Un profesional recorriendo la banda

x. r. castro VIGO / LA VOZ

VIGO

XOAN CARLOS GIL

Cristian Vázquez, que comenzó en el arbitraje a los 15 años, alcanza la Primera RFEF como asistente

19 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Cristian Vázquez vino al mundo como un regalo de Navidad. Nació el 23 de diciembre de 1986 en Monforte, con sus padres de vacaciones, pero desde los dos meses de vida Vigo fue su casa y el arbitraje enseguida se convirtió en su pasión. Tanta, que a base de empeño acaba de ascender a Primera RFEF, la categoría que sustituye a la Segunda B, como árbitro asistente.

El joven nacido el día ante de la visita de Papa Noel llegó a la organización arbitral a los 15 años y siguiendo los pasos de la familia, algo habitual en el gremio. «Estaban meu pai e meus irmáns e por unha cuestión familiar, empecei. Foi arrancar e ata agora», recuerda de un modo nítido, igual que el primer partido que dirigió, en enero del 2004: «Foi un alevín de fútbol 11, que agora xa non existe, Matamá-Mondariz. Foi un partido tranquilo cun marcador abultado». Para entonces ya había tomado contacto con la realidad del estamento acompañando como línea a árbitros veteranos. «Para que nos familiarizásemos co campo e todo iso».

Y fue la línea de cal la que convirtió en su hogar en el mundo del arbitraje. En estos momentos, Cristian solo pita fútbol base, de juveniles para abajo, pero a cambio se ha convertido en árbitro asistente, mediante un ascenso, en la nueva tercera categoría del fútbol español. «É un paso máis e unha responsabilidade. Se os equipos teñen a súa, nós debemos ter a nosa e estar sempre ó 100 %. O mesmo que me pasou cando subín no seu día a Segunda B. É un gran cambio e os equipos que están aí na Primeira RFEF son claros candidatos a todo», resume.

Llegar a la novedosa categoría es un premio a una vida dedicada al estamento arbitral sin dejar de lado sus ocupaciones laborales como auxiliar administrativo. «Non vou a dicir que lle dedico as 24 horas do día porque teño o meu traballo, pero é unha parte bastante importante da miña vida, dedícolle moito tempo, moitas horas o día e xa non digamos cando estamos en competición», comenta.

Entrena cinco días a la semana (la delegación viguesa cuenta con un preparador físico que le pauta el trabajo), solo descansa un día, y además del trabajo físico, también tiene clase los jueves con los árbitros de categoría nacional. Para organizarse, tiene jornada continua en el trabajo y por las tardes se dedica a la práctica deportiva.

El vigués, aunque nacido en el Val do Lemos, vivió en primera persona los cambios experimentados por el estamento en los últimos tiempos. «Con respecto a cando eu empecei, a diferenza é abismal. Son perfiles diferentes de árbitros, a profesionalidade é total. Xa se ve que un árbitro é un deportista máis, igual de profesional que os xogadores de fútbol. O esforzo é incrible en cada partido».

Y aunque parezca mentira, y al igual que los jugadores, los árbitros echan de menos el público en los estadios. «Coa pandemia todo cambiou bastante co tema de protocolos, pero o máis importante é o tema do público, que é o máis visual e o que máis boto de menos. Eu falo por min».

Porque el estamento no ha escapado a los cambios -«o fútbol evolucionou moito e agora podes analizalo de mil formas diferentes. A tecnoloxía é un gran avance e o fútbol cambiou un 200 %»- y en la actualidad ya prepara los partidos como los profesionales del balón, con cientos de datos que le permiten anticiparse a lo que pueda pasar. «Cando sabemos os partidos que imos arbitrar temos un desglose dos equipos ós que imos. Cada equipo xoga a unha cousa, son perfís diferentes e tes que analizar todo: xogadores, táctica... desde a cousa máis insignificante á máis importante». Ya advierte que «ningún partido é igual, como ningunha xogada é igual», lo que echa por tierra el mito de comparar situaciones punibles.