros años noventa del siglo XIX. José Barreras Massó, ingeniero de formación, emprendió varios negocios que giraban en torno al mar. No solo tuvo una flota de pesca, abordó la fabricación de conservas y afrontó la consignación de buques de pasaje, sino que también invirtió en La Metalúrgica y creó una fábrica de hielo dedicada a abastecer a los pesqueros. En torno a 1895, Barreras creó un astillero en el barrio del Areal, donde permaneció hasta que en torno al año 1918 adquirió terrenos en la playa de Coia para ampliar la producción de vapores pesqueros.
El crecimiento de este astillero fue continuo a lo largo del siglo XX, de tal forma que, a comienzos de los años sesenta, contaba con cerca de dos mil trabajadores. Parejo al crecimiento empresarial fue el aumento de las instalaciones de Coia. Ya en los setenta llegó al astillero un contrato para la realización de la primera plataforma petrolífera semisumergida que se realizaba en España. Sin embargo, aquella línea de trabajo provocó problemas financieros que llevaron a la intervención del Estado en 1977. Desde su pertenencia al Instituto Nacional de Industria, el astillero vigués llevó mejor que otras empresas del sector las dramáticas consecuencias provocadas por la reconversión naval de los años ochenta.
Tras el retorno de la empresa al sector privado, Barreras logró convertirse en el primer astillero privado de España, con momentos cumbre, como la construcción del ferri Abel Matutes, de 193 metros de eslora.
Pemex
Un nuevo momento crítico apareció en el 2011. La empresa se vio obligada a presentar un concurso de acreedores, crisis que superó poco tiempo después. Ya en el 2013, la empresa petrolera Pemex, de México, entró en el accionariado y en el consejo de administración con la intención de renovar en el astillero vigués parte de su flota. La cosa no fue como se planeó en un principio. Pero, el golpe de gracia a la empresa llegó a través de la cadena hotelera Ritz-Carlton, que encargó la construcción de un crucero de lujo. El sobrecoste y los retrasos en la fabricación del buque llevaron a Barreras a una nueva situación crítica que desembocó en el año 2022 en un nuevo concurso de acreedores. Tres empresas optaron a la adquisición del histórico astillero, pero fue Astilleros Armón quien adquirió las instalaciones, que desde entonces han pasado a denominarse Astilleros Ría de Vigo SA.