«Los gallegos vemos la vida menos polarizados, con ironía y distancia»

VIGO

M.MORALEJO

Rodolfo Irago, periodista y exdirector de comunicación del PSOE, revela que Rubalcaba y Rajoy acabaron haciéndose amigos tras años de disputas

16 ago 2022 . Actualizado a las 18:56 h.

Sus oídos escucharon la fecha en la que ETA se iba a disolver antes de que se hiciese pública. Oyó los detalles de la abdicación de Juan Carlos I con anticipación al crujido informativo que generó la dimisión del rey. «Sabías cosas que no podías contar, era consciente de su trascendencia, pero no podía contarlas a nadie, ni a mi mujer, en la que confío a muerte», desvela Rodolfo Irago (Vigo, 1966) recordando la compleja etapa que vivió como jefe de comunicación del PSOE estatal en la etapa de Alfredo Pérez Rubalcaba y después en el grupo parlamentario del Congreso tras fraguar una carrera de 24 años en la Ser, en la que se abrió paso desde Ferrol hasta llegar a ser jefe de informativos de la cadena.

La pasión fue la que le llevó a ser periodista. Todo por el Celta, imaginándose hacer vibrar a una audiencia imaginaria con los carruseles radiofónicos que montaba de niño. Nunca llegó a hacer información deportiva, encaminándose a indagar en una realidad ciudadana más amplia y que desde pequeño observaba en los pasillos del supermercado-bar que su padre y tíos regentaron en el Vigo en expansión en la calle Toledo, en O Calvario y que hizo historia de barrio con el nombre de Los Chicos. «Acabó siendo un supermercado de los grandes y allí nacimos mis hermanos y yo», relata Irago recreando su entorno vital. «Tener una tienda condicionaba mucho. Mis padres estaban siempre atados a ella, sin vacaciones. Solo teníamos los domingos para ir a la playa, a O Vao. A la tienda le tenía entre manía y... no sé cómo decirlo. Pero acabas entendiéndolo», confiesa. Su padre había llegado con 16 años y lo puesto desde Melide. Sus padres le despidieron en el tren con la consigna de que no se bajase hasta que se parase definitivamente. «Eso será Vigo», le explicaron.

Rodolfo Irago se fue a Madrid a los 18 años, pero las vacaciones, la familia y el Celta le traen regularmente de vuelta. «El fútbol es algo que te une a la infancia y juventud, recuerdos felices, aunque felices con el Celta no son tantos», ironiza.

La ironía es justamente la llave maestra con la que identifica el ADN del periodismo gallego. «Tiendo a pensar que el carácter de los gallegos es bastante apropiado para el periodismo. Nuestra capacidad para ver las cosas con cierta distancia, con retranca, sin polarizarnos tanto como en otros sitios te facilita los análisis y la capacidad para explicar las cosas a la gente sin tomar partido ni tener que colocarse la camiseta de un grupo». En Galicia hay mayores dosis de ironía para analizar el mundo, viene a considerar en contraposición a lo que ocurre en Madrid. «¡Nada más salir de la M-30 el ambiente cambia tanto! Aquello es una olla que siempre está hirviendo», acuña Irago, que achaca las altas dosis de polarización actual a personalidades como las de Pablo Iglesias o Díaz Ayuso. «Informar desde posiciones de odios y amores es el fin del periodismo», añade.

Atribuye el surgimiento de un bum de periodistas gallegos en los años ochenta y noventa a que en parte «muchos crecimos contra Fraga o gracias a Fraga, porque era un reto y un desafío periodístico frente al gran control que ejercía». Desvela que en esa época él sufrió «algunas pequeñas sanciones, un tiempo sin hacer radio por criticar la contratación de Julio Iglesias como embajador del Xacobeo».

Rodolfo Irago hizo un viaje de ida y vuelta entre Madrid y Galicia. Tras una prueba en la central de la Ser fue destinado a Ferrol, siguió en Santiago y volvió a Madrid para convertirse en jefe de informativos de la cadena. Ahora, desde el análisis político que ejerce desde RNE y Telecinco y también con las orejas en alto disponibles para escuchar nuevos proyectos, estima que Alberto Núñez Feijoo, otro que ha hecho el viaje de regreso a la capital, «no se ha adaptado todavía al ambiente madrileño. El escenario le favorece mucho, las circunstancias también, tiene una imagen, discutible (recalca), de buen gestor, y el PP era consciente de que Casado no tenía capacidad», resume el horizonte del expresidente de la Xunta, no sin advertir que pese a darle incluso él mismo como derrotado, no se subestime a Pedro Sánchez.

Habla de sus años como director de comunicación del PSOE tras el relevo de Zapatero, como «truculentos y los más duros de su historia», aludiendo a la fractura interna que sufría. Avisa que él no volverá a plataformas semejantes. «Fueron años psicológicamente devastadores para mucha gente», agrega al aludir a la guerra interna que se abrió ante Rubalcaba, al que añade sin dudas a su grupo de amigos. «Estaba más pendiente del poso ideológico que de las citas electorales», mantiene, citándolo como la primera víctima de las fake news en España al atribuirle todas las conjuras y maniobras imaginables. «Era temido por la derecha por ser un hombre de Estado. Él y Rajoy acabaron haciéndose amigos», asegura «y con más citas de las que se conocen».

Álbum familiar

EN DETALLE

-Primer trabajo

-En la Ser en Ferrol, cadena en la que pasé la mejor etapa para un periodista, de becario a jefe de las redacciones de toda España.

-Causa a la que se entregaría

-Creo que sería necesario ayudar a la gente que cuida a nuestros mayores con enfermedades tan duras como el Alzheimer o el Parkinson; hemos tenido varios casos en la familia y los que cuidan sufren muchísimo.