El maestro de «pezqueñines» se tira a la piscina

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO

M.MORALEJO

José Manuel Pereira, monitor de natación experto en bebés, empezó con 21 años como profesor por horas en el gimnasio Arenal y 25 años después se ha convertido en el dueño del negocio tras vender su piso

12 nov 2021 . Actualizado a las 01:47 h.

A los 21 años, José Manuel Pereira Sienes estaba por segunda vez tratando de superar la selectividad para convertirse en veterinario. En su primer intento fallido no quería dedicar el año a prepararse mejor para la prueba de acceso a la universidad y aprovechó para formarse además como auxiliar de clínica. Pero por su vida se cruzaron otras cosas que le apartaron de ese camino y le condujeron hasta donde hoy está, llevando las riendas de un gimnasio en el que ha invertido todos sus ahorros. «Vendí mi piso para ello», revela. El vigués comenzó a trabajar primero como colaborador en 1995 y luego como empleado en el centro que entonces se llamaba Squash Areal y hoy Arenal a secas. En aquella época era voluntario en la Cruz Roja del Mar como socorrista en playas y en aquella piscina tuvo su primer empleo. «Iba un par de horas por semana y me sacaba unas pelillas», recuerda. Ese primer contacto con la actividad, que consistía en enseñar a nadar a los pequeños, le enganchó. «Me encantaba lo que hacía, a la gente le gustaba cómo me manejaba con los niños y cada vez me fueron dando más clases». Al cabo de tres años, que ya estaba a jornada completa, me fui a Zaragoza para formarme como especialista en natación para bebés y ya me quedé», resume.

El profesional es experto en natación infantil, sobre todo con bebés que a partir de los dos meses y medio pueden comenzar el aprendizaje a su lado «y si se adaptan bien, se quedan», explica. Sobre el tiempo que cada uno puede tardar en saber nadar depende del desarrollo de cada niño, pero cuantifica en año y medio el tiempo óptimo para ello. De todas formas, el monitor cuenta que «en el agua hago de todo: gimnasia, aquagym o natación para adultos y anteriormente fui profesor de spinning, aerobic, step o pilates para lo que también me formé. Lo único que no he dado nunca es zumba. Ya me pilla un poco fuera de edad para mover tanto la cintura. Es un palo que no tengo intención de tocar», ríe.

Desde sus comienzos en el Gimnasio Arenal ha pasado un cuarto de siglo y con él han aprendido cientos de niños en Vigo a moverse como pez en el agua. Pero no todo fluyó perfecto. Hizo un amago de irse a un centro deportivo de Tui al cabo de diez años. «Pudieron más los papás que me pedían que siguiera, que el afán de ganar más dinero», asegura. Años más tarde, cuando llegó la crisis, coincidió con la muerte de su madre, María Teresa, «y yo también entré en crisis», reconoce. Se marchó a Granada por amor y tras una larga temporada regresó a Vigo sin idea de volver al gimnasio. «Me puse a dar clases a niños por horas en otra piscina que terminó cerrando. A su vez, en Areal también les iba bastante mal y tenían la suya sin usar. El gerente se enteró y pensé que no me iba a rebelar contra el destino que me llevaba de nuevo allí», argumenta. Y regresó cual flautista de Hamelin, reabriendo la parte acuática con el grupo ya formado, el de los alumnos que se habían quedado colgados.