El vigués que le ganó a Alcaraz

Xosé Ramón Castro
x.r.c. VIGO

VIGO

Foto de familia de la Nike Júnior del 2014, en Ibiza. Alejandro Calviño es el quinto por la izquierda en la segunda fila desde arriba. Carlos Alcaraz es el cuarto por la izquierda entre los sentados.
Foto de familia de la Nike Júnior del 2014, en Ibiza. Alejandro Calviño es el quinto por la izquierda en la segunda fila desde arriba. Carlos Alcaraz es el cuarto por la izquierda entre los sentados. CEDIDA

Alejandro Calviño compartió circuito con el número 1 del mundo siendo alevín, entrenaron muchas veces juntos y venció al murciano en un partido oficioso

20 sep 2022 . Actualizado a las 08:41 h.

El tenista vigués Alejandro Calviño y Carlos Alcaraz coincidieron durante dos años en su etapa de formación. Compartieron torneos, entrenaron juntos en un buen número de ocasiones y hasta jugaron un partido oficioso supervisado por técnicos de la Federación que terminó con el triunfo del gallego, que hoy puede decir que el ganó al número 1 del tenis mundial.

Yayo Calviño, que durante años compaginó el tenis con las categorías base del Celta, era alevín de segundo año cuando el flamante vencedor del US Open, un año menor, entró en su vida. «Desde pequeño se le veían unas características y un talento especial, diferente a los demás», comenta el vigués, que recuerda la irrupción de Alcaraz en el circuito español, en concreto en un torneo de la Nike Júnior Tour en Madrid. «Llegó siendo un desconocido y en primera ronda se cargó a uno de los favoritos. La gente comenzó a preguntar quién era y a decir lo bien que jugaba». Tanto, que acabó ganando el torneo sin que nadie contase con él. Pero Madrid solo fue el principio, porque acto seguido volvió a ganar otra cita del mismo circuito. «Ahí fue cuando la gente se comenzó a dar cuenta de que había algo grande entre manos».

Por entonces, Carlitos era frágil de cabeza, pero su juego era único. «Tenía una facilidad para el tenis que no tenía nadie más». Sin embargo, su inconstancia hizo que perdiera a continuación varios torneos. «Se iba del partido, hacía cosas que no le tocaban para nada y perdía», recuerda. Esa irregularidad provocó que no se clasificara entre los ocho mejores para disputar el Máster del circuito que se celebraba en Ibiza. Pese a ello, recibió una invitación y, tras superar una previa, arrasó a todos y se llevó la copa. «Cuando pasó la previa, todos teníamos claro que si le apetecía jugar y estaba centrado, iba a ganar. A los 12 años ya era una persona supercompetitiva».

Al año siguiente, también coincidió con Yayo Calviño en el Circuito Rafa Nadal Tour, pero para entonces ya no era un desconocido. «En ese circuito se fue asentando; de hecho, ganó los tres primeros torneos con mucha autoridad y, a partir de ahí, comenzó a seleccionar sus participaciones. Ya no iba a todo». En esa etapa, ya tenía el mismo juego: «Era tal cual lo ves ahora: un tenista que hacía cosas espectaculares y si no le salía, lo volvía a intentar. Era osado, atrevido, arriesgado y jugaba igual de agresivo. Era muy pasional. Es sin duda el mayor talento que jamás vi en una pista».

En esos dos años, Calviño compartió vivencias y, sobre todo, muchos entrenamientos con el murciano. «Entrené un montón de veces con él, muchas veces antes de los torneos al no coincidir por el mismo lado del cuadro», comenta Calviño, nacido en el 2002 y que recuerda que en esas sesiones de trabajo también «era una bestia; era un animal competitivo, pero sobre todo una persona a la que le encantaba jugar y disfrutar y que estaba deseoso de tener alguien en frente al que poder ganarle». Aun así, en un partido oficioso saltó la sorpresa. «Tuve la suerte de jugar un partido contra él ante muchos técnicos de la Federación que gané yo, pero no era oficial», dice entre el orgullo y el lamento el vigués.

A nivel personal, Alejandro lo define como alguien «espectacular» y lo argumenta explicando que «de los nueve mejores, siete estaban solo pensando en el tenis e incluso te miraban de forma rara porque eras un rival y él era totalmente diferente. Fuera de la pista, lo recuerdo como una persona a la que le encantaba el fútbol, que le gustaba reírse y quedar para tomar algo. Era muy cercano, dejaba al lado la competitividad que otros tenían».

Durante años, ya en esferas diferentes, mantuvo el contacto con Alcaraz, pero en los últimos tiempos se hizo más difícil la comunicación. La última vez que coincidieron fue en el Mutua madrileño. «Pasé por allí y lo saludé», comenta Yayo, que puede contar a todo el mundo que un día le ganó al número 1.