Alba Lazari, de Cangas, opta a un premio de comercio
11 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Trabajó en una plataforma para Louis Vuitton. Ahora realiza diseño de alta calidad con tejidos nobles y colecciones muy limitadas. «Hacemos, cinco, diez, como sumo veinte prendas con el mismo diseño», afirma la diseñadora canguesa Alba Rodal Lazari. Es una de las finalistas al premio de la Xunta al mejor comercio gallego. Está avalada por una amplia trayectoria en España y el extranjero y ahora exporta diseño gallego desde su villa natal sin perder la conexión con Inglaterra donde traducía al español el contenido de una plataforma de marcas de lujo, como Louis Vuitton.
Para ella, la clave de la moda es el buen gusto, la calidad y la sostenibilidad de verdad. «Las multinacionales no son sostenibles, hacen nuevas colecciones cada quince días. Por mucho que digan que usan algodón orgánico, esa filosofía de cambiar a menudo de colecciones no es respetuosa con el medio ambiente», señala la diseñadora. De hecho, asegura que muchas prendas acaban en el contenedor de reciclaje al poco tiempo de estrenarse porque encogen o destiñen. «Sobre todo algunas de mercadillo, que son muy baratas, pero basura».
La emprendedora ha tenido un intenso recorrido antes de regresar a su tierra y montar el estudio y showroom Alba Lazari, una auténtica galería de arte. El apellido es de origen italiano, tierra de grandes diseñadores. «Me siento orgullosa de mis raíces italiana Es un homenaje a mi madre, que es modista, pero los Lazari son muy anteriores», señala desde su estudio en el casco antiguo de Cangas. Allí dibuja sus elaborados estampados que luego se plasmarán en las telas: en blusas, camisas, pañuelos, accesorios e incluso en fundas de gafas. Siempre en ediciones muy limitadas para que la persona que los lleve se sienta única, sin imitadores. «Dibujo y pinto desde que tengo uso de razón, por eso estudié Bellas Artes, carrera que terminé en 1996». Luego estudió Tecnología y Diseño Textil en Alcoy y estuvo trabajando en una empresa del ramo. Desde allí dio el salto a un estudio de decoración en York (Reino Unido) y luego en la plataforma del grupo Louis Vuitton.
De Inglaterra sigue importando la seda que emplea en los pañuelos. Para desarrollar ideas se ha desplazado con frecuencia a Italia «para ver tendencias. «Decidí regresar hace un año. Mis diseños ya están en tiendas de Madrid». Ha seguido formándose con un máster en Sostenibilidad y Emprendimiento. «El mundo de la moda es muy cambiante» pero ella combate el consumismo por eso hace diseños «atemporales, que te puedes poner siempre». «Hay un nicho de clientes que buscan exclusividad y que no quieren que sus prendas se hagan en Asia en una fábrica con condiciones que no son buenas para los trabajadores», concluye.
Este miércoles va a estar muy pendiente de la decisión que tomen en Comercio de la Xunta.