«Me dan las gracias por divertirles, la gente está muy estresada por el covid»

e. v. pita VIGO / LA VOZ

VIGO

Oscar Vázquez

Julio Casal, oficial de la Policía Local, publica la comedia «Jesús, qué lío», en la que un impostor loco y una agente temeraria comparten coche patrulla y protagonizan todo tipo de peripecias

09 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Muchos escritores de Vigo han apostado por la novela negra (La playa de los ahogados, Vicus, A ira dos mansos, Infamia). El último ejemplo ha sido el agente de atestados Ismael Rodríguez, que en marzo lanzó el thriller El precio de dos vidas, del que planea rodar una película. Paradójicamente, ahora el oficial de la Policía Local Julio Casal Piñeiro (Vigo, 1964) juega a una carta distinta: la comedia. En su novela Jesús que lío, este vecino de Cabral narra las alocadas aventuras de dos patrulleros: un fumigador loco que suplanta personalidades y una agente de gatillo fácil. Viven un fogoso romance mientras luchan contra bandas.

Este bum de nuevos autores en Vigo, dos de ellos policías, coincide con la distribución de libros a través de Amazon, lo que abarata el coste de edición y dispara la difusión y ventas. «Mis libros se imprimen en Polonia o Alemania, según llegan los pedidos, y el lector los recibe en Vigo en tres días. No necesitas lanzar una gran tirada, se imprimen según se venden», dice Julio Casal.

Casal escribió sobre kunfú aplicado a la defensa policial y conoce al dedillo el mundo de los patrulleros tras tres décadas en el cuerpo. A sus 56 años, dirige la unidad EMIT, responsable de la vigilancia del transporte infantil. Pasó 15 años en la unidad de medioambiente (UMIR). Por turno, dirige a veces la centralita del 092. A pesar de su profesión, este autor eligió el humor y no el género noir, tan de boga tras el éxito de los novelistas nórdicos. «Esta comedia trata de la historia de Jesús, un fumigador que sufre un trastorno mental que le lleva a suplantar a otras personas», explica su escritor.

En 400 páginas, Julio Casal narra las meteduras de pata, persecuciones, escenas de sexo y líos de estos patrulleros políticamente incorrectos que están enamorados y que se enfrentan a una banda de peligrosos atracadores.

El autor garantiza sonrisas en un momento en el que se atisba la vuelta a la normalidad y la postpandemia. «Muchos me dan las gracias por hacerles pasar unos momentos divertidos porque la gente está muy estresada por el covid. Hay demasiada novela negra, ahora toca reír. Lo noto en la calle, la gente está triste y, como dijo Víctor Hugo, hacer reír es hacer olvidar. Llevaba tres años con el libro y con la pandemia me animé a publicarlo», explica.

La novela Jesús que lío no está ambientada en ninguna localización real. «No hay referencias a ninguna ciudad del mundo, es un tema universal. Y no menciono la pandemia para nada», aclara.

El relato presenta al protagonista Jesús como un impostor que finge ser el director de cine Rony Ballesteros. Aprovecha que el millonario está de vacaciones mientras él fumiga su mansión para lucir su batín con las iniciales RB y contratar los servicios de una prostituta de lujo. Nada más llegar, la bella señorita de compañía estrena el yacuzzi. El jaleo se ve venir: el dueño de la casa y su esposa adelantan el regreso y pillan a los okupas. En una escena desternillante, la joven sale del yacuzzi y confunde a la enojada mujer del director con una criada y le pasa la toalla para que le cubra su cuerpo lozano mientras vocea coqueta: «Rony, ya voy».

La trama sigue en la comisaría. En los vestuarios, Jesús se topa con un novato que, en su primer día de trabajo, deja su taquilla abierta porque acaba de ser padre y se va corriendo a la maternidad. El impostor Jesús viste su uniforme y sale a patrullar con su compañera, Sonia, de armas tomar. Jesús no sabe disparar y ella se queja de lo blandengues que salen los novatos de la Academia. «Sonia no le tiene miedo a nada y él está loco, se meten en muchos líos. En Amazon recibo buenas críticas», explica.