Toda la Coral Casablanca va a misa

Begoña Rodríguez Sotelino
b. r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO

La formación solo puede ensayar al completo en la iglesia del Sagrado Corazón

17 jul 2021 . Actualizado a las 16:29 h.

Un joven sale del supermercado y escucha unas voces armónicas como hacía tiempo que no oía. Al pasar por delante de la iglesia del Sagrado Corazón, en plena calle Rosalía de Castro, se da cuenta de que los afinados están allí dentro. Y se acerca muy despacio, esperando no interrumpir ni hacer ruido con las bolsas. Asoma la cabeza, y delante de ella, adelanta la mano que agarra con el móvil apretando el botón de Rec, que graba cómo un hombre detrás de un atril, como si fuera el cura pero con batuta y vaqueros, da instrucciones agitando los brazos a un montón de feligreses cantarines: «Gira el mundo gira, en el espacio infinito, con amores que comienzan, con amores que se han ido, con las penas y alegrías de la gente como yo... El mundo... llorando ahora yo te busco...».

Entonces reconoce al falso párroco y se da cuenta de que esas voces son las laureadas gargantas de la Coral Casablanca y él su director, Óscar Villar, con muchos kilos menos.

Desde que el edificio del Mercantil pasó a manos del Real Club Celta, que era el hogar natural de la fundación Coral Casablanca en el salón regio de la calle del Príncipe, la formación musical pena como las doce tribus de Israel, por el desierto de los coros sintecho, tras la expulsión de sus tierras del Si bemol, como si los celestes fueran los babilonios que los condenaron al exilio eterno para enmudecer. Por ahora así es, y tras vagar alzando afinadas voces por varias casas de prestado, han hallado asilo con cierta estabilidad en otro club social y recreativo: el Náutico.