La guerra de los furanchos, al juzgado

Monica López Torres
mónica torres REDONDELA / LA VOZ

VIGO

Oscar Vázquez

El sector defiende su legalidad ante la denuncia de hosteleros de Redondela

10 jun 2021 . Actualizado a las 01:53 h.

La guerra entre hosteleros y furanchos se recrudece este año tras el impacto de una pandemia que recorta a todos clientes y actividad mientras multiplica gastos en medidas sanitarias. Sin embargo, las dos partes del conflicto apuntan a un mismo culpable. Cerca de un centenar de propietarios y trabajadores de bares y restaurantes del Redondela, Soutomaior, Vigo y Mos se concentraron el lunes para denunciar lo que consideran una «competencia desleal» y exigir «feitos e non palabras», de las administraciones con competencias. Veinticuatro horas después, son los representantes de este colectivo quienes respaldan la petición de un mayor control de la actividad.

«El conflicto no es de ahora y todo viene por la falta de control de los concellos. Si hicieran esos controles como se debe, se acabarían los dimes y diretes», defiende José Luis Videira, con más de quince años gestionando furanchos. Tanto él como el presidente de la federación de furanchos de la provincia de Pontevedra, Guillermo Martínez, destierran la manida expresión de competencia desleal «porque es una actividad regulada por un decreto de la Xunta, inscritos en un registro y con una licencia que hay que renovar cada año».

Los hosteleros consideran que ha de intervenir la justicia y, tras la concentración convocada por la asociación Rías Baixas, anunciaron que emprenderán acciones judiciales «para loitar polos dereitos dos hostaleiros coa lei na man. Denunciaremos todas as licencias irregulares».

La tensión es palpable pero el sector de los furanchos se muestra seguro. «La prioridad es que se fiscalice cualquier negocio que no cumpla la ley y somos los más interesados en que se denuncie a quien no lo haga», insiste Guillermo Martínez. «Hay infiltrados en todos los sectores, tanto en la restauración como en los furanchos. Hay gente que coloca loureiros en las puertas para disimular, pero no son ni furanchos ni taperías y dan las comidas que quieren», advierte Videira e insiste en que «lo que queremos es que los concellos fiscalicen la actividad».

Argumentan que son una oferta más, «una figura turística porque ya se conoce la existencia de los furanchos hace siglos», y que toda actividad reglada es compatible. «El cliente es el que decide a dónde quiere ir, nosotros no tenemos una caña de pescar para atraerlos. Queremos mantener la tradición y, si la gente quiere traer la comida de su casa mejor», señala Videira. Destaca que para poder tener actividad han de pasar varios filtros. «Los viñedos han de están registrados en la Xunta, declarar la uva recogida y también los litros de mosto y, después, los de vino sobrante, que son los únicos que se pueden comercializar. Hemos de tener un seguro a terceros, elegir cinco de las once tapas registradas en el Concello, una memoria de dónde y cómo vas a distribuir el vino y las analíticas», enumera. Asegura que cumplen todas las medidas sanitarias, mientras que los hosteleros lo cuestionan y piden «o memo trato» a la hora de inspeccionar los locales.

En Redondela hay abiertos alrededor de cuarenta furanchos y, según la federación provincial, la campaña se ampliará, al igual que se hizo el año pasado, hasta el 31 de julio para paliar los efectos del covid.