Apela a una ley gallega para negar una estafa tras vender un piso con orden judicial de cegar sus ventanas en Vigo

e. v. pita VIGO / LA VOZ

VIGO

XOAN CARLOS GIL

Aseguró a la compradora del inmueble que una ley gallega obligaba a respetar espacios naturales de luz en la vivienda pero la Policía Local instaló chapas de madera y, al convertirse en un sótano lóbrego, perdió la mitad del valor

22 nov 2023 . Actualizado a las 14:20 h.

Un directivo de una inversora inmobiliaria de Vigo ha declarado hoy en un juicio por estafa a la compradora de un piso en la planta baja, que perdió la mitad del valor al ser cegadas sus ventanas por orden judicial, que él ya le advirtió a la clienta que iban a instalar unas celosías en su patio en el 2017. Explicó que dos comunidades de vecinos querían impedir que un residente saliese a fumar y se moviese por ese espacio común pero que le aclaró a la compradora que las celosías no iban a ser un problema para ella porque una ley gallega obliga a respetar las entradas naturales de luz por lo que tenía garantizado hasta un 10 % de iluminación natural en la vivienda. Sin embargo, tras comprar el piso, la nueva propietaria, que pagó 130.000 euros, vio cómo la Policía Local le cegaba todas sus ventanas y su vivienda se convertía un sótano lóbrego que fue valorado por solo 57.000 euros en el mercado inmobiliario. Denunció a la inmobiliaria y al apoderado por estafa porque no le informaron de las cargas ocultas.

El juicio ha comenzado esta mañana en la quinta sección de la Audiencia de Pontevedra, con sede en Vigo. Tendrá continuidad en otra jornada. Hay dos acusados que afrontan 6 años de prisión y multa de 8.640 euros por un delito de estafa.

Según el argumento del vendedor, las chapas no cegarían la vivienda porque tendrían obligación, por dicha ley, de dejar un espacio libre de luz y solo medirían medio metro, pues el resto sería vidrio. Lejos de ocurrir lo que decía el vendedor, tras la compra del piso, la Policía Local cumplió la orden judicial y lo cegó con mamparas de madera. De esta forma, el piso pasó a convertirse en un lóbrego sótano. Pagó 130.570 euros por el piso y su valor se redujo a 57.000.

Según los términos de la escritura de compraventa, el pleno dominio de la finca descrita se adquiría por la compradora libre de cualquier clase de carga o gravamen, excepción hecha de su sujeción a un derecho de construcción de un sótano, que fue expresamente comunicado a la clienta y aceptado por ella. En el patio se iban a instalar 24 celosías pero la compradora solo vio doce así como los enganches de los demás. Sospecha que las retiraron los propios vendedores para dar mejor imagen del piso y poder venderlo sin informarle de posibles cargas ocultas.

Por su lado, el segundo acusado alegó que él solo fue a la notaría como apoderado a asistir a la firma de la escritura. La dueña del edificio vivía en Suiza y les había transferido el inmueble a cambio de solucionarle unas deudas.

La empresa inversora negó la existencia de cargas ocultas, pues las obras en el patio ya se conocían, y además, dicen que hay un expediente municipal que les da la razón y obliga a la reposición de la obra tal y como estaba, por lo que la clienta no tendrá perjuicios.