Anthía Espiñeira: «Me obligaba a mí misma a seguir»

MÍRIAM V. F. VIGO / LA VOZ

VIGO

CEDIDA

La viguesa se retiró de modo prematuro, con 27 años, porque el balonmano ya no la hacía feliz

28 feb 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Anthía Espiñeira (Vigo, 1996) se muestra feliz, tranquila e ilusionada ante sus nuevos retos. Lo hace una vez que el balonmano, el deporte de su vida, ya es historia para ella desde que a finales del 2023 anunció su retirada. Tiene la certeza de que ha hecho lo correcto, toda vez que, desde hace tiempo, se obligaba a sí misma a seguir intentando disfrutar de algo que ya no le llenaba. Y empieza una nueva vida en la que está cumpliendo otro sueño: formarse para ser profesora.

—Pasados dos meses del anuncio de su retirada, ¿cómo se siente al respecto?

—Estoy bien, mucho más tranquila de lo que esperaba, y eso es porque tomé una buena decisión. Me siento orgullosa de ello, porque tampoco fue fácil. Por suerte, tuve el respaldo de mi familia y fue más sencillo gracias a ellos. Quieren que sea feliz y si una cosa me quita la felicidad, es mejor apartarlo.

—¿Cuánto tiempo antes de anunciarla la había tomado?

—Un mes antes, ya había hablado con el club (el Granollers), se lo había comunicado y me apoyaron en todo momento. Quise que trascendiera un tiempo después para tomarlo con más calma.

—¿Hubo algún detonante para que dijera «hasta aquí» o cómo supo que era lo que debía hacer?

—No lo hubo. En el Granollers me acogieron muy bien, pero esto no es de un día para otro, quise haberlo hecho hace años. Es el deporte de mi vida y por hache o por be, intentas continuar. Llevas tanto tiempo, que es como una obligación. Pasó de ser una afición que disfrutaba muchísimo a algo que no quería hacer pero seguía haciendo, y eso acaba pesando psicológicamente. Pensaba que no quería ir a entrenar y era una batalla conmigo misma para obligarme a hacerlo.

—¿En qué momento y por qué cree que empezó a ocurrir eso?

—Fue poco a poco, durante muchos años. Al final, viví mi peor situación personal, se me junta con la rodilla, que se me vuelve a romper, y toca seguir luchando otra vez. Llega un momento en que ves que no te compensa.

—El pasado verano, decía a La Voz que se había planteado la retirada, pero que se quería dar una oportunidad más. ¿Se arrepintió de este último intento?

—No, no me arrepiento. He hecho un cambio en mi vida, sigo viviendo en Granollers, estoy haciendo las prácticas aquí y he conocido gente del equipo que me llevo como amigas. Todos los cambios son por algo y si no me hubiera dado esta oportunidad de haberlo intentado por última vez, creo que me hubiera pesado.

—¿Cómo se sintió en esos últimos partidos que disputó con el conjunto catalán?

—Nunca llegué a disfrutar. Es algo que me cuesta, porque me acuerdo del partido de mi reaparición después de la primera lesión, que aquello era un manojo de nervios, ganas, ilusión... De felicidad por volver a la pista. Esto era completamente distinto. Era: «Tengo que hacerlo, tengo que intentarlo». Como convenciéndome de que tenía que hacerlo porque era lo que tocaba.

—Eso significa que usted ya no era la misma.

—Exacto. Antes, mi prioridad era el balonmano y, a día de hoy, no entraba ni en los cinco primeros puestos.

—Pese a lo malo, su texto de despedida estaba lleno de gratitud.

—Sí, está claro que te quieres quedar con los momentos buenos, lo que has vivido, viajado, la gente que has conocido y te llevas para siempre, experiencias... Al final, mi vida ha sido el deporte y no hay resentimiento. De pequeña, no pensaba conseguir lo que he conseguido.

—¿Con qué momentos se queda?

—A nivel deportivo, hay muchos. Podría decir que ganar la liga con el Guardés, que fue histórico; cuando debuté con las Guerreras... Los hay muy bonitos. Pero en el momento que estoy ahora, me quedo con acabar un partido y que estuviera mi familia en la grada.

—¿Va a mantener alguna vinculación con el balonmano?

—Aún estoy como decidiéndolo. Después de estos dos meses, fui por primera vez a ver un partido del Granollers y me sentí bien al verlas, pero sin ninguna necesidad de jugar, todo lo contrario. Fue una sensación de decir «ya está», contenta de animar a las que fueron mis compañeras. No lo echo de menos para nada. Es cierto que no fue la despedida que me imaginaba hace años, pero ha sido la correcta, la que necesitaba.

—¿Cómo es su vida ahora?

—Estudio para profe y acabo de empezar las prácticas con niños de Primaria. Es lo que siempre he querido hacer y lo he ido posponiendo, porque el balonmano era mi prioridad. Pero de eso no vas a vivir mucho tiempo, llegará un momento que se corte y si no tienes estudios, a ver qué haces.

—¿Había aparcado los estudios?

—Sí, fue hace años y ya hace que los retomé. Tampoco me arrepiento de dejarlos, porque ese proceso me ha llevado a estudiar lo que me gusta. Al principio, no estaba confiaba de poder hacer eso y el deporte me ayudó con las inseguridades y a seguir. Ahora, estoy haciendo lo que quiero.

—¿Qué papel ha jugado el apoyo psicológico en todos su proceso?

—Muy importante. Me ayudó a ver que seguía porque era lo que había hecho toda mi vida, no porque fuera lo que quería hacer.