Unas urgencias sanitarias con poca demanda

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO

En 1984, seis meses después de la puesta en marcha del antecedente de los PAC en Vigo, los datos indicaban que era un servicio sanitario infrautilizado por la ciudadanía debido a que era desconocido

27 feb 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

«El 24 de agosto de 1983 [día que se estrenaba el servicio especial de urgencias de Vigo], se le dotaba de medios adecuados y de un equipo cuyo talante profesional y humano no puede ponerse en duda, se editaron y difundieron millares de folletos que explicaban sus características, los medios informativos se hicieron eco de su inauguración, se habilitó un teléfono para información sanitaria que funciona las 24 horas del día, y aun así, tras medio año de existencia, puede decirse que el Servicio Especial de Urgencia está siendo infrautilizado», se podía leer en La Voz de Galicia el 26 de febrero de 1984.

Este servicio, que se puede considerar como el antecedente de los puntos de atención continuada de la actualidad, se puso en marcha el 24 de agosto de 1983. Estaba operativo todos los días de cinco de la tarde a nueve de la mañana y de forma ininterrumpida los domingos y festivos. Estaba ubicado en el Policlínico Cíes, en la avenida de Madrid, y otro, en la Casa do Mar, en Beiramar. Cada uno de los dos centros contaba con dos médicos, dos ATS, un celador, una ambulancia y un automóvil. Al frente del servicio estaba Hixinio Beiras.

En febrero del año siguiente, seis meses después de su puesta en marcha, este servicio, en sus dos puntos operativos, contabilizaba 16.000 asistencias, a las que había que sumarle los servicios domiciliarios, muy inferiores a los primeros. La cifra llamaba mucho la atención en la valoración general por ser muy inferior a lo que preveían las autoridades sanitarias.

Los sindicatos del sector ofrecieron entonces, también en las páginas de La Voz de Galicia, su propia explicación a esta «infrautilización» del servicio especial de urgencias. «Que si los vigueses utilizan menos de lo esperado este servicio, habría que decir que afortunadamente, ya que estos, sobre todo el ubicado en el recinto del Policlínico Cíes, no reúne condiciones ni para atender a los que lo hacen ahora», comenzaba manifestando la portavocía del Sindicato de ATS, añadiendo que se había publicitado escasamente la existencia de los dos puntos de atención sanitaria.

Deficiencias

Apuntaban a una serie de deficiencias estructurales y de medios que, según ellos, hacían poco prácticos los locales elegidos. Desde salas de consulta pequeñas y mal dotadas, a la escasa intimidad que brindaba la estructura del Cíes o la ausencia de un biombo para desnudarse en la sala de curas.

En abril de ese mismo año aparecía otro problema relacionado con ese servicio ya que finalizaba el contrato del 50 % de sus trabajadores. El Instituto Nacional de la Salud (Insalud), entidad pública encargada de la provisión y gestión sanitaria de España en aquellos momentos, tenía la intención de contratar a otros trabajadores distintos para ocupar esas plazas. Los portavoces de los empleados que finalizaban el contrato afirmaban en La Voz de Galicia, que habían hecho, desde el mes de octubre, cursillos y que habían llegado a un grado elevado de compenetración y efectividad. Entendían que por ello no era lógico emplear a otras personas porque tendrían que repetir el mismo proceso de aprendizaje y adecuación.

Quizá debido a esas polémicas y, sobre todo, a una mayor implicación publicitaria de las autoridades sanitarias, a partir de ahí comenzó a notarse un aumento en el número de ciudadanos que acudían al mencionado servicio.

En marzo de ese mismo año ya fue utilizado, en sus dos centros de asistencias (Policlínico Cíes y Casa do Mar), por 4.950 personas, sin contar las que acudieron a inyectarse, lo que suponía un aumento de 1.625 pacientes respecto al mes anterior. «Este incremento de usuarios, que rompe con la tendencia a la baja observada hasta enero desde la puesta en marcha del servicio a mediados del verano pasado, puede ser debida, según estimaciones de la propia dirección, a un mayor conocimiento de su existencia por parte de los ciudadanos», se podía leer en las páginas de La Voz de Galicia.

Pero ese aumento llegó aparejado a una queja de los propios responsables de estas urgencias contra lo que consideraban un uso desmedido del servicio. «Pese a que en numerosas ocasiones se ha dicho que solo se debe acudir al servicio cuando se plantea algún caso de auténtica urgencia, o asuntos que no es posible solucionar al día siguiente con el médico de cabecera, a la par que se ha registrado un aumento de utilización, también se ha detectado un incremento del mal uso del mismo», se apuntaba en una información de este diario.

En cualquier caso, los dos puntos de este servicio especial fueron incrementando rápidamente la recepción de pacientes y, a finales del año 1985, ya se contabilizaban 80.892 casos atendidos desde su puesta en marcha un año y medio antes. Y en 1992, cuando ya estaban transferidas las competencias sanitarias a la Xunta de Galicia, se alcanzaron los 90.000 casos. Poco después, ya bajo el control del Servizo Galego de Saúde, desaparecieron los servicios especiales de urgencias para dar paso a los actuales puntos de atención continuada.