Una pionera sin fecha de caducidad

Míriam Vázquez Fraga VIGO / LA VOZ

VIGO

M.MORALEJO

La viguesa Vicky Vázquez no ve cerca el momento de colgar las botas ni imagina su vida sin ejercer de entrenadora

22 ago 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Nacida en Balaídos, Vicky Vázquez (1990) empezó a dar patadas al balón en el propio patio de su casa y en el barrio. No imitaba a nadie, pese a que su padre también practicó este deporte, sino que fue algo innato en la que hoy es futbolista del Sárdoma, seleccionadora gallega femenina sub-15 y entrenadora de la base del Celta tras haber pasado por Rápido de Bouzas, Lérez o Santa Mariña. «El fútbol para mí es prácticamente todo», señala.

Dice que comenzó «porque sí», porque la pelota le llamó la atención desde la primera vez que vio una. «Del patio pasé al colegio y con cinco o seis años, a mi primer equipo de fútbol sala. Con siete u ocho me apunté en el Balaídos, donde estuve cuatro años con chicos», rememora. La siguiente parada fue El Olivo, donde estuvo desde el 2002 al 2016, pasando por las categorías inferiores y llegando a debutar en Primera. Desde hace seis años, viste la camiseta del Sárdoma.

Paralelamente, tenía 17 o 18 cuando empezó a hacer sus pinitos como entrenadora. «Hacía falta gente para los campus de verano del Celta y empecé por ahí. Te va picando el gusanillo y con esa edad, es un pequeño ingreso que vas teniendo», señala. Pronto intuyó que aquello podía tener recorrido para ella. «Me gustaba, veía que se me daba un poquito bien y decidí formarme más. Aparte de que mi carrera también estaba relacionada», dice la que hoy es, además, profesora de Educación Física.

Asegura disfrutar tanto con cada una de las dos facetas que le resulta complicado decantarse. «Me encanta jugar y me encanta entrenar. Me satisfacen ambas cosas, cada una me llena a su manera y no sabría elegir», asegura. Por ese motivo, no siente que esté cerca el momento de colgar las botas. «Tengo casi 32 años y no veo ese momento. A nivel de horarios, me da tiempo, y físicamente, me veo bien, no es de esto que das pena o te pasa todo el mundo por encima. Así que no veo el final, no siento que tenga por qué dejarlo», analiza.

Además, a estas alturas, la veteranía es un plus. «En el fútbol femenino no hay esas categorías tan marcadas como en el masculino y puedo tener compañeras diez años más jóvenes», apunta. Ella, con su experiencia, sostiene que hay cosas que se «ven venir» y asume el papel de indicar a las jóvenes que «esto se hace así o de esta otra manera». Ha llegado a coincidir —aunque no a entrenar directamente— en las selecciones con chicas que luego han sido compañeras en el Sárdoma. «Cuando llegan y me conocen, me ven diferente, noto que no me hablan igual que a otra o me tienen más consideración», comenta preguntada si se siente un referente para esas chicas.

La faceta de seleccionadora gallega le ha dado otra perspectiva del crecimiento del fútbol femenino en Galicia, algo por lo que ha luchado durante toda su trayectoria. «Para todas las que llevamos años jugando y abrimos de alguna manera el camino, ver que hay el doble o el triple de niñas jugando que en nuestros inicios, que hay dónde elegir y que se organizan muchos más campeonatos es algo increíble», celebra.

Admite envidia sana de no haber podido vivir una infancia donde el fútbol femenino hubiera tenido el impacto actual, pero también tiene claro que la cosa no termina aquí. «Tenemos que inculcarles a las nuevas generaciones que lo tienen más fácil que hay que seguir haciendo camino. Que si nosotras no luchamos para que esto siga adelante, nadie lo hará», reflexiona. Añade que «tal y como está la sociedad» es importante hacerse fuertes y seguir dando pasos.

Ella nunca se ha encontrado trabas o situaciones incómodas por ser mujer en un mundo mayoritariamente masculino. «No tuve ningún episodio personal de falta de respeto por ser chica. Ni jugando con ellos de pequeña, que era uno más, ni entre compañeros como entrenadora. Como mucho, algún detalle de los que hay por sociedad», asume. Aunque sí ha visto «desplantes hacia alguna compañera».

Como entrenadora, disfruta tanto con niños como con niñas y también con las distintas edades después de haber pasado por todas las categorías base salvo la juvenil. «Quizás me decante más por los más pequeños porque se van viendo más los progresos que hacen. Aprenden muy rápido. Pero los mayores te exigen otras cosas y te hacen mejorar de otra manera», desgrana.

Esta temporada ejerce como segunda entrenadora del Infantil A del Celta. «Es un reto mayor. Todo está más profesionalizado, es metódico y se trabaja mucho», explica. Destaca que el nivel de los jugadores es altísimo y necesitas estar «con mil ojos, muy atenta» en cada entrenamiento. Por las mañanas trabaja en un centro educativo en Santiago y por las tardes, entrena como técnico y también como jugadora. «Con el Sárdoma tenemos una temporada ilusionante en la nueva categoría», valora.

A lo largo de su carrera, tuvo opciones de irse a jugar fuera, pero nunca se decidió. «Era apostar por algo incierto, dejar mi trabajo y mi casa y prioricé la seguridad», comenta. Siempre le han ido surgiendo oportunidades nunca se ha arrepentido. «No me veo sin entrenar ni sin jugar. Necesito contacto con el fútbol sí o sí».