David Fernández Rivera, artista vigués: «No respeto a poetas de la superficie»

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO

XOAN CARLOS GIL

El artista vigués David Fernández Rivera edita un nuevo libro, «Libertad», con poemas visuales y fonéticos descargables con códigos QR

15 jun 2021 . Actualizado a las 23:13 h.

Cuando la poesía todavía era «peñazo de siempre», cuando no se había convertido en el nuevo bum que apasiona a miles de jóvenes lectores, David Fernández Rivera daba la turra sin descanso por las redacciones buscando quien le escuchara. El personaje prometía, ya que el joven de Teis tuvo el valor de publicar a los 20 años su primera antología que recogía sus mejores versos desde que empezó a escribir con 15. En aquel momento los incrédulos solo podían darle mucho ánimo y unas palmaditas en la espalda dada la determinación con la que expresaba su intención de dedicarse a la palabra como profesional y ganarse el pan.

Pero quince años después ahí sigue y puede afirmar con orgullo y pasión que sí, que vive de ello. «No voy a negar que no he pasado penurias económicas pero soy un romántico y prefiero morirme que dejar la poesía», reconoce el autor que ha dedicado estos últimos años no solo a la creación y a la realización de exposiciones y recitales, sino también a llevar la poesía visual a las aulas de primaria a través de talleres en colegios de la ciudad. Tras su libro-disco antológico Fractal y cinco años sin novedades, acaba de estrenar su nueva propuesta poética: Libertad, libro publicado por la editora madrileña Amargord y que aúna en un mismo volumen poesía verbal, visual, fonética y partituras gráficas.

«Vivimos en un mundo que llega más a las cosas desde la perspectiva audiovisual que desde la verbal, yo soy un poeta actual y quiero usar lenguajes de hoy, pero si me preguntan si lo hago con la voluntad de ser más accesible tengo que decir que no, que mi corazón me llevó a crearla. Para mi es más importante ser auténtico que llegar al público», afirma el poeta que en este último trabajo transgrede los géneros artísticos en los que ya no cree. «Etiquetar algo como escultura, pintura, poesía o danza, a día de hoy, en el siglo XXI, carece de sentido. Hay poesía sonora, fonética, visual y de todo tipo. Las artes confluyen como confluye la música con la palabra o la palabra con la ilustración o la imagen», explica. El vigués lo ejemplifica: «Yo hago poesía visual, pero si un crítico ve mi obra y dice que es pintura minimalista, pues a lo mejor tiene razón, pero aquí prepondera la opinión del autor y yo solo hago poesía»

Otro ejemplo de la fusión de las fronteras es la pieza de su obra como Iceberg, una obra a cuatro voces que ya no quiere llamar música sino arte sonoro, que combina textos de poesía fonética con partituras gráficas y cuya cuarta voz, formada exclusivamente por una partitura, fue estrenada con piano y sintetizador.

David dice que no se siente identificado con la poesía que están haciendo ahora escritores jóvenes y leen lectores jóvenes también. «Unos dicen que rompen moldes, pero para romper moldes hay que conocerlos. A mi me interesa la poesía que consigue llegar a la profundidad del ser humano y en mi opinión la instapoesía de consumo es de baja intensidad, son poetas de la superficie, es más una proyección del vacío que de lo auténtico y no lo respeto como no respeto los programas de telebasura».