Demuestran la eficacia de una terapia contra el infarto que evita los «stents»

Ángel Paniagua Pérez
Ángel Paniagua VIGO / LA VOZ

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El Cunqueiro utiliza un globo que libera fármacos en la arteria dañada

06 ene 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Una investigación liderada por los cardiólogos Víctor Jiménez Díaz y Andrés Íñiguez en el Hospital Álvaro Cunqueiro es la primera del mundo que demuestra la eficacia de una técnica para tratar infartos sin usar stents. La revista The Lancet, la publicación médica con mayor índice de impacto del mundo, publicó en su edición de diciembre el caso clínico de una mujer de 50 años que sufrió un síndrome coronario agudo y fue intervenida mediante esta técnica. Se le hizo una prueba de seguimiento un mes después y se demostró que los efectos beneficiosos perduraban. Hasta ahora solo se había publicado un caso similar del hospital de Potsdam (Alemania), si bien aquel empleaba otro fármaco. 

Un paciente sufre un síndrome coronario agudo —el infarto es un subtipo— cuando de forma repentina la sangre deja de circular total o parcialmente porque una arteria está taponada. En este caso, el tratamiento es la angioplastia: se introduce un catéter hasta la arteria coronaria dañada y allí se infla un pequeño globo, que despliega el stent y lo coloca en la arteria. El stent es una malla metálica que, una vez abierta, forma un tubo, para que la arteria no se cierre, y libera un fármaco que evita una nueva lesión. A largo plazo, cicatriza y se cubre de tejido. Queda ahí permanentemente.

«Ahora, se hace lo mismo pero sin stent», explica el jefe de servicio de cardiología, Andrés Íñiguez, «el balón se infla y su capa externa contacta con la pared de la arteria y libera el fármaco». Se deja ahí expandido durante 45 segundos y luego se retira. «Es como pintar la pared de la arteria por dentro, cuando sacas el balón, el fármaco se ha quedado dentro y no se deja ningún dispositivo; no hay stent», detalla. El sistema se llama DCB, unas siglas que en inglés hacen referencia a globo recubierto de fármaco.

Esta técnica ya se emplea en un pequeño porcentaje de los casos, sobre todo en vasos sanguíneos más pequeños. «La novedad es que nunca se había conseguido demostrar in vivo que el fármaco se liberase de forma rápida y se quedase ahí, en la pared de la arteria e hiciese efecto; solo se había demostrado en animales», explica el jefe de servicio.

Para probar la eficacia terapéutica de la intervención, los investigadores utilizan una técnica que se llama tomografía de coherencia óptica (OTC), similar a un ecocardiograma de alta resolución, que permite ver el interior del vaso sanguíneo. Gracias a esta prueba de imagen se puede comprobar cómo está la arteria y si ha absorbido las partículas del fármaco liberado por el balón.

La mujer tenía varios factores de riesgo cardiovascular. Llegó al hospital con dolor en el pecho, sudoración excesiva y náuseas. La técnica salió bien y la paciente recibió el alta cuatro días después. Una prueba hecha 28 días después de la intervención confirmó que la evolución era buena. Algunas partículas del fármaco todavía no habían sido completamente absorbidas.

El reto ahora es usar esta técnica en más casos. «Hay que hacerla despacio», dice Íñiguez, «pero no es poca cosa conseguir los mismos resultados que con un stent pero sin dejar ahí el dispositivo, puede ser una ventaja no tener un cuerpo extraño si el paciente necesita en el futura nuevas intervenciones».

El primer centro de España elegido para formar a sanitarios en la técnica

El Hospital Álvaro Cunqueiro ha sido elegido el primer centro de España habilitado para entrenar a otros médicos en el uso de esta terapia para el síndrome coronario agudo, como centro de excelencia para esta patología. Hasta ahora, solo el hospital de Potsdam estaba habilitado.

Para tratar al paciente, el catéter se introduce en la muñeca y, a través de la arteria radial, se conduce hasta la arteria coronaria dañada: son tres, que parten de la aorta e irrigan el corazón.

El fármaco que se emplea en estos casos se llama sirolimus cristalizado.

Víctor Jiménez Díaz y Andrés Íñiguez son también investigadores en el Instituto de Investigación Santiaria Galicia Sur.